El 'hukou' es el sistema de registro de residencia en China que determina el acceso de los ciudadanos a servicios públicos esenciales como la salud y la educación. A pesar de las décadas de migración interna, millones de chinos residen en lugares distintos a los que indica su 'hukou', creando una población flotante con "muros invisibles" que afectan su día a día y generan importantes desafíos para el gobierno y la economía del país.
Aunque su nombre no sea familiar para muchos, para millones de ciudadanos chinos, la palabra 'hukou' tiene una importancia fundamental en sus vidas. Este sistema influye directamente en aspectos cruciales como la cobertura sanitaria y el acceso a alquileres protegidos, e incluso puede obligar a padres a vivir separados de sus hijos. La razón es que el 'hukou' es el registro de residencia de los ciudadanos chinos, una herramienta que especifica en qué regiones del país pueden disfrutar de muchos servicios públicos esenciales y en cuáles serán considerados ciudadanos "de segunda". El problema actual radica en que, después de décadas de migración interna, millones de personas en China residen en lugares diferentes a los que su 'hukou' indica.
El 'hukou' es esencialmente un registro de residencia chino, concebido para controlar los flujos migratorios. En la práctica, se ha vuelto clave para acceder a servicios como la educación, la atención médica y las prestaciones de jubilación. Su concepto básico es simple: si una persona está registrada en una zona rural, se espera que disfrute de esos servicios en esa área y no en una región urbana a cientos de kilómetros. Sin embargo, en la realidad, el 'hukou' se ha transformado en un lazo que une a millones de chinos con su lugar de origen, incluso si se han mudado a otra provincia.
Esto se debe a que cambiar el 'hukou' no es una tarea sencilla. Quienes desean actualizar su situación, trasladando el registro al lugar donde realmente estudian, trabajan y viven, a menudo se enfrentan a requisitos burocráticos exigentes, como años de empleo estable o cotización. Trishala S., de la ORCA, explica que "al imponer barreras institucionales, el sistema regula el flujo de personas y mano de obra a través de diferentes áreas geográficas. Viajar y reubicarse se convierte en una tarea sumamente compleja debido a los obstáculos impuestos por el sistema".
Este sistema no es nuevo; tiene profundas raíces históricas y su forma actual se remonta al menos a mediados del siglo XX, cuando se consolidó como una herramienta eficaz para regular la migración interna del país. Hace décadas, ayudó a Pekín a controlar el éxodo rural, limitando el traslado de la población del campo a las ciudades. También facilitó la gestión de la economía planificada y la distribución de recursos. La mayoría de las personas recibían un 'hukou' al nacer que las vinculaba a su lugar de nacimiento, lo que se convertía en su llave de acceso a servicios básicos como la atención médica o la educación. Cada individuo quedaba ligado a su propia provincia.
La agencia Bloomberg resume que "es más fácil acceder a prestaciones como la asistencia sanitaria, la pensión y la educación gratuita si una persona vive en el lugar donde está empadronada. No disponer del 'hukou' adecuado dificulta la compra de una vivienda o un coche". Además, recuerdan que este "pasaporte interno" es una pequeña libreta de color granate donde se consigna todo: matrimonios, divorcios, nacimientos, muertes y raíces territoriales.
El principal problema es que la China actual, en 2026, difiere significativamente de la de finales de la década de 1950, cuando se estableció el sistema. Aunque el 'hukou' se ha adaptado con los años para reflejar esta transformación, resulta cada vez más evidente que los ajustes han sido insuficientes. El País señalaba recientemente que, según el último censo, casi 358 millones de personas en China residen en un lugar diferente al que indica su 'hukou'. Esta vasta "población flotante" incluye migrantes rurales, estudiantes y sus familias. Se estima que en 2025 había 180 millones de migrantes de áreas rurales trabajando fuera de su localidad de origen.
La importancia de esta situación es innegable, especialmente para la población afectada, que diariamente se enfrenta a lo que algunos analistas denominan "muros invisibles". Aunque pueda parecer abstracto, los medios de comunicación están repletos de historias de familias directamente afectadas por su estatus. Por ejemplo, el South China Morning Post (SCMP) relató el caso de la familia de Wang Ming: a pesar de que él y su esposa tienen buenos empleos y viven en Pekín desde hace más de 20 años, su 'hukou' sigue vinculado a su lugar de nacimiento en el noroeste de China. Esto impacta directamente a su hijo, quien deberá realizar su examen de ingreso a la universidad en Liaoning. Para solucionar esto, la pareja ha optado por matricularlo en un internado.
La dificultad de modificar el 'hukou' se relaciona con el censo y los servicios, temas particularmente sensibles en las grandes metrópolis. Hace años, Pekín, por ejemplo, se propuso limitar su población a 23 millones para evitar problemas con la gestión del agua, los embotellamientos de tráfico o la contaminación. En este contexto, The Economist cita un estudio que calcula que las probabilidades de lograr el asentamiento en Pekín o Shanghái no alcanzan el 2%. En la práctica, esto da lugar a lo que algunos describen como una sociedad con "dos clases".
Las implicaciones van más allá. Cada vez más voces advierten que este rígido corsé administrativo está afectando la economía del país e incluso tiene efectos que se sienten fuera de Asia. Un análisis de Bloomberg de 2020 advertía que "restringir la movilidad laboral puede frenar la economía, que ha estado creciendo a su menor ritmo en décadas", añadiendo que "el sistema ayuda a institucionalizar una enorme brecha en el nivel de vida entre los residentes rurales y urbanos". Muchos expertos también señalan que el 'hukou' condena a numerosos migrantes a un limbo de inseguridad, impulsándolos a ahorrar con mayor ahínco para afrontar imprevistos, lo que a su vez frena el consumo. Esto no es una hipótesis: estudios demuestran que entre 2012 y 2022, la tasa de ahorro de familias migrantes que vivían en ciudades con un 'hukou' rural fue, en promedio, un 6,8% superior a la de hogares comparables con un 'hukou' urbano.
Entonces, ¿qué se puede hacer? Ajustar aún más el sistema, una idea que cada vez gana más fuerza en el Ejecutivo chino. En mayo, el diario Global Times, vinculado al Partido Comunista, informó que el Consejo de Estado había publicado una guía para promover los servicios públicos básicos entre todas las personas con residencia habitual en una ciudad, independientemente de lo que indique su libreta granate. Ahora, la cuestión es si esta iniciativa se encontrará con la reticencia de los gobiernos locales, quienes enfrentan el desafío de que una mayor prestación de servicios públicos debe ir acompañada de más ingresos fiscales.