La práctica de dedicar tiempo a la lectura parece disminuir entre aquellos inmersos en el mundo digital. Aunque los formatos de lectura han evolucionado hacia lo digital, surge la interrogante sobre si esto se traduce en un mayor compromiso con los libros o si otras formas de entretenimiento están desplazando esta actividad. Este análisis explora los hábitos de lectura actuales y la persistencia de este pasatiempo en la vida cotidiana.
Tomar un ejemplar y dedicar algunos momentos del día a leer parece ser una costumbre cada vez menos común para algunas personas, especialmente entre quienes pasan gran parte de su tiempo frente al teléfono, las redes sociales y otras plataformas digitales. La lectura, que por muchos años estuvo ligada principalmente a los volúmenes impresos, también ha modificado su presentación. Hoy es posible acceder a novelas, relatos, investigaciones y otros materiales desde un dispositivo móvil, una tableta o un lector electrónico. Sin embargo, tener acceso a los libros en formato digital no implica necesariamente que las personas estén leyendo más. El desafío consiste en determinar cuánto tiempo dedican actualmente a esta actividad y si la lectura ha sido reemplazada por otras formas de ocio.
En medio de jornadas laborales cada vez más exigentes y de una existencia marcada por el movimiento constante, algunos lectores afirman que aún buscan pequeños intervalos para conservar esta costumbre. Durante el trayecto en el transporte público, en la hora del almuerzo o incluso antes de dormir, hay quienes aprovechan unos 30 minutos para avanzar algunas páginas y desconectarse, aunque sea por un instante, de la rutina diaria. Para entender cómo ha cambiado este comportamiento, N Digital consultó a ciudadanos sobre sus costumbres de lectura, preguntándoles con qué frecuencia leen, cuánto tiempo dedican a esta actividad y qué formato prefieren.
Un ejemplo es Stiven Díaz, quien asegura que aprovecha algunos minutos de su jornada para dedicar tiempo a la lectura. Explicó que suele leer libros en formato PDF desde su computadora, principalmente textos de contenido cristiano, como una manera de aprovechar esos espacios y mantener el hábito. Por su parte, Celinel Rodríguez explicó que prefiere los libros impresos porque le permiten desconectarse de las pantallas. Señaló que suele interesarse por temas de desarrollo personal y educación financiera, y que durante el año ha leído más de seis libros, además de invertir más de 5,000 pesos en la adquisición de ejemplares. Mientras que, para otros, la lectura simplemente no forma parte de sus hábitos. Prefieren dedicar su tiempo libre a salir, compartir con amigos o realizar otras actividades, por lo que aseguran que nunca han apartado parte de su rutina para sentarse a leer un libro.