La Waste House, ahora conocida como Wild House, es un proyecto arquitectónico innovador de la Universidad de Brighton que ejemplifica la sostenibilidad y la economía circular. Construida con más del 85% de residuos, esta casa de dos plantas funciona como laboratorio de diseño ecológico y, desde 2025, como modelo de vivienda social. Su filosofía es clara: no hay desechos, solo recursos mal ubicados.
Aunque a primera vista la Waste House (desde 2025, conocida como Wild House) pueda parecer una vivienda urbana contemporánea más, su esencia radica en ser la máxima expresión de la sostenibilidad y la economía circular aplicadas a la arquitectura. Es, en esencia, una casa construida a partir de residuos a los que se les ha otorgado una segunda vida. Un ejemplo notable es una de sus paredes, que alberga más de 20.000 cepillos de dientes. Más allá de su función como proyecto de investigación en vivo de la Universidad de Brighton, hoy se ha transformado también en un proyecto piloto de vivienda social.
La Waste House es una estructura de dos plantas ubicada dentro del campus del centro de Brighton. Su origen se remonta a un prototipo televisivo de 2008, "The House that Kevin Built", levantado en tan solo seis días por el presentador Kevin McCloud y el arquitecto y profesor Duncan Baker-Brown. En 2012, comenzaron los trabajos para reconstruir este prototipo en el campus utilizando residuos, con la colaboración de más de 300 estudiantes y aprendices. Desde 2014, ha servido como banco de pruebas para estudiantes de diseño, arquitectura e ingeniería.
Lo que hace especial a esta vivienda es que más del 85% de sus materiales provienen de residuos domésticos y de obra, según explica la universidad responsable. La University of Brighton destaca que este es el primer edificio público permanente de Europa construido casi en su totalidad con material de desecho y posee un certificado energético A, demostrando que está lejos de ser una construcción precaria. La institución educativa resume su filosofía con la frase: "no existe tal cosa como desechos, solo cosas en el lugar equivocado".
La relevancia de la Waste House se fundamenta en un problema real: el desperdicio. Hace más de una década, Baker-Brown compartió con The Guardian su visión de un futuro deprimente para la vivienda. Explicaba, entre otras cosas, que "por cada cinco casas que construimos en el Reino Unido, el equivalente a una casa en materiales de desecho termina en un vertedero". Según la Comisión Europea, los residuos de construcción y demolición constituyen, en volumen, el mayor flujo de residuos en la Unión Europea, y a lo largo de su vida, una persona europea genera al menos 160 toneladas, una cifra en aumento.
La universidad añade que el proyecto también sirvió para identificar "malas prácticas" relacionadas con el desperdicio. Un ejemplo sencillo y concreto son las pancartas de vinilo utilizadas en festivales o eventos, que suelen usarse una sola vez debido a que llevan la fecha impresa. Ahora, estas pancartas forman parte de la casa como recubrimiento. La idea subyacente es que lo que normalmente se desecha puede seguir cumpliendo otras funciones.
El costo de construcción de la Waste House fue de 140.000 libras, aunque es importante considerar que gran parte del trabajo fue voluntario y/o académico, y que se utilizaron residuos como materiales. Uno de los mayores desafíos fue el suministro de estos materiales: las cintas VHS se obtuvieron de videoclubs que cerraban, los cepillos de dientes de una empresa de limpieza que opera en el aeropuerto de Gatwick (otros fueron donados por escolares) y los vaqueros de tiendas de ropa.
Los materiales no se colocaron al azar; la universidad los monitorizó para medir su capacidad aislante, y algunos recibieron preparación previa. Por ejemplo, los cepillos de dientes se clasificaron y secaron antes de ser incorporados a los muros. De hecho, la casa ha sido galardonada y, además de las innumerables horas de trabajo, cuenta con investigaciones de doctorado detrás. Los cimientos utilizan escoria granulada de altos hornos. La estructura de entramado está hecha de madera y contrachapado recuperados. El muro principal se compone de tiza y arcilla recuperadas y comprimidas. El exterior está cubierto por una especie de tejas negras gomosas, que en realidad son 2.000 losetas de moqueta.
El material de relleno se elaboró con restos de construcción, disquetes, 4.000 casetes VHS, 4.000 estuches de DVD y vídeo, textiles y más de 20.000 cepillos de dientes. Entre sus adquisiciones más recientes se incluyen edredones de residencias universitarias como aislante y azulejos hechos con conchas. Sin embargo, no todo es residuo: la casa incorpora una membrana transpirable de DuPont, y se utilizaron ventanas de triple acristalamiento nuevas, así como cableado y fontanería nuevos.
Actualmente, la Universidad de Brighton mantiene esta casa como un laboratorio vivo de diseño ecológico, disponible para reservas y visitas, y es también la sede del máster en Diseño Sostenible. En 2025, se transformó en la Wild House: ya no es solo una vivienda de demostración de materiales y arquitectura, sino que también funciona como vivienda de demostración para vivienda social con materiales que favorecen la biodiversidad.
De este modo, busca demostrar cómo la vivienda puede integrarse con el paisaje local y fomentar la participación ciudadana. La universidad contextualiza esto con un dato de Friends of the Earth: 9,6 millones de personas en el Reino Unido viven en barrios con escasos espacios verdes o jardines.