La primera liberación experimental de 30 urogallos cantábricos criados en cautividad, una subespecie en peligro de extinción, ha resultado en un fracaso casi total. Seis meses después de la suelta, solo una hembra ha sobrevivido, lo que subraya la dificultad de reintroducir aves de bosque ingenuas frente a depredadores. Este esfuerzo forma parte de un programa de recuperación que ha superado los 5 millones de euros de inversión.
Mantener controlada la población de una especie invasora requiere un esfuerzo significativo, investigación e inversión. De manera similar, evitar la desaparición de especies autóctonas también lo exige. Desafortunadamente, no es tan sencillo como criar ejemplares de la especie en cuestión y liberarlos en su hábitat natural. Un claro ejemplo de esto es el urogallo cantábrico, una subespecie exclusiva de la cordillera Cantábrica y la más amenazada de Europa occidental.
En 2005, el urogallo cantábrico fue clasificado como "en peligro de extinción" y, actualmente, quedan menos de 300 ejemplares en libertad, una cifra que continúa disminuyendo (la Junta de Castilla y León reporta un número incluso menor). En 2018, se inició un plan para intentar su recuperación, que incluye la cría en cautividad, la mejora de su hábitat y liberaciones experimentales. La primera de estas liberaciones ha sido un auténtico desastre.
Entre el 23 de octubre y el 4 de noviembre de 2025, se llevó a cabo la primera suelta de 30 urogallos criados en el Centro de Valsemana, en la Zona de Especial Protección para las Aves del Alto Sil, en León. El resultado fue desalentador: como informó el Diario de León, seis meses después, solo quedaba viva una hembra. Los datos de seguimiento, obtenidos mediante dispositivos GPS/GSM y emisores VHF, revelan que 26 de las 29 bajas fueron obra de depredadores como el zorro, aves rapaces o la marta.
Este evento es significativo porque confirma, con cifras contundentes, que la reintroducción de aves gallináceas de bosque criadas en cautividad rara vez tiene éxito, principalmente porque son demasiado ingenuas ante posibles depredadores, un hecho que ya se había demostrado previamente. Con una población silvestre en estado crítico, estos intentos fallidos representan un desperdicio de recursos y tiempo, que biológicamente es escaso para la especie.
Desafortunadamente, no es la primera vez que ocurre una situación similar. Un experimento análogo en Harz (Alemania) tuvo un desenlace parecido: solo el 23% de las aves liberadas sobrevivió, la mayoría de las muertes se produjeron en el primer mes (la vida media fue de 13 días) y el 62% de los decesos fueron atribuidos al zorro. Además de los depredadores, también se detectaron problemas fisiológicos: su aparato digestivo no está tan preparado como el de un ave salvaje para la dieta silvestre.
Antes de la liberación, los urogallos permanecieron entre 12 y 19 días en los voladeros de presuelta, donde se adaptaron bien. Posteriormente, la liberación se realizó de forma gradual y sin incidentes en cinco grupos (tres compuestos solo por machos y dos mixtos). El seguimiento inicial mostró que la mayoría permaneció cerca del punto de suelta, con solo tres ejemplares alejándose más de un kilómetro. La cría en cautividad funciona muy bien, lo que confirma que el problema no es la reproducción de la especie, sino su supervivencia posterior. Aunque el programa ha generado avances y aprendizajes, el balance de resultados en cifras es más pesimista. No existen datos públicos sobre el coste específico de esta suelta, pero sí del programa general: el Centro de Cría de Valsemana, incluyendo su ampliación y la mejora del hábitat del urogallo cantábrico, superó los 5 millones de euros en total.
A pesar de que en términos de supervivencia el resultado ha sido un fracaso, el enfoque no es inviable. Un estudio realizado en Polonia con 22 urogallos jóvenes liberados reveló que su actividad, movimientos y dieta eran similares a los de aves silvestres, concluyendo que la reintroducción de urogallos criados en cautividad puede ser exitosa siempre y cuando se reduzca la mortalidad inicial. De hecho, un programa alemán de los años 80 y 90 logró establecer una población de 30-40 individuos tras liberar 393 aves.
En resumen: la mortalidad inicial es extremadamente alta, pero perfeccionando el entrenamiento antipredatorio y controlando a los depredadores en la zona de suelta, la tasa de supervivencia puede mejorar. De hecho, la propia Junta ya considera estas medidas para futuras acciones.