El presidente de la Comisión Electoral Central de Israel solicitó una investigación sobre una posible injerencia extranjera en las recientes elecciones parlamentarias. Esta petición surge en medio de acusaciones de la oposición contra el primer ministro Netanyahu, quien supuestamente busca deslegitimar los resultados electorales, especialmente aquellos que favorecen a los partidos árabes.
El juez Noam Sohlberg, quien preside la Comisión Electoral Central (CEC) de Israel, envió una carta al jefe del Shin Bet (servicio de inteligencia interior), David Zini, pidiendo que se investiguen alegaciones de una posible "intervención foránea" en los comicios parlamentarios del martes. "Aunque no puedo confirmar la veracidad de estas sospechas, considero que, al involucrar a entidades de otros países, existe la obligación de examinarlas exhaustivamente", afirmó Sohlberg en la misiva, a la cual EFE tuvo acceso.
Tanto el partido Likud de Benjamín Netanyahu como Yashar!, del opositor Gadi Eisenkot, se han unido a la solicitud de investigación. Según reportes periodísticos, las sospechas se centran en la posible inyección de fondos desde Catar con el objetivo de aumentar la participación de votantes en las comunidades árabes de Israel.
El Likud rápidamente etiquetó estas sospechas como el "Raamgate" (en alusión al partido árabe Raam) y declaró que "la participación de entidades extranjeras —que intervinieron y sobornaron a electores para beneficiar a los partidos árabes— representa un suceso de una gravedad inédita".
"Ahora que se ha revelado que grupos extranjeros intentaron controlar el Knéset, resulta claro que ningún partido sionista puede colaborar con Raam o con la Lista Conjunta (el otro partido árabe), ni remover al presidente del Knéset mediante votos comprados con efectivo, ni formar un gobierno que ponga en peligro a Israel", añadió el Likud.
El partido de Netanyahu sostiene que el incidente es "un ataque a la democracia cuyo propósito es lograr que extranjeros tomen el control del Knéset, islamizar Israel y derrocar al gobierno de derecha".
Por su parte, el opositor Eisenkot manifestó en un comunicado que "el Estado de Israel debe proteger rigurosamente la integridad de los comicios ante cualquier intento de injerencia, maniobra política o favoritismo, y debe investigar a fondo toda denuncia", sin que esto altere la fecha programada para la toma de posesión del Knéset (Parlamento).
Poco después de que la carta se hiciera pública, el presidente del partido Sionismo Religioso, Bezalel Smotrich, escribió en X que los líderes de los partidos árabes "deben ser investigados por el Shin Bet hoy mismo", y agregó que "el Estado de Israel no será vendido al islam radical con dinero del terrorismo".
Además, el colono y exconvicto por terrorismo judío, Itamar Ben Gvir, líder del partido Poder Judío, solicitó la detención "de los dirigentes de los partidos árabes" sospechosos, incluyendo "elementos de los Hermanos Musulmanes y sus ramificaciones, siempre que exista una base legal para su arresto".
El opositor Eisenkot acusó el jueves a Netanyahu de planificar una estrategia para deslegitimar los resultados electorales, tras las imputaciones del Likud sobre un supuesto fraude electoral a favor de las formaciones árabes. El objetivo de esta operación sería, según el líder opositor, posponer la publicación de los resultados y "crear una deslegitimación ficticia" del funcionamiento del próximo Parlamento israelí, que jurará sus cargos el 10 de noviembre.
En la misma línea, Sami Abu Shehadeh, presidente del partido árabe Balad, denunció que el primer ministro israelí busca construir una narrativa para rechazar los resultados electorales y advirtió, en un comunicado, que no se debe "permitir que la derecha robe estas elecciones".
El Likud afirmó haber presentado "cientos de testimonios y pruebas" ante los servicios de seguridad y la CEC en relación con presuntas irregularidades, entre las que menciona "miles de sobres" que, según su versión, contenían "dinero en efectivo junto con papeletas del partido Raam" (formación árabe que obtendría 8 escaños, según los últimos datos del escrutinio).
No obstante, la Policía de Israel desestimó la acusación del Likud de que los partidos árabes estaban intentando "robar las elecciones". "No hay pruebas que lo respalden. La jornada electoral transcurrió con muy pocos incidentes que afectaran la integridad del proceso, incluso en comparación con elecciones anteriores", declaró una fuente policial en un comunicado a la prensa israelí.