El cierre del estrecho de Ormuz por Irán, que ya suma siete meses, ha impactado significativamente el transporte marítimo y los precios del crudo global. Expertos estiman que, incluso si el estrecho reabriera hoy, la normalización del mercado petrolero y la reposición de existencias podrían extenderse hasta por dos años. Esta perspectiva subraya la fragilidad del sistema energético mundial y la complejidad de revertir los efectos de la interrupción.
Hace siete meses, Irán tomó la decisión de cerrar el estrecho de Ormuz como respuesta a la ofensiva estadounidense e israelí del 28 de febrero. Esta medida ha tenido repercusiones notables en el transporte marítimo, el suministro de crudo y un incremento significativo en los precios globales de los combustibles.
Aunque la duración de este pulso entre Washington y Teherán y la evolución del conflicto, actualmente en punto muerto, son inciertas, ya existe una estimación sobre el tiempo que tardaría el mercado en volver a la normalidad una vez que el estrecho opere a plena capacidad. Esta estimación no es precisamente optimista, sugiriendo que la situación empeorará cuanto más se demore la reanudación del tránsito.
Amin H. Nasser, presidente y consejero delegado de la petrolera Saudi Aramco, declaró durante el Energy Intelligence Forum en Londres que reponer existencias y satisfacer la demanda a niveles habituales podría llevar hasta dos años, según información de El Periódico de la Energía. Nasser añadió que este periodo podría prolongarse aún más cuanto mayor sea la interrupción del transporte en la zona, ya que "cuanto más dure la interrupción, mayor será el agujero que haya que recuperar".
Por el momento, no se vislumbra un final para esta situación. Según la agencia Reuters, Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, comunicó a los medios estatales que el estrecho no se reabriría hasta que se cumplan las siete condiciones del acuerdo provisional firmado con Estados Unidos en junio. La incertidumbre persiste, reduciendo cada vez más el margen de seguridad del sistema energético global.
Mientras tanto, en otras partes del mundo, Donald Trump consideró recientemente la posibilidad de limitar las exportaciones de diésel para intentar controlar el aumento de precios internos en Estados Unidos. Esta amenaza motivó al G7 (que incluye a Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá) a intervenir. El grupo anunció la liberación de 100 millones de barriles de petróleo y diésel de sus reservas de emergencia durante un periodo de cuatro meses, según reportó la BBC. Esta acción se coordinará a través de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), aunque aún no se han especificado los países socios que liberarán existencias ni el ritmo al que lo harán.
España, por su parte, está diversificando sus proveedores. Datos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), recopilados por El Periódico de la Energía, indican que las importaciones de crudo a España en agosto alcanzaron los 5.705 millones de toneladas, lo que representa un aumento del 11% en comparación con el mismo mes de 2025. Ante la actual situación internacional, Nigeria se consolidó como el principal proveedor, aportando 1.035 millones de toneladas, un 18,1% del total recibido por España. Le siguieron México con 648.000 toneladas (11,4%), Venezuela con 641.000 toneladas (11,2%) y Estados Unidos con 632.000 toneladas (11,1%).
Desde Oriente Medio, España también importó 378.000 toneladas (un 6,6% del total), principalmente de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, aunque no se registró ninguna importación desde Irak, un proveedor habitual.
La reapertura de Ormuz, cuando eventualmente ocurra, marcará el inicio del camino hacia la normalidad, pero no la normalidad en sí misma. El mercado necesitará recuperar la confianza, reconstruir los flujos comerciales habituales y reponer las reservas consumidas durante la crisis, todo mientras se restablece la capacidad de respuesta a la demanda global. De ahí la relevancia de declaraciones como las de Nasser: el regreso de los petroleros a Ormuz no implica que el mercado volverá inmediatamente a su estado inicial.