Diez años después de conquistar la primera medalla de oro olímpica para Puerto Rico en los Juegos de Río 2016, la extenista Mónica Puig compartió sus sentimientos, admitiendo que aún le cuesta comprender la magnitud de aquel momento. La atleta rememoró la importancia de su victoria, que paralizó a la isla y marcó un antes y un después en su carrera y en la historia deportiva puertorriqueña.
La extenista Mónica Puig, oriunda de Puerto Rico, manifestó este jueves, al cumplirse una década de haber otorgado a su país la primera medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016, que todavía le resulta "difícil de comprender" la trascendencia de aquel suceso histórico para la nación. "Resulta complicado creer que diez años hayan transcurrido desde aquel día inolvidable. En ocasiones, parece que fue ayer, y en otras, se siente como un recuerdo distante", expresó Puig a través de una publicación en su perfil de Instagram, acompañada de varias imágenes de ese momento.
Subrayó que "toda" su existencia había soñado con ser medallista de oro en las Olimpiadas y que representar a Puerto Rico el 13 de agosto de 2016 "en el escenario deportivo más grande del planeta significó TODO para mí". Puig, quien en ese entonces ocupaba la posición 34 en el ranking mundial, logró la proeza más destacada que un deportista puertorriqueño había conseguido hasta ese instante, al coronarse en la categoría individual del tenis femenino tras vencer en tres sets a la segunda clasificada del mundo, la alemana Angelique Kerber.
"Las circunstancias se alinearon en aquel día perfecto y mi aspiración más improbable se hizo realidad. A veces, aún no puedo creerlo y podría sonar descabellado decirlo, pero sigue siendo un instante de 'pellízcame, esto no puede ser cierto'", recordó Puig en su mensaje actual. Literalmente, Puerto Rico se detuvo para ser parte de la historia, e incluso ceremonias religiosas, específicamente varias misas católicas, se retrasaron porque los propios sacerdotes seguían el partido en sus teléfonos móviles.
Incluso, un encuentro benéfico de baloncesto para un niño puertorriqueño, en el cual participó el baloncestista y exolímpico boricua Carlos Arroyo, se detuvo para que todos los presentes y aficionados pudieran presenciar el duelo Puig-Kerber y posteriormente festejar la victoria. "Todas las narrativas, cada instante, todas las fotografías y las remembranzas. Simplemente fue la semana más asombrosa de mi trayectoria profesional. Han pasado diez años, pero quedará inmortalizado en la historia para siempre. Gracias Puerto Rico, gracias Río, gracias tenis", concluyó Puig su publicación.
Con la presea de Puig, Puerto Rico acumuló en ese momento ocho insignias olímpicas, siendo la primera en Londres 1948; seis de ellas en boxeo, junto con la de bronce de Javier Culson en los 400 metros vallas y la plata del luchador Jaime Espinal, ambas obtenidas en Londres 2012. La primera distinción ganada por un puertorriqueño la consiguió Juan Evangelista Venegas en Londres 1948, seguidas de Orlando Maldonado en Montreal 1976, Luis Francisco Ortiz y Aristides González en Los Ángeles 1984, Aníbal Acevedo en Barcelona 1992 y Daniel Santos en Atlanta 1996.
No obstante, después del oro olímpico de Puig, la isla sumó otra presea dorada en Tokio 2020, cuando Jasmine Camacho-Quinn ganó los 100 metros vallas. Tras esa medalla, Camacho-Quinn añadió un bronce en París 2024, donde también el luchador Sebastián Rico obtuvo bronce en los 60 kilos.