Ser un padre o madre con sentido del humor no solo es divertido, sino que la ciencia sugiere que es profundamente beneficioso. Estudios recientes indican que una crianza con humor refuerza los lazos familiares, mejora la memoria y el aprendizaje de los niños, y fomenta su resiliencia. Lejos de restar autoridad, esta aproximación puede generar un respeto más duradero y una mejor relación entre padres e hijos.
No es indispensable mantener una actitud seria para ser tomado en serio. Es posible ser jovial y divertido, y al mismo tiempo eficiente y asertivo en nuestras acciones. Esta premisa se aplica al ámbito laboral, a las interacciones sociales y, de manera crucial, a la crianza de los hijos. Los padres que adoptan una postura excesivamente seria no son necesariamente mejores. De hecho, un creciente número de investigaciones sugiere que la crianza basada en el humor contribuye a fortalecer los vínculos entre padres e hijos, y simultáneamente moldea los recuerdos de los niños, asegurando que las lecciones aprendidas en la infancia perduren.
En 2024, un estudio piloto involucró a 312 personas de entre 18 y 45 años. Los participantes completaron encuestas sobre el estilo de crianza que recibieron de sus padres, enfocándose en el uso del humor y la calidad de su relación actual. Un 71.8% de los encuestados afirmó que el humor es una herramienta valiosa en la crianza, basándose en su propia experiencia. Entre aquellos cuyos padres fueron humorísticos, el 50.5% reportó una buena relación con ellos, y el 44.2% consideró que sus padres realizaron un buen trabajo en su educación.
Por el contrario, entre quienes experimentaron una crianza más seria, solo el 2.9% manifestó tener una buena relación con sus padres en la actualidad, y únicamente el 3.6% valoró positivamente la crianza recibida. Los investigadores expresaron que, si bien esperaban resultados favorables para la crianza con humor, la magnitud de la diferencia fue sorprendente.
Según los autores del estudio de 2024, la crianza con humor no solo ayuda a reducir las tensiones entre padres e hijos, sino que también es beneficiosa para el desarrollo cognitivo y social de los niños, estimulando su capacidad de recuperación y su flexibilidad cognitiva y emocional. Adicionalmente, en un artículo para Psychology Today, el psicólogo Steven Sultanoff destaca la utilidad del humor en la crianza, explicando que la risa moldea y refuerza los recuerdos, lo que permite que los aprendizajes se mantengan a lo largo del tiempo.
La afirmación de Sultanoff sobre la risa como fijador de recuerdos está respaldada por múltiples estudios. Por ejemplo, en 2014, científicos de la Universidad de Loma Linda realizaron un experimento en el que un grupo de voluntarios mayores resolvió pruebas de memoria después de ver un video humorístico o neutral. Aquellos que vieron el video de humor obtuvieron resultados significativamente mejores, ya que la risa les ayudó a consolidar los recuerdos, al menos en la memoria a corto plazo. Esto se debe a que la actividad del hipocampo, una región cerebral clave en el procesamiento de recuerdos, puede ser suprimida por el cortisol, pero esta supresión se reduce con la risa.
El humor no solo beneficia la memoria a corto plazo. En general, es provechoso para el aprendizaje, dado que la dopamina, estimulada por el buen humor, influye en la fijación de recuerdos a largo plazo.
Sultanoff también subraya que los niños que desarrollan un buen sentido del humor son más resilientes. “Los niños que pueden reírse a pesar de los pequeños contratiempos de la vida están mejor preparados para los grandes contratiempos”. Por lo tanto, la crianza con buen humor siempre representa una ventaja.
Finalmente, es importante señalar que los padres que incorporan el humor en la crianza no pierden el respeto de sus hijos; más bien, ocurre lo contrario. A menudo se piensa que la seriedad o el enojo son necesarios para mantener el respeto filial, pero muchos expertos disienten. Un ejemplo es la psicóloga especializada en crianza Jane Nelsen, quien indica que los padres enojados suelen encontrar mayor resistencia por parte de sus hijos. En conclusión, si se desea que los hijos respeten, mantengan un vínculo fuerte y recuerden con afecto las enseñanzas, el humor es una herramienta efectiva. No es preciso ser un comediante profesional; basta con hacerlos reír y relajar las tensiones.