El Impacto Silencioso: Cómo la Megapresa de la Bahía de James Envenenó al Pueblo Cree con Mercurio

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En 1971, el ambicioso proyecto hidroeléctrico de la bahía de James en Canadá, diseñado para generar energía limpia, desató una inesperada crisis ambiental. La inundación de vastas extensiones de bosque boreal liberó mercurio natural del suelo, contaminando el pescado del que dependía el pueblo indígena Cree. Este incidente, que provocó graves problemas de salud y obligó a cambios drásticos en la dieta, sirve como una advertencia crucial ante el resurgimiento de proyectos hidroeléctricos.

En 1971, el inicio del megaproyecto hidroeléctrico de la bahía de James, en Canadá, prometía ser un triunfo para la ingeniería contemporánea, brindando una gran cantidad de energía limpia para millones de personas. Sin embargo, al crear embalses enormes en medio de la naturaleza salvaje, se desencadenó una bomba química silenciosa a consecuencia de la liberación del mercurio natural del suelo que envenenó el pescado del que dependía históricamente el pueblo indígena de los Cree. Un gran problema. Un pescado que se saque de estas aguas a simple vista puede estar en perfecto estado y, sin embargo, ser un grave riesgo para el sistema nervioso de aquellas personas que decidan comerlo. Esta es la dura realidad con la que se topó el pueblo Cree tras la construcción de este gran complejo hidroeléctrico que alteró cinco ríos y la creación de inmensos embalses sumergieron más de 11.500 km2 de bosque boreal, un área comparable con la superficie de Qatar. Pero la contaminación no fueron los generadores eléctricos ni la maquinaria pesada, sino el contacto de la propia agua con la tierra virgen.

El mercurio es una de esas toxinas de las que nos preocupamos mucho, sobre todo cuando vamos a tomar pescado. Pero en este caso el mercurio no provino de la contaminación industrial, sino que llevaba miles de años depositado en el suelo forestal. Pero al llegar el humano e inundar esos terrenos para formar los reservorios, la materia orgánica de la vegetación sumergida comenzó a degradarse rápidamente, sirviendo de festín para todos los microorganismos que allí vivían.

Esta drástica actividad microbiana, alimentada por la degradación del carbono orgánico lábil en los suelos inundados, disparó la producción de metilmercurio. El metilmercurio es una forma altamente neurotóxica del metal que, a diferencia del mercurio inorgánico, tiene una enorme facilidad para bioacumularse en los organismos y ascender rápidamente por la cadena trófica acuática. La buena noticia es que la producción excesiva de este peligroso compuesto suele detenerse entre los ocho y diez años posteriores a la inundación, un plazo que coincide con el agotamiento de los nutrientes vegetales de fácil descomposición presentes en el fondo. Se ha medido.

Para entender la magnitud de este problema, los investigadores han medido la concentración de mercurio en 45.000 peces a lo largo de décadas. Aquí se vio que las especies que no se alimentan de otros peces cuentan con una concentración de mercurio que alcanza su pico máximo entre 4 y 11 años desde que se llenaron los embalses. Pero cuando hablamos de peces que se alimentan de otros peces, los valores más altos se registran entre los 9 y 14 años.

La buena noticia es que, a pesar de estas altas concentraciones de mercurio, no se registró una caída en la población de los peces. Con el paso del tiempo, el ecosistema ahora es más estable y la gran mayoría de las especies retornaron a niveles equivalentes a los de los lagos naturales.

Para el pueblo indígena Cree algunas especies como el lucio no eran únicamente una fuente de alimento, sino el núcleo de su dieta milenaria. Y es por ello que el problema fue que este pescado local era la principal fuente de exposición al mercurio para los habitantes de la zona. Y si concretamos un poco más, vemos que las comunidades indígenas ubicadas en el interior estaban sometidas a una mayor concentración de mercurio que las que vivían en la costa.

A raíz de esta exposición en el año 1988, el 14,2 % de la población Cree presentaba niveles de mercurio en el cabello por encima de los 15 mg/kg. Además, se observó que los mayores niveles de intoxicación se daban de forma independiente en hombres, personas de edad avanzada y aquellos dedicados al tradicional oficio de trampero.

Ante la crisis sostenida, las autoridades y el Cree Board of Health of Eeyou Istchee se vieron obligados a elaborar estrictas guías dietéticas para la población. En el periodo más crítico, se recomendó a las familias que habitaban cerca de los embalses más impactados limitar su ingesta a un máximo de dos comidas a base de lucio al mes. Y esto hizo que se viera una reducción importante de la concentración de mercurio.

En la actualidad, las concentraciones de mercurio en casi todas las áreas afectadas han retornado a la normalidad, lo que ha permitido a las autoridades sanitarias retomar la promoción del consumo de pescado local por sus indiscutibles beneficios nutricionales. Sin embargo, este accidente biogeoquímico está lejos de ser una simple anécdota de los años setenta, puesto que, a medida que el mundo acelera su transición hacia energías bajas en emisiones, la infraestructura hidroeléctrica vive un nuevo auge. Actualmente, hay unos 22 proyectos hidroeléctricos planificados en Canadá que se situarán a menos de 100 km de distancia de comunidades indígenas, y el miedo de que esta historia pueda repetirse está aún encima de la mesa.