El origen de la tradición del merengue navideño en República Dominicana

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La música ha sido un componente esencial de las celebraciones navideñas dominicanas desde hace mucho tiempo. No obstante, la costumbre de asociar el merengue con la Navidad se consolidó entre las décadas de 1960 y 1980, gracias a la evolución de la industria discográfica, la popularidad del género y la programación radial. Esta fusión cultural ha llevado a que miles de dominicanos esperen con entusiasmo estas melodías cada fin de año.

Antes de que melodías como “Trulla navideña” o “Salsa pa’ tu lechón” anunciaran la llegada de diciembre, la música ya era fundamental en las festividades de fin de año en República Dominicana. Sin embargo, fue entre los años sesenta y ochenta que las grabaciones de orquestas, el auge del merengue y la programación de las estaciones de radio cimentaron la práctica que hoy induce a miles de dominicanos a anticipar estas piezas musicales anualmente.

Los orígenes de esta costumbre preceden a los grandes éxitos que dominan la temporada actual. Los aguinaldos y las reuniones musicales eran parte de las celebraciones populares, pero el desarrollo del sector discográfico permitió que los artistas comenzaran a producir grabaciones que podían ser reutilizadas cada diciembre. El repertorio musical navideño dominicano recibió influencias de Puerto Rico y Colombia, incorporando además elementos propios de la tradición musical local.

Los años 60: Las orquestas comienzan a definir el repertorio

Una figura crucial fue Félix del Rosario, quien fundó Los Magos del Ritmo en 1964 y desarrolló un cancionero navideño que incluyó temas como “Cascabel”, “El tren de la Navidad” y “Cantares de Navidad”. En 1968, lanzó Parrandas Navideñas en Ritmo de Merengue, un álbum que el investigador musical Alexis Méndez ha destacado como representativo de esta costumbre. Estas producciones ayudaron a adaptar canciones y ambientes festivos al formato del merengue.

Los años 70: Las canciones navideñas se convierten en éxitos duraderos

En 1971, Johnny Ventura grabó “Salsa pa’ tu lechón”, una composición de Mundito Espinal que fue incluida en el álbum publicado en 1972. La canción tuvo un impacto inmediato y se mantuvo en el repertorio de cada temporada. Ventura relató que tuvo que persuadir al ejecutivo discográfico Mateo San Martín para grabar el álbum, ya que este consideraba que la inversión era excesiva para una temporada de solo diez o quince días. El artista defendió el proyecto argumentando que esos días regresaban cada año. Esta anécdota demuestra que la Navidad empezó a ser vista también como una oportunidad para crear música con potencial de perdurar a largo plazo.

A partir de entonces, el repertorio se expandió con canciones de otras agrupaciones y solistas. El Conjunto Quisqueya aportó temas como “Trulla navideña” y “Bebo hoy, bebo mañana”; Milly Quezada, junto a Jocelyn y Los Vecinos, popularizó “Volvió Juanita”, y July Mateo, Rasputín, quedó asociado con “Viejo año”. No todas estas canciones abordaban la Navidad de la misma manera: algunas describían la fiesta y la parranda, otras hablaban del retorno al hogar y algunas se convirtieron en clásicos por la época en que el público comenzó a escucharlas.

1982: La radio establece la tradición en el calendario

El 15 de octubre de ese año, en la emisora Cima 100, se inició Cima Sabor Navideño, un espacio que transformó la selección de merengues y otros temas relacionados con las fiestas en una programación constante. Con el transcurso del tiempo, su regreso anual llegó a funcionar como una señal del comienzo de la Navidad para varias generaciones. La emisora no solo difundía canciones compuestas para diciembre, sino también éxitos que el público había integrado a la temporada, aunque no fueran originalmente navideños.

La radio, sin embargo, no generó por sí misma la costumbre. Su alcance coincidió con una época en la que el merengue tenía una presencia prominente en la vida musical dominicana y las celebraciones familiares, los colmados, las parrandas y las festividades empresariales ofrecían escenarios para repetir esos temas. La música quedó ligada a vivencias específicas: preparar la cena, recibir a los parientes que residen en el extranjero, visitar a los vecinos y despedir el año. Cada diciembre, esos recuerdos fortalecían la conexión entre las canciones y la temporada.

Con los años, además, el público amplió la categoría de merengue navideño. Junto a los temas creados expresamente para las fiestas empezaron a sonar canciones populares que, por su ritmo y su presencia recurrente en las celebraciones, fueron adoptadas como parte del repertorio de diciembre. De esa manera, la tradición no se restringió a un catálogo fijo, sino que incorporó canciones de diferentes épocas y también éxitos de otros géneros caribeños. La creación de nuevos temas navideños perdió relevancia frente a la permanencia de los clásicos, lo que hizo aún más importante la repetición radial y familiar. Las canciones que escucharon padres y abuelos continuaron acompañando a sus hijos y nietos, mientras el inicio de la programación especial se convirtió en una vivencia compartida. La Navidad dominicana terminó teniendo una banda sonora reconocible no por una sola grabación, sino por la acumulación de décadas de música, difusión y costumbre.