Óscar Puente, exministro de Transportes, ha impulsado un complejo debate sobre la expansión de la red de alta velocidad en España, cuestionando la insistencia de ciudades y regiones por estas infraestructuras sin considerar los costes ni criterios unificados. Sus declaraciones, que abordan el uso político de la alta velocidad y la demanda de soterramientos, se produjeron justo antes de que anunciara su dimisión, dejando un tema crucial sobre la mesa en un momento delicado para el transporte ferroviario.
Óscar Puente ha provocado un debate significativo al dejar el Ministerio de Transportes, enfocándose en uno de los temas más complejos y sensibles en España: la expansión de la red de alta velocidad. O, más precisamente, la obsesión de las ciudades y regiones españolas por tener trenes de alta velocidad sin considerar los costes ni buscar criterios comunes. Puente inició esta discusión el día anterior a que se hiciera pública su dimisión ante la Comisión Permanente del Congreso de los Diputados. Él se marcha, pero el debate que planteó en un momento crítico para la alta velocidad permanece.
Óscar Puente no solo fue el titular del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible durante tres años, sino que para muchos también representó una figura polémica y elocuente del Gobierno de Pedro Sánchez. Como un político dispuesto al debate y muy activo en redes, encadenó varias controversias desde que asumió su cargo a finales de 2023. Recientemente, durante una extensa rueda de prensa posterior a un Consejo de Ministros que aprobó un plan para "optimizar la seguridad" ferroviaria tras un accidente, Puente hizo gala de su perfil, abordando directamente el espinoso tema de la expansión de la alta velocidad en España y el uso político que se le ha dado a esta infraestructura en los últimos años.
Sus declaraciones pueden resumirse fácilmente: Puente advirtió que en España, todos quieren líneas de alta velocidad en su comarca y, además, exigen que la infraestructura sea soterrada, sin establecer criterios comunes previos. Señaló que esto resulta en un coste multimillonario para las arcas del Estado. La reflexión de Puente surgió de una pregunta sobre la ampliación de la red ferroviaria y cómo se ha gestionado en España. Su respuesta fue contundente: "¿Hay alguien en este país que haya estado dispuesto en algún ámbito territorial a renunciar a la alta velocidad (AV)? ¿Hay alguien que no alce el grito si no se lleva la AV a su territorio? ¿Hay algún responsable político, no voy a entrar en signos, que no presione al máximo para que la AV llegue a su territorio? Y si no llega, ¿no convierte eso en una herramienta política de primer orden?", comenzó el exministro. "Analicen la historia de este país, los últimos 20, 30 años. Si no tienes AV no eres nadie. Si no tienes AV no se te trata como mereces. Esta palabra la oigo hasta la saciedad".
Puente añadió: "Sinceramente, creo que este es un debate que nos concierne a todos porque no es ni de un partido ni de un responsable político, creo que es un debate de la propia sociedad". Continuó: "Como los soterramientos, por cierto. Todo el mundo quiere el tren soterrado al paso de su ciudad. ¿Cuánto vale soterrar los trenes? Hay un cálculo aproximado, no actualizado, de que los protocolos de soterramiento de ferrocarril en toda España tienen un coste de 40.000 millones de euros. Echen ustedes cuentas. Pero aquí todo el mundo quiere el soterramiento. Y si no lo hay es que tu ciudad es de segunda división. Y lo hablo yo por la mía", concluyó Puente, quien fue alcalde de Valladolid hasta junio de 2023.
El contexto es crucial en este caso. Puente compareció después de un Consejo de Ministros donde la seguridad ferroviaria fue un tema central. La reunión se celebró una semana después de un accidente que implicó a un tren AVE y un Iryo, dejando decenas de heridos y 69 fallecidos. Este suceso, ocurrido nueve meses después de otro siniestro en la red Madrid-Andalucía (46 muertos), ha marcado los últimos días del Gobierno y, en particular, la gestión de Puente. Desde el accidente, se sucedieron las voces que pedían la dimisión o cese de Puente, máximo responsable de Transportes. Las presiones llegaron tanto del PP y Vox como de socios del Ejecutivo. Durante días, Puente rechazó la idea de dejar el cargo, pero después de la conferencia matinal y una extensa comparecencia en el Congreso, hizo lo contrario.
Esto significa que, en teoría, al responder a las preguntas de la prensa, Puente ya sabía que le quedaban solo unas horas en el cargo. De hecho, se ha informado que el ministro decidió dimitir justo después del accidente (el miércoles 28 de octubre), aunque lo mantuvo en secreto hasta la tarde del día siguiente. Con esta información, la parte final de la respuesta de Puente a los periodistas cobra especial relevancia. Después de lamentar que en España se rechacen las integraciones ferroviarias más sencillas, considerándolas de "pobres", a pesar de ser la opción elegida por "ciudades ricas" como Zúrich o Burdeos, abogó por una reflexión profunda sobre el debate de fondo.
"Nosotros tenemos que tener soterrado el tren por todas partes. Y en esa espiral social en la que nos hemos visto envueltos los últimos 30 años hemos tomado decisiones que puede que hayan sido equivocadas. Yo no responsabilizaría a nadie [...]. Creo que es una cuestión de pedagogía social y de dirigirnos hacia una sociedad adulta que entienda que los recursos son finitos, que establezca reglas que impidan las discriminaciones. ¿Por qué no hubo un criterio general que sirviera para todos? ¿Por qué es tan difícil hacer política para adultos en nuestro país? Yo lo dejo ahí", concluyó Puente, quien confesó hablar "casi a modo de desahogo".
Más allá de estar de acuerdo o no con las reflexiones del extitular de Transportes, hay un hecho innegable: España posee una de las redes ferroviarias de alta velocidad más grandes del mundo. En longitud (kilómetros medidos en 2021), es la segunda más extensa, solo superada por China. Tras los accidentes de Angrois (2023), Adamuz (enero) y Urda (octubre), nuestro país ostenta ahora otro récord: concentra más de la mitad de las víctimas mortales registradas en la historia de la alta velocidad, si bien el peor siniestro hasta la fecha sigue siendo el ocurrido en Eschede (Alemania) en junio de 1998, que dejó un trágico saldo de 101 fallecidos.