Estados Unidos, hogar de un tercio de los centros de datos globales, experimenta un crecimiento exponencial en la construcción de estas infraestructuras. Este auge, impulsado por la inteligencia artificial, está generando una demanda sin precedentes de electricistas y carpinteros, provocando una escasez significativa en otros segmentos de la construcción y obligando a las empresas tecnológicas a invertir masivamente en programas de formación y salarios competitivos para atraer y retener talento.
Estados Unidos concentra una tercera parte de todos los centros de datos a nivel mundial, y la edificación de nueva infraestructura avanza a un ritmo vertiginoso. Además de requerir inversiones millonarias y una gran cantidad de electricidad, estos centros de datos necesitan mano de obra. Específicamente, se demandan empleos de cuello azul como electricistas y carpinteros, hasta el punto de que se está generando una enorme escasez en el resto de los sectores de la construcción.
Las compañías tecnológicas están erigiendo centros de datos a una velocidad sin precedentes para alimentar sus modelos de inteligencia artificial. Se trata de infraestructuras de gran magnitud que exigen una considerable cantidad de mano de obra que, simplemente, no está disponible en el mercado. Ante esta escasez, las empresas tecnológicas han comenzado a formar a miles de carpinteros y electricistas. Además, dado que todas compiten por los mismos perfiles, se ha desatado una pugna por retener y captar trabajadores mediante atractivas ofertas salariales.
Si no hay suficientes candidatos para estos empleos, las empresas tecnológicas e inversores de centros de datos han decidido obtenerlos a toda costa, llegando incluso a reclutar a jóvenes que acaban de terminar el instituto. Estos son algunos de los programas de formación que han puesto en marcha:
Google ha invertido 50 millones de dólares en la Electrical Training Alliance, un acuerdo con el que pretenden formar a más de 300.000 trabajadores, incluyendo electricistas, soldadores y técnicos de sistemas de refrigeración.
BlackRock ha destinado otros 100 millones de dólares para reforzar la plantilla de profesionales cualificados en sus centros de datos de Texas.
Meta ha lanzado la America’s Workforce Academy, con 115 millones de dólares en el primer año, para formar a unos 5.000 trabajadores mediante cursos intensivos de cuatro semanas con viaje y alojamiento pagados.
Formar a los trabajadores es solo el comienzo; también es fundamental retenerlos. Según datos del portal de empleo Indeed, los trabajos de instalación y mantenimiento en centros de datos pagan un 42% más que en otros sectores. En áreas con una alta concentración de proyectos, como Virginia del Norte, la guerra de ofertas es muy agresiva, lo que provoca que muchos empleados cambien de empresa en busca de primas más elevadas.
La construcción de un centro de datos no es una labor para todo el mundo. A menudo exige el desplazamiento a zonas remotas y jornadas laborales interminables. Por ejemplo, OpenAI tiene un proyecto en marcha en Michigan para el que buscan electricistas que trabajen diez horas al día, siete días a la semana. En declaraciones a un medio, uno de estos aprendices a electricista comentó: "Entiendo el atractivo, pero también me gusta tener una vida fuera del trabajo".
Los centros de datos están absorbiendo tanta mano de obra que están generando escasez en otros sectores de la construcción, como la vivienda, la obra civil o la industria. Según Mario Iacobacci, responsable de construcción e infraestructura en Oxford Economics, “No cabe duda de que los recursos son muy limitados, por lo que las decisiones de construir una cosa van de la mano con otras”. En otras palabras: edificar tantos centros de datos provoca el retraso o la cancelación de otros proyectos.
Durante la construcción se necesitan muchos trabajadores, pero una vez que el centro de datos entra en funcionamiento, apenas requiere unos pocos empleados. La pregunta lógica es qué ocurrirá con toda esta mano de obra una vez que pase esta fiebre del oro. Desde la Universidad de Georgetown sugieren que el mejor escenario sería que llegara justo entonces un auge de la vivienda que absorbiera a esos trabajadores, pero admiten que es poco probable. El riesgo es que, cuando todo finalice, una avalancha de electricistas y profesionales cualificados que salen de proyectos con sueldos de hasta 200.000 dólares anuales acabe presionando los salarios a la baja en el resto de la construcción.