La NASA se prepara para el eclipse solar del 12 de agosto con una estrategia integral de investigación. Un avión WB-57 perseguirá la sombra lunar para estudiar la corona solar, mientras que científicos se desplazarán a Islandia y España para lanzar globos sonda. El objetivo es recopilar datos cruciales sobre los efectos del eclipse en la atmósfera terrestre y la corona solar, aprovechando al máximo este fenómeno astronómico.
Aunque el eclipse solar del 12 de agosto no ofrecerá su totalidad en Estados Unidos, la NASA ha diseñado un plan ambicioso para su estudio. Se ha organizado el vuelo de un avión a alta velocidad que se dirigirá hacia el eclipse para examinar de cerca la corona solar. Además, investigadores se trasladarán a Islandia y España para lanzar una serie de globos sonda, con el fin de recoger datos valiosos sobre cómo estos fenómenos impactan nuestra atmósfera.
La NASA enviará un avión para seguir la sombra de la Luna, posicionándose directamente sobre el Sol en el aire. Volará a 740 kilómetros por hora, lo que permitirá a los científicos observar el eclipse durante casi 3 minutos. Desde la Tierra, la duración máxima de la totalidad se apreciará en Islandia, superando apenas los 2 minutos, otorgando a los investigadores de la NASA un tiempo adicional para el estudio. Esta no es la primera vez que se realiza una misión de este tipo; en 1973, un equipo de científicos británicos y franceses llevó a cabo un experimento similar en un Concorde a más de 2.500 kilómetros por hora, logrando observar más de una hora de eclipse total.
Como resultado, se puede estudiar con mucho más detalle la corona solar, que solo es visible para nuestros ojos y telescopios durante un eclipse solar. Si bien existen instrumentos llamados coronógrafos que simulan el efecto de un Sol eclipsado, el astrónomo David Galadí explicó recientemente que aún hay ciertos parámetros que solo pueden ser investigados durante un eclipse real.
El avión WB-57 de la NASA estará equipado con un conjunto de cuatro cámaras (SAMI), capaces de capturar al menos 20 imágenes por segundo de la corona solar en diversas longitudes de onda, tanto visibles como infrarrojas. Esto permitirá investigar cómo se calienta la corona solar y su relación con los vientos solares, que en situaciones extremas pueden afectar las comunicaciones en la Tierra. Este instrumento ya fue utilizado en otro avión durante el eclipse solar visible en Estados Unidos en 2024, pero ahora incorpora mejoras.
Adicionalmente al avión WB-57, la NASA planea lanzar varios globos sonda, lo que implica el desplazamiento de algunos de sus científicos a Islandia y España. En Islandia, se liberarán 80 globos para analizar cómo el eclipse incide en la capa límite de la atmósfera. En España, se lanzarán 6 globos equipados con cámaras de 360º, cuya función será investigar la conexión entre el eclipse solar y los niveles de ozono.
En experimentos similares realizados durante el eclipse solar de 2024, se observó que, durante la totalidad, los niveles de ozono atmosférico se alteran. Este fenómeno tiene una base lógica, ya que el ozono troposférico y estratosférico se forma y se descompone continuamente a través de reacciones fotoquímicas donde la radiación solar desempeña un papel crucial. La pregunta es hasta qué punto son relevantes los ciclos de luz y oscuridad. Una oscuridad excepcional, como la que produce un eclipse, puede ser un momento idóneo para verificarlo. Por ello, en los eclipses recientes se ha puesto especial énfasis en esta cuestión.
En resumen, es comprensible que la NASA no quiera perderse este eclipse solar. Muchas personas lo observarán para disfrutar por primera vez de este fenómeno único o para revivir la experiencia después de haber sentido cierta fascinación en ocasiones anteriores. Pero también habrá numerosos científicos con la mirada puesta en el eclipse. Eso sí, siempre con los ojos protegidos con gafas adecuadas, ya que las radiaciones UV no distinguen los motivos por los que las miramos.