Expertos Advierten sobre Deficiencias Estructurales en las Fuerzas Cibernéticas de EE. UU.

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Una comisión de expertos ha revelado que la estructura actual de las fuerzas cibernéticas de Estados Unidos es insuficiente para las exigencias de la guerra moderna. El informe destaca una carencia en la organización para reclutar, formar y equipar coherentemente al personal del Mando Cibernético, atribuyéndolo a la ausencia de una rama militar dedicada exclusivamente al ciberespacio. Esta dispersión de responsabilidades genera inconsistencias y debilita la capacidad de disuasión y combate en el dominio digital.

Pocos países poseen una combinación militar comparable a la de Estados Unidos, abarcando fuerzas terrestres, navales, aéreas y espaciales, una sólida capacidad industrial y los medios para operar globalmente. Sin embargo, conflictos recientes han demostrado que la superioridad ya no se basa únicamente en armamento tradicional como aviones, buques o tanques. En Ucrania, los drones han cobrado un protagonismo que exige una revisión de tácticas y defensas, mientras que los ciberataques se han consolidado como una herramienta crucial de confrontación. Es en este contexto donde algunos especialistas sugieren que la estructura estadounidense comienza a mostrar debilidades.

Una comisión, convocada por el Center for Strategic and International Studies en colaboración con el proyecto Cyberspace Solarium Commission 2.0s, ha investigado esta cuestión, y su diagnóstico es preocupante. En un informe reciente, los autores argumentan que el diseño actual de las fuerzas cibernéticas de EE. UU. es inadecuado para disuadir, competir y combatir eficazmente en el dominio digital. No se trata de una falta de especialistas, unidades o capacidad operativa dentro del Pentágono. El problema, según el estudio, es más profundo: ninguna organización centraliza la responsabilidad de reclutar, capacitar y equipar de manera consistente al personal necesario para el Mando Cibernético de Estados Unidos.

Es sabido que medir el poder militar va más allá de contar soldados, barcos o aviones. Los datos de SIPRI indican que en 2025, Estados Unidos continuó siendo el mayor inversor militar global, con 954.000 millones de dólares, representando el 33% del total mundial, en contraste con los 336.000 millones estimados para China. Si bien esta cifra no mide por sí sola el poder militar, se alinea con análisis de GAO y Brookings, que describen a EE. UU. como una fuerza dominante debido a su combinación de capacidades, despliegue, logística y alianzas.

El dominio para el que ninguna rama de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos fue diseñada es la anomalía central del informe. Estados Unidos ha establecido servicios militares con responsabilidades principales vinculadas a los grandes dominios tradicionales de combate, incluyendo una rama espacial desde 2019. Sin embargo, el ciberespacio carece de una rama propia. La comisión sostiene que, por esta razón, tampoco existe una autoridad única encargada de la creación de las fuerzas necesarias para operar en este ámbito. Las responsabilidades se encuentran distribuidas entre diferentes servicios, todos involucrados en la misión, pero ninguno con la obligación de priorizarla sobre sus cometidos tradicionales.

Esta dispersión se traduce, según el informe, en enfoques divergentes entre los cinco servicios militares del Departamento en cuanto al reclutamiento, formación y desarrollo del personal de las fuerzas cibernéticas. Cada servicio aplica sus propios criterios de acceso, planes de carrera, sistemas educativos y modelos de compensación, lo que, según la comisión, genera resultados desiguales e ineficientes. Katherine Sutton, responsable civil de política cibernética y asesora principal en ciber del Pentágono, reconoció ante el Comité de Servicios Armados del Senado el 28 de abril de 2026 las “importantes dificultades” para atraer perfiles con las aptitudes adecuadas, retener a los operadores más experimentados frente a las mejores oportunidades remuneradas del sector privado y ofrecer una formación especializada con suficiente agilidad.

No obstante, el Pentágono no ha permanecido inactivo. El informe reconoce que se ha intentado corregir parte del problema con CYBERCOM 2.0, una iniciativa anunciada en 2025 para fortalecer el papel del Mando Cibernético en talento, formación y desarrollo de capacidades. Sin embargo, la comisión considera que este tipo de reforma no resuelve la cuestión fundamental: la ausencia de una rama militar dedicada a generar fuerzas para el ciberespacio. En otras palabras, no se discute solo quién dirige las operaciones, sino quién construye de manera estable el personal, la preparación y las herramientas que esas operaciones requieren.

El Mando Cibernético de Estados Unidos, conocido como USCYBERCOM, tiene la misión oficial de dirigir, sincronizar y coordinar operaciones en el ciberespacio para defender y promover los intereses nacionales, según su descripción institucional. Según la comisión, el problema radica en que, en la práctica, también asume parte de las funciones “tipo servicio” que deberían proporcionarle personal, preparación y capacidades. Los autores identifican aquí un problema de diseño que recuerda al modelo corregido por la ley Goldwater-Nichols de 1986, la cual reorganizó el Pentágono y delimitó mejor la diferencia entre construir la fuerza y emplearla en operaciones.

¿Y qué sugieren? El estudio explora la hipótesis de crear una rama militar específica para el ciberespacio y detalla cómo debería organizarse si Washington tomara esa decisión. Esta Fuerza Cibernética tendría una misión definida: organizar, formar y equipar al personal encargado de las operaciones ofensivas y defensivas, mientras que USCYBERCOM mantendría la responsabilidad de emplearlo. La propuesta no busca absorber toda la tecnología del Pentágono ni encargarse de cada una de sus redes informáticas. Las demás ramas seguirían gestionando los sistemas vinculados a sus propias misiones, pero dejarían de generar por separado una capacidad que exige criterios, carreras y prioridades comunes.

La paradoja es difícil de ignorar. Estados Unidos conserva la fuerza militar de mayor alcance global, pero el informe advierte que aún no ha desarrollado una estructura concebida específicamente para generar sus capacidades en el ciberespacio. Erica Lonergan, autora principal del estudio y profesora en la Universidad de Columbia, y Mark Montgomery, comisionado del informe, contraalmirante retirado y responsable del área de ciber y tecnología de la FDD, trasladaron posteriormente esa conclusión a una tribuna en Defense News: si el entorno digital ya se ha convertido en un dominio de guerra, debería contar con una rama preparada para combatir en él.