Restos óseos de dos individuos incas momificados, hallados en el norte de Chile y datados en las primeras décadas de la colonización europea, han revelado la presencia del virus de la viruela. Este descubrimiento proporciona la primera prueba molecular directa de que la enfermedad fue introducida en América por los colonizadores europeos, un hallazgo crucial para comprender el impacto de las epidemias en la historia del continente.
Una mujer de entre 30 y 35 años y un joven de unos 20, ambos de ascendencia inca, vivieron en el norte de Chile durante el inicio de la colonización europea, entre finales del siglo XV y principios del XVII. Sus cuerpos, momificados en un yacimiento del valle de Camarones, han sido estudiados por arqueólogos. Ahora, el análisis de sus huesos ha corroborado una hipótesis largamente sostenida por los expertos: la viruela fue traída a América por los europeos. Este dato es fundamental para entender el rol de las enfermedades en la colonización y su expansión por el continente americano.
El yacimiento arqueológico Camarones 9, situado en una cuenca del norte de Chile, debe su nombre a la región. Entre las décadas de 1970 y 1980, los arqueólogos desenterraron varias momias de la cultura inca, envueltas en telas que se habían conservado gracias al ambiente seco y salino de la zona. Aunque se conocía el valor histórico del enclave, su verdadera importancia ha sido revelada recientemente. Un equipo de científicos examinó 13 muestras de huesos de estas momias para analizar su ADN en busca de bacterias asociadas a la tuberculosis.
Lo que los investigadores de las universidades de Chile, Tarapacá y el Trinity College Dublin descubrieron en los huesos del yacimiento fue, en cambio, vestigios del virus Variola, causante de la viruela. Los restos fueron encontrados en dos fémures pertenecientes a la mujer y al joven momificados. Originalmente, al observar los cadáveres, los científicos habían notado lesiones cutáneas, pero las atribuyeron a la exposición al arsénico. Las muestras demuestran que la pareja contrajo la enfermedad de la misma cepa, pero lo más sorprendente fue su datación: los restos de viruela datan de las primeras décadas de la colonización europea. Esto significa que los huesos indican un brote de la enfermedad que ocurrió entre 1492 y 1631.
La relevancia de este hallazgo es inmensa. Como explican los investigadores en un artículo publicado en Science, se trata de los “primeros genomas antiguos de viruela en América” y, más importante aún, de la “primera evidencia molecular directa de la introducción de la viruela en América a través de la colonización europea”. Hasta ahora, la principal fuente de información sobre la llegada de la viruela eran documentos escritos, que indicaban que el primer brote registrado históricamente en América ocurrió en 1518 y que la enfermedad se extendió por la región, llegando a México en 1520.
Ahora, los historiadores pueden ir más allá, apoyándose en pruebas genéticas inequívocas. “Lo que sabemos sobre la viruela proviene esencialmente del registro histórico. Este trabajo nos entrega evidencia molecular directa de un contagio para el que no existían antecedentes históricos”, afirma Constanza de la Fuente, investigadora de la Universidad de Chile. Aunque las crónicas y otros registros escritos son valiosos, a menudo ofrecen una perspectiva sesgada, documentando solo los episodios más letales y situando en 1561 el primer caso documentado de viruela en el norte de Chile.
El descubrimiento en Camarones es crucial por dos motivos principales: no solo ha proporcionado pruebas tempranas de la presencia de viruela en América, sino que también permite vincularla directamente con la colonización europea. Esto es posible gracias a las características de las muestras. Al comparar los genomas recuperados con cepas antiguas de Europa, los investigadores verificaron que el linaje de viruela hallado en Camarones proviene del Viejo Continente. “Corresponde a una variante extinta del virus y ocupa una posición evolutiva intermedia entre las cepas europeas medievales y aquellas que dieron origen a las variantes modernas de viruela”, destaca un comunicado de la Universidad de Chile. “El resultado constituye la primera evidencia molecular directa de que la enfermedad fue introducida en el continente durante la colonización”.
Durante décadas, los historiadores han debatido sobre la magnitud de las pérdidas humanas en América durante la colonización y las causas de esta devastación, sopesando el impacto de guerras y abusos frente a hambrunas y la propagación de enfermedades como la gripe, la viruela o el sarampión, que sorprendieron a las poblaciones indígenas en un estado de “virginidad inmunológica”. La primera cuestión, el impacto demográfico, es difícil de determinar, ya que requeriría calcular la población indígena de finales del siglo XV. Las estimaciones varían entre ocho y 112 millones, aunque la mayoría se inclina por una cifra intermedia de 30 o 60 millones. Respecto a cuántos murieron por el choque de la colonización, algunos estudios sugieren que en el siglo XVII se había perdido el 90% de la población precolombina en las áreas afectadas.
La “Gran Mortandad” es una conclusión contundente publicada por un grupo de investigadores en 2019 en The Conversation: “Nuestra nueva estimación sitúa el número de muertos en 56 millones a principios del XVII: el 90% de la población indígena precolombina y alrededor del 10% de la población mundial de la época. Esto convierte a la 'Gran Mortandad' en el mayor evento de mortalidad humana en proporción a la población mundial, solo superado en términos absolutos por la Segunda Guerra Mundial, en la que murieron 80 millones de personas, el 3% de la población mundial de entonces”.
El papel de las enfermedades genera menos debate. Los expertos suelen resaltar el impacto de las epidemias que afectaron los sistemas inmunitarios de poblaciones que habían vivido durante milenios aisladas de sus contemporáneos euroasiáticos y africanos. Para el doctor Muñoz Sanz, las enfermedades fueron, de hecho, más letales que las armas. “Es materialmente imposible que las armas mataran más que las enfermedades y otros factores asociados”, reconoce. “La viruela y el sarampión fueron unos perfectos aliados, involuntarios, en el éxito de la conquista española”.