Prichard Colón, una prometedora figura del boxeo puertorriqueño, sufrió una lesión cerebral devastadora durante un combate en 2015 que cambió drásticamente el curso de su vida. Tras casi una década de cuidados intensivos, el exboxeador falleció a los 33 años. Su historia se convirtió en un símbolo de resiliencia y los riesgos inherentes al deporte.
Prichard Colón se destacaba como una de las grandes esperanzas del pugilismo puertorriqueño hasta que un enfrentamiento alteró radicalmente su existencia. Con solo 23 años, anhelaba convertirse en campeón mundial. Más de diez años después de aquel combate, el exboxeador murió a la edad de 33 años. Su progenitor y antiguo entrenador, Richard Colón, confirmó su deceso el jueves 13 de agosto a través de una publicación en Facebook. “Buenos días, mi gente. Lamento informarles el tránsito de mi hijo Prichard de este plano terrenal, ahora se encuentra en un lugar mejor”, escribió. Su fallecimiento ha vuelto a poner en el foco una narrativa que por casi once años trascendió el ámbito deportivo: la de un joven que pasó de forjar una carrera con destino a los grandes escenarios a requerir atención constante tras padecer una grave lesión cerebral.
Prichard Colón Meléndez fue un pugilista puertorriqueño que sobresalió desde temprana edad. Antes de volverse profesional, obtuvo varios títulos como aficionado y ganó la medalla de oro en el Campeonato Panamericano Juvenil de 2010. Su ascenso en el profesionalismo fue acelerado. Acumuló dieciséis victorias consecutivas, trece de ellas por nocaut, antes del combate que puso fin a su trayectoria. ESPN lo describía entonces como una estrella emergente. Colón poseía potencia en sus golpes, juventud y un registro impecable. Su carrera avanzaba hacia enfrentamientos de mayor envergadura cuando llegó la noche del 17 de octubre de 2015.
Ese día, Colón se enfrentó al estadounidense Terrel Williams en el EagleBank Arena de Fairfax, Virginia. Williams también llegó invicto, con un récord de catorce victorias y ninguna derrota. Durante la contienda, Colón se quejó repetidamente de recibir impactos en la parte posterior de la cabeza, conocidos como golpes de conejo. En el séptimo asalto, después de otro impacto en esa zona, el árbitro Joseph Cooper interrumpió brevemente las acciones, concedió tiempo de recuperación al puertorriqueño y restó un punto a Williams. La pelea, sin embargo, continuó. En el noveno asalto, Williams derribó a Colón en dos ocasiones. Al finalizar el round, el equipo del puertorriqueño comenzó a quitarle los guantes, asumiendo que el combate había terminado, aunque aún quedaba un décimo asalto. Colón fue descalificado. Aquella sería su única derrota profesional y, también, su último combate.
Poco después de abandonar el ring, Colón necesitó la ayuda de su madre para llegar al vestuario. Allí vomitó y perdió el conocimiento, por lo que fue trasladado de emergencia en ambulancia a un hospital. Los médicos detectaron un hematoma subdural y tuvieron que someterlo a una cirugía cerebral de urgencia para aliviar la presión dentro del cráneo. Posteriormente, permaneció en coma durante 221 días. Aunque sobrevivió, las secuelas neurológicas fueron severas y requirió asistencia y rehabilitación por el resto de su vida. La carrera que había construido sobre nocauts, entrenamientos y aspiraciones de campeonato concluyó abruptamente. Comenzaba entonces otra etapa.
Después de la lesión, su familia se convirtió en un pilar fundamental de su vida diaria. Su madre, Nieves Meléndez, asumió gran parte de sus cuidados en Florida, mientras Richard Colón se mantuvo involucrado en su atención y rehabilitación. Ya en 2017, ESPN documentaba que Prichard requería atención las veinticuatro horas del día y que sus padres mantenían la esperanza de que pudiera recuperar alguna función cerebral. Durante los años siguientes, la familia compartió algunos momentos de sus terapias, actividades y progresos. El boxeo profesional había quedado definitivamente en el pasado.
Uno de los grandes anhelos de Colón había sido convertirse en campeón mundial, pero no tuvo la oportunidad de conquistar ese título en el cuadrilátero. En 2021, el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) lo reconoció como campeón honorario y le entregó su cinturón verde y oro. El propio organismo recordó a Colón como un ejemplo de lucha y fortaleza. Este reconocimiento tuvo un significado especial: el cinturón que había buscado durante su carrera llegó después de que su vida tomara un rumbo que nadie había anticipado.
Lo ocurrido en 2015 tuvo repercusiones fuera del ámbito deportivo. En 2017, los padres de Colón interpusieron una demanda que solicitaba más de cincuenta millones de dólares contra el médico de ringside y promotores vinculados al combate. Alegaron, entre otros aspectos, negligencia médica y cuestionaron que el enfrentamiento no fuera detenido cuando Prichard manifestó mareos y dolor de cabeza. Se trató de acusaciones formuladas dentro del proceso judicial, por lo que no deben presentarse como una determinación definitiva de responsabilidad. El caso de Colón también se convirtió en una referencia constante en las discusiones sobre los riesgos de los golpes en la parte posterior de la cabeza. El propio CMB ha utilizado su nombre al exigir una aplicación estricta de las normas contra esos impactos.
La muerte de Colón también generó reacciones fuera del mundo estrictamente deportivo. Bad Bunny, cuyo nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio, publicó este viernes 14 de agosto un escrito dedicado al exboxeador y reveló que seguía su carrera desde 2014, cuando él mismo apenas comenzaba su camino en la música. El artista recordó que veía en Colón las condiciones necesarias para convertirse en una de las próximas grandes figuras del boxeo puertorriqueño. La reflexión devuelve inevitablemente la mirada hacia todo aquello que quedó inconcluso después de octubre de 2015: una carrera que apenas comenzaba a mostrar hasta dónde podía llegar.
Al comunicar su fallecimiento, Richard Colón reveló además que su hijo deseaba regresar de vacaciones a Puerto Rico, un anhelo que no pudo cumplir. “Hice todo lo posible por cumplirle su deseo, su sueño de traerlo de vacaciones a Puerto Rico como tanto él deseaba, pero no se pudo”, expresó. Sobre las circunstancias de su muerte, conviene mantener cautela. Hasta este viernes 14 de agosto no se ha divulgado oficialmente una causa, según medios que han informado sobre el deceso. Por eso, cualquier referencia a un supuesto paro cardíaco debe presentarse únicamente como una versión preliminar atribuida a su padre, no como la causa confirmada. Prichard Colón murió a los 33 años.
La trayectoria deportiva de Prichard Colón se interrumpió justo cuando empezaba a acercarse a escenarios de mayor relevancia. Una pelea transformó en cuestión de horas lo que hasta entonces había sido una carrera en ascenso. Su nombre, sin embargo, permaneció presente durante la década siguiente, primero por la gravedad de lo sucedido y después por la perseverancia de una familia que lo acompañó durante años de tratamientos y rehabilitación. El jueves, aquella larga historia llegó a su desenlace. Prichard Colón no logró disputar el campeonato mundial que buscaba cuando tenía 23 años, pero terminó convertido en una de las historias más recordadas sobre los riesgos, las consecuencias y el costo humano que puede implicar el boxeo.