Europa estrena su mayor planta de captura de carbono en Países Bajos ante la urgencia climática

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Ante la inminente superación del límite de calentamiento global de 1,5ºC establecido en los Acuerdos de París, la captura de carbono emerge como una solución crucial. Países Bajos ha inaugurado la planta de captura de CO2 más grande de Europa, un paso significativo en la estrategia para mitigar el impacto de las emisiones, especialmente de industrias con pocas alternativas "verdes". Este proyecto busca aspirar grandes cantidades de dióxido de carbono directamente de las fuentes de emisión.

Si la reducción drástica de emisiones de carbono a la atmósfera no es suficiente, es imperativo recurrir a estrategias alternativas. Los Acuerdos de París establecieron que la humanidad no debía superar un calentamiento global de 1,5ºC. Actualmente, este calentamiento ronda los 1,4ºC, lo que indica que el "presupuesto de carbono" se está agotando. La era de la inteligencia artificial y la continua dependencia de los combustibles fósiles complican la perspectiva de un futuro sostenible, por lo que la solución para disminuir el CO2 atmosférico se centra cada vez más en la captura de las emisiones ya generadas. Esto equivale a conectar una aspiradora de proporciones gigantescas a las fuentes de carbono, y en Países Bajos se acaba de poner en marcha el "purificador de aire" más potente de Europa.

La gran aspiradora europea de CO2 se inauguró esta semana en la fábrica de fertilizantes de Yara en Sluiskil, Países Bajos. Esta instalación es la más grande de su tipo en Europa y forma parte de un proyecto transfronterizo diseñado para capturar y licuar aproximadamente 800.000 toneladas de CO2 al año, proyectando un total de 12 millones de toneladas en los próximos 15 años. Estas 800.000 toneladas representan el 0,5% de las emisiones anuales de Países Bajos.

La ubicación junto a una fábrica de fertilizantes no es aleatoria. La producción de amoníaco convencional requiere gas natural como fuente de energía y materia prima, y durante el proceso de producción de hidrógeno para el amoníaco, se liberan grandes volúmenes de dióxido de carbono. Con la nueva instalación, este CO2 se atrapará durante la producción de amoníaco y no se liberará a la atmósfera. El aspecto transfronterizo del proyecto implica que, una vez capturado el CO2, la empresa noruega Northern Lights lo transportará en barco a un yacimiento geológico submarino en Noruega, en un acuerdo a 15 años que prevé almacenar alrededor de 12 millones de toneladas de dióxido de carbono. Los viajes serán constantes, con dos barcos semanales que transportarán 7.200 toneladas cada uno.

Literalmente, el problema se está enterrando a 2.600 metros de profundidad en el Mar del Norte. Sin embargo, como ha señalado el Comisario Europeo de Acción Climática, Wopke Hoekstra, "nos estamos moviendo a un mundo de 1,8ºC" y proyectos como el de Sluiskil son necesarios. De hecho, Hoekstra afirma que "es el primero y Europa necesitará muchos, muchos más de estos", lo que sugiere que en los próximos meses veremos más centros de captura de carbono entrar en funcionamiento como un paliativo para el profundo daño que se está causando al planeta.

Para 2030, Europa tiene el objetivo de desarrollar plantas capaces de capturar al menos 50 millones de toneladas anuales. Existe una crítica a esta estrategia, ya que si se priorizan las formas de capturar carbono en lugar de desarrollar fuentes alternativas, se podría prolongar la producción de combustibles fósiles con la promesa de una futura captura de emisiones. Aunque no es la solución óptima, en el escenario actual y con industrias como la de los fertilizantes, cemento y acero, cuyas variantes más "verdes" están en etapas iniciales, la captura de carbono parece ser la única salida viable en este momento.