Un estudio reciente revela que la experiencia del videojuego físico ya no es sinónimo de autonomía. Según DoesItPlay, una parte significativa de los títulos físicos requiere descargas o parches para funcionar correctamente sin conexión. Este hallazgo genera preocupación sobre la preservación de los juegos y la promesa original del disco.
Existe una situación que cualquier aficionado a las consolas reconoce: se adquiere un juego en formato físico, se llega a casa, se abre la caja, se inserta el disco y se espera poder jugar. Es posible que haya una actualización disponible, por supuesto, pero la expectativa común es que el disco contenga el juego y que internet, en todo caso, mejore la experiencia. El problema surge cuando esta expectativa ya no se cumple por completo. Entonces, la incertidumbre no solo afecta a la partida de esa noche, sino también a la posibilidad de conservar ese juego para el futuro, cuando las descargas quizás ya no estén disponibles.
Esa duda ya cuenta con datos concretos. Según las pruebas realizadas por DoesItPlay, una base de datos dedicada a verificar si los juegos físicos operan sin conexión, la mayoría de los lanzamientos analizados siguen siendo jugables desde el soporte físico. Sin embargo, existe una minoría relevante que no ofrece la experiencia completa o correcta sin algún tipo de descarga o corrección externa. En el conjunto de su catálogo probado, el 27% está asociado a problemas que van desde errores graves o contenido faltante hasta casos en los que se requieren archivos que no están incluidos en el soporte físico. La clave reside en el matiz: no todos esos juegos son imposibles de iniciar, pero tampoco todos conservan intacta la promesa tradicional del disco.
El valor de DoesItPlay radica en que intenta recrear un escenario muy específico: qué sucede si el juego se instala y se ejecuta sin conexión desde la copia física. Para lograrlo, sus pruebas se realizan con hardware desconectado, instalaciones limpias y perfiles locales, sin iniciar sesión en servicios externos que puedan complementar o validar la experiencia. Este método permite diferenciar entre un disco que funciona por sí solo y otro que depende de elementos que no están realmente en la caja. No se trata de una medición comercial del mercado, sino de una base de datos de pruebas prácticas orientada a la preservación y al uso sin conexión.
No estamos hablando de una categoría única, sino de varios grados de deterioro de la experiencia sin conexión. DoesItPlay distingue entre juegos que mantienen una base funcional, pero no llegan limpios al usuario, y otros en los que la parte faltante tiene un peso mucho mayor en la experiencia final. Este matiz evita exagerar el problema, pero también impide minimizarlo. Si casi tres de cada diez entradas probadas necesitan algún tipo de corrección o complemento para estar como deberían, el disco ya no puede considerarse siempre como una copia completa.
Las cifras por consola ayudan a contextualizar el problema, pero no deben interpretarse como si todas las muestras tuvieran el mismo peso. En PS5, con 792 lanzamientos físicos probados, DoesItPlay estima que el 34% no funciona plenamente como se esperaba sin un parche. En Xbox Series X, la proporción de discos completos y jugables desde la copia física se sitúa en el 50%, aunque este dato proviene de solo 78 entradas. Nintendo Switch se posiciona mejor en esta comparación, con un 75%, pero también con una base reducida de 48 juegos.
La discusión se intensifica, además, con una fecha clave en el calendario. A partir de enero de 2028, Sony dejará de producir discos físicos para todos los nuevos juegos que lleguen a las consolas PlayStation, aunque los títulos ya editados en ese formato seguirán quedando fuera de este cambio. Es una decisión que ha generado descontento entre quienes defienden la compra, el préstamo, la reventa o la conservación de juegos en formato físico. Los datos de DoesItPlay no explican por sí solos este giro, pero sí añaden una nueva capa a una conversación que ya venía siendo intensa.
Lo que se está degradando es el alcance de una opción que durante años parecía clara. Primero llegaron ediciones en disco que no siempre se sostienen bien sin elementos externos; después, formatos físicos que en algunos casos funcionan más como una clave de descarga que como una copia completa; y ahora Sony ha puesto sobre la mesa el siguiente paso, que esa alternativa desaparezca para los nuevos lanzamientos de PlayStation. No son fenómenos idénticos, pero apuntan en la misma dirección: el formato físico no se está extinguiendo de golpe, se está reduciendo por partes.