Una investigación de The New York Times revela que el caso de Jeffrey Epstein desató una profunda crisis en la Casa Blanca de Donald Trump, llevando a reuniones de emergencia para controlar un escándalo que afectaba directamente al presidente. La situación generó una fuerte división entre los asesores y la base de apoyo, quienes debatían sobre la transparencia en la divulgación de documentos y sus posibles repercusiones políticas.
Una información exclusiva publicada por The New York Times expone que la controversia alrededor de los registros de Jeffrey Epstein escaló hasta provocar encuentros de alto nivel en la Sala de Situación de la Casa Blanca. En estas reuniones, los principales consejeros de Donald Trump intentaron manejar un escándalo que no solo afectaba a su administración, sino que también comprometía directamente al propio presidente.
Según el informe, la tensión se intensificó después de que el Departamento de Justicia y el FBI declararan que no existía una "lista de clientes" de Epstein. Esta conclusión desató la indignación entre sectores de la base MAGA, a quienes se les había prometido durante años la revelación de supuestos nombres de individuos influyentes vinculados al caso.
El artículo señala que el vicepresidente JD Vance habría presionado internamente para hacer públicos la mayor cantidad posible de documentos, incluso aquellos que mencionaran a Trump. Su argumento era que la transparencia podría prevenir un daño aún mayor. Sin embargo, otros consejeros temían que la divulgación de archivos sin un contexto adecuado reactivara acusaciones no verificadas y exacerbara la crisis.
La situación se complicó con informes sobre la relación previa entre Trump y Epstein, incluyendo viajes en el avión privado del financista y menciones del presidente en miles de páginas de documentos. Trump ha rechazado haber cometido cualquier irregularidad y ha calificado el tema como una maniobra política en su contra.
La exclusiva también describe fuertes desacuerdos internos entre figuras clave del gobierno, incluyendo tensiones con Pam Bondi, Kash Patel y Dan Bongino, quienes enfrentaron críticas de la propia base conservadora por la gestión del caso. Para algunos dentro del círculo cercano de Trump, el asunto Epstein dejó de ser una teoría marginal para convertirse en un problema político de gran magnitud.
Aunque la Casa Blanca intentó dar por cerrado el capítulo, el caso continuó desarrollándose. La presión bipartidista en el Congreso finalmente impulsó la aprobación de una ley que exigía una mayor transparencia sobre los archivos Epstein, a pesar de las resistencias iniciales del entorno presidencial.
El aspecto central de la investigación del NYT es que Trump, acostumbrado a superar crisis políticas mediante negaciones y ataques, encontró en el caso Epstein un problema mucho más difícil de controlar. Este asunto dividía a su propia base de apoyo, comprometía a figuras de su gobierno y mantenía viva una pregunta que sus seguidores también demandaban responder: qué más quedaba por descubrir.