Tras décadas de búsqueda, una expedición conjunta ha logrado un hito significativo al confirmar la ubicación exacta del buque Quest, el legendario navío comandado por Ernest Shackleton. Utilizando tecnología submarina avanzada, los investigadores han obtenido las primeras imágenes directas del pecio, revelando su estado de conservación a 390 metros de profundidad en el mar de Labrador y su transformación en un ecosistema marino.
Aunque no es tan célebre como el buque Endurance, el Quest ostenta un lugar destacado en la Edad Heroica de la Exploración Antártica, un periodo crucial a finales del siglo XIX y principios del XX. Este barco, aunque de tamaño moderado, fue elegido por el comandante Ernest Shackleton para una expedición destinada a cartografiar la costa de Tierra de Enderby. Sin embargo, la misión se vio truncada por el fallecimiento de Shackleton en su camarote durante una escala en Georgia del Sur, lo que convirtió al Quest en un símbolo.
Se sabía que el navío se hundió en 1962 en el Atlántico Norte, pero su paradero exacto permaneció como un enigma durante años. Ahora, este misterio ha sido resuelto. Los arqueólogos y entusiastas de la historia de la exploración antártica han alcanzado un objetivo largamente anhelado: confirmar la ubicación precisa del Quest y, lo que es más importante, observar el pecio 64 años después de su hundimiento en las frías aguas del mar de Labrador.
Una expedición conjunta, liderada por la Real Sociedad Geográfica Canadiense (RCGS) en colaboración con la Institución Oceanográfica Woods Hole (WHOI), empleó el vehículo submarino de inmersiones profundas Alvin y el sumergible teledirigido Falcon. Con estos equipos, descendieron 390 metros hasta el lecho marino del mar de Labrador, capturando las primeras imágenes del buque que en su día comandó Shackleton.
La relevancia de este hallazgo radica tanto en la magnitud de la misión como en la trascendencia histórica del propio Quest. Los miembros de la expedición de la RCGS habían localizado los restos del barco en 2024 frente a la costa de Canadá, pero en aquel momento solo pudieron obtener imágenes de sonar de barrido lateral. Este logro fue considerable, pero dejó un sentimiento agridulce en el equipo de científicos canadienses liderado por John Geiger. Aunque habían encontrado los restos del naufragio, no pudieron inspeccionar directamente el buque, evaluar su estado de conservación ni analizar su estructura para comprender mejor las circunstancias de su hundimiento en mayo de 1962. Esta incógnita ha sido despejada ahora, gracias a las sorprendentes imágenes y videos difundidos por la RCGS y la WHOI.
La crónica de la Edad Heroica de la Exploración Antártica abarca numerosos nombres de barcos, algunos tan reconocidos como el Endurance, posiblemente el navío más célebre asociado a Ernest Shackleton. El Quest era de menor tamaño, un vapor de 34 metros de eslora y 6,3 metros de manga, y la misión en la que participó, la Expedición Shackleton-Rowett de 1921-1922, no cumplió con sus expectativas. Sin embargo, sigue siendo una embarcación legendaria. La razón es que fue la última morada de Shackleton. El célebre comandante falleció en uno de sus camarotes en la isla de Georgia del Sur el 5 de enero de 1922, a los 47 años, debido a un infarto. Este suceso no solo otorgó al Quest un papel innegable en la biografía del explorador anglo-irlandés, sino que algunos historiadores consideran que la propia Expedición Shackleton-Rowett, a menudo conocida como 'Expedición Quest', marcó el fin de la Era Heroica.
Respecto al estado actual del Quest, los detalles son menos alentadores. Se sabía que, tras la muerte de Shackleton, el Quest pasó a manos de una familia noruega, fue remodelado y, durante gran parte de su vida útil, se dedicó a la caza de focas frente a las costas de Labrador, aunque también participó en expediciones árticas. Está documentado que su historia culminó el 5 de mayo de 1962, cuando un témpano de hielo lo aplastó, provocando su hundimiento en el Atlántico Norte. Allí, a 390 metros de profundidad frente a la costa de Canadá, fue localizado por los expertos de la RCGS con ayuda de sonar en 2024, más de 60 años después.
A pesar de todo lo conocido, se desconocía que el mar no había sido benévolo con el pecio durante estas últimas seis décadas. La propia RCGS admite que el buque se encuentra en “peor estado” de lo que esperaban los expertos tras analizar las imágenes del sonar. Su estructura está deteriorada, la popa y parte del costado de estribor están cubiertas de redes de pesca y otros aparejos, y la sección del puente donde antes se leía el nombre “Quest” ha desaparecido. Sin embargo, esto no implica un final desolador para el buque de Shackleton.
La razón es que el pecio está lleno de vida. Se ha convertido en el hogar de corales y diversas especies de peces, como bacalao, gallineta nórdica y pez lobo. Antoine Normandin, responsable de la misión, celebra que “se está transformando en un experimento científico. Los distintos materiales presentes en el barco cuando se hundió han favorecido la colonización por diversos tipos de animales marinos, creando capas visibles de biodiversidad alrededor del pecio”.