El Servicio Federal de Seguridad (FSB) de Rusia ha emitido una orden de búsqueda y captura internacional contra Pavel Durov, el controvertido fundador de Telegram. La acusación principal es por 'asistencia a actividades terroristas', alegando que Telegram no eliminó un chatbot utilizado por servicios especiales ucranianos para actividades de sabotaje. Esta acción intensifica la ya tensa relación entre Durov y su país natal.
Pavel Durov, el desarrollador detrás de Telegram, es una figura controvertida, millonaria y buscada en diversas naciones. Su relación con Rusia, su país de origen y del que aún conserva nacionalidad (además de ser francés y emiratí), ha sido tensa. Tras un periodo en el que Durov se presentaba como exiliado, Rusia ha emitido una orden de búsqueda y captura en su contra.
El FSB ruso, el servicio de seguridad sucesor del KGB, ha iniciado una búsqueda y captura internacional contra el desarrollador de Telegram. Según un comunicado oficial, Rusia acusa a Pavel Durov de “asistencia a actividades terroristas”. Por esta razón, el gobierno de Putin ha incluido a Durov en su lista internacional de personas buscadas. Curiosamente, la inclusión del empresario en las listas no se ha oficializado, solo se ha destacado en el comunicado.
Según el FSB, los servicios especiales ucranianos utilizaron un chatbot de Telegram para llevar a cabo actividades de sabotaje y terrorismo. A Telegram se le reprocha no haber eliminado dicho chatbot. El bot en cuestión, Daivinchik (@leomatchbot), ha estado registrado en la lista de sitios prohibidos desde diciembre de 2025 y, siempre según la versión rusa, permitía a agentes ucranianos hacerse pasar por mujeres jóvenes para establecer contacto romántico, obtener geolocalización y enviar enlaces de phishing. Posteriormente, utilizaban la extorsión, suplantando a la policía rusa, para forzar incendios y ataques. Este bot de Telegram es descrito como un supuesto caballo de Troya disfrazado de aplicación de citas.
Francia y Rusia comparten una postura similar. Hace dos años, Pavel Durov fue detenido en París por presunta complicidad en delitos de crimen organizado cometidos a través de Telegram, debido a su negativa a cooperar con requerimientos judiciales y a abstenerse de eliminar contenido. Esto no es una coincidencia, ya que es la misma acusación que Moscú emplea para perseguir al dueño de Telegram: “En violación de la ley rusa, la administración de Telegram no ha eliminado esta información prohibida, así como numerosos canales, chats y bots de este mensajero, que son utilizados activamente por los servicios especiales ucranianos, organizaciones terroristas y extremistas”. El núcleo del problema radica en que Pavel Durov se niega, presuntamente, a eliminar los contenidos que el FSB ruso ha solicitado.
Telegram ha respondido que su responsable no desea emitir comentarios por el momento. Sin embargo, la propia compañía ha publicado una imagen que refleja su postura.
Las contradicciones en esta situación son evidentes. No es la primera vez que Pavel Durov ha tenido conflictos con su país natal: en 2014 fue despedido de VKontakte, la red social que fundó; ese mismo año se exilió, estableciéndose definitivamente en Dubái en 2017. Durante una década, Durov ha cultivado la imagen del exiliado que le dio la espalda a Rusia. No obstante, iStories reveló que, en realidad, visitaba el país con cierta frecuencia. La cercanía también se ha manifestado desde el otro lado. En 2021, el fondo soberano ruso RDIF anunció que había invertido en Telegram. La plataforma desmintió esta afirmación, declarando que no le había vendido bonos y que el fondo adquirió una pequeña cantidad en el mercado secundario. Moscú parecía querer proyectar una imagen de influencia.
Actualmente, Durov reside fuera del alcance de Moscú. Hasta la fecha, no figura en la base de datos pública de Interpol ni en la del propio Ministerio del Interior ruso. Sin embargo, la situación de Telegram dentro de Rusia sí se ha visto afectada: el Kremlin promueve MAX, la mensajería estatal que por ley viene preinstalada en todos los móviles. Y MAX fue desarrollado por VK, la empresa que Durov fundó en 2006 y perdió en 2014. Doce años después, la creación que le fue arrebatada es el instrumento con el que intentan quitarle su activo más valioso. El discurso, mientras tanto, permanece inalterado. En junio, en el Oslo Freedom Forum, Durov acusó a las democracias occidentales de imitar el manual de vigilancia de los regímenes autoritarios. Sus propios informes de transparencia indican que Telegram entregó datos de 22.777 usuarios en un solo trimestre de 2025, cuatro veces más que el año anterior. Ninguna de estas afirmaciones es falsa, y ahí reside la complejidad del asunto.