La selección austriaca, en su regreso a un Mundial después de casi tres décadas, logró una victoria ajustada por 3-1 contra Jordania. El equipo jordano, debutante en la competición, presentó un desafío mucho mayor de lo esperado, poniendo en aprietos a los centroeuropeos a pesar del resultado final. Este encuentro destacó por la tenacidad de los recién llegados y la resistencia de Austria para asegurar el triunfo.
La escuadra de Austria cumplió con las expectativas, aunque con muchas más complicaciones de las anticipadas, y celebró su retorno, veintiocho años después, a la fase final de una Copa del Mundo. Se impuso este miércoles por tres goles a uno a Jordania, que generó a los europeos más dificultades de las que el marcador definitivo reflejó.
Animado, quizás, por el sorprendente empate sin goles que Cabo Verde consiguió frente a la campeona de Europa, España, el equipo jordano, otro participante primerizo en una Copa del Mundo, mostró su intención de continuar con la sorpresa de los equipos menos conocidos.
Esto resultó algo más sencillo al contar con un futbolista como Mousa Al-Tamari, quien dejó de lado las discusiones con su entrenador acerca de la ubicación de la línea de presión y se concentró en lo que mejor sabe hacer: aparecer constantemente por todo el frente de ataque.
Sin embargo, si la rapidez del extremo del Rennes francés no sorprendió a nadie, más inesperada fue la audacia del joven Odeh Fakhoury, quien a los diecisiete minutos estuvo cerca de inaugurar el marcador con un potente tiro desde fuera del área, obligando al portero austriaco Alex Schlager a realizar una destacada intervención.
Nada pudo hacer, no obstante, el guardameta jordano Yazzed Abu Laila para evitar que cuatro minutos después, en el minuto veintiuno, el mediocampista Romano Schimd estableciera el uno a cero con un formidable derechazo desde la media luna del área.
Un gol que, lejos de intimidar al conjunto jordano, impulsó a los dirigidos por el marroquí Jamal Sellami a avanzar y tomar el control del partido frente a una Austria que, a pesar de su ventaja en el marcador, nunca se sintió cómoda.
De hecho, Jordania tuvo antes del descanso dos oportunidades claras para igualar el partido, pero a los veintidós minutos el travesaño impidió que el cabezazo de Ali Olwan terminara en gol, y en el minuto treinta y cuatro fue el portero Schlager quien detuvo el remate del delantero jordano.
No obstante, nada ni nadie pudo evitar que, al tercer intento, el atacante árabe finalmente lograra introducir el balón en la portería, igualando el marcador a uno a los cincuenta minutos, al culminar un veloz contraataque con un disparo potente y preciso.
Ante este escenario inesperado, el entrenador austriaco Ralf Rangnick intentó revertir la situación con un triple cambio, sumado al que ya había realizado justo después del descanso con la entrada de Marko Arnautovic al campo de juego.
El delantero del Estrella Roja no tardó en confirmar su reputación de goleador al aprovechar una mala salida del portero Abu Laila tras un saque de esquina para anotar el dos a uno a los sesenta y ocho minutos.
Este gol no fue validado en el marcador después de que las imágenes de vídeo confirmaran que el jugador austriaco Stefan Posch había tocado el balón con la mano antes de pasarlo a Arnautovic.
Pero ya nada podía detener a Austria, que, a los setenta y siete minutos, volvió a explotar las deficiencias de Jordania en el juego aéreo con otro centro lateral que Yazan Alarab, uno de los jugadores destacados del equipo árabe, introdujo en su propia portería, poniendo el marcador dos a uno.
Una acción desafortunada que pareció aniquilar las esperanzas de una Jordania que, cada vez más exhausta, concedió en el tiempo de descuento todo lo que no había permitido durante el resto del encuentro. Austria aprovechó esto para ampliar su ventaja en el marcador con un gol de penalti superados los cien minutos de juego.