Asfalto blanco en Los Ángeles: Una década de pruebas para combatir el calor urbano con resultados limitados

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Los Ángeles ha estado probando durante una década la técnica de pintar el asfalto de blanco para mitigar el efecto "isla de calor" en la ciudad. Inspirada en prácticas ancestrales como el encalado de casas, esta iniciativa buscaba reducir las temperaturas ambientales. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, los resultados obtenidos hasta ahora han sido modestos y han generado un debate sobre su eficacia y viabilidad a gran escala, especialmente por los altos costos y posibles efectos secundarios.

Los paisajes no surgen al azar, aunque a menudo lo parezcan. Un claro ejemplo son los pueblos blancos de Andalucía, donde el encalado de las casas se adoptó inicialmente para prevenir la propagación de enfermedades, especialmente durante las epidemias del siglo XIX. Esta técnica también ofrecía otra ventaja clave: el color blanco, que refleja el calor y ayuda a mantener el interior de las viviendas más fresco.

No obstante, la efectividad del encalado va más allá de la simple reflexión de la luz. Como se ha señalado, pintar las paredes interiores de blanco también contribuía a reducir la humedad, lo que disminuía la sensación de bochorno al secar el ambiente y estabilizar la temperatura. Esta práctica, utilizada desde hace siglos (incluso por los romanos), demostró ser beneficiosa, aunque en aquel entonces no se comprendieran completamente sus mecanismos. Posteriormente, se destacó la importancia del blanco para reflejar la luz solar. Sin embargo, con el uso de pinturas modernas que sellan las paredes, se ha observado que, en términos climáticos, pintar de blanco no es suficiente; se requiere una intervención integral.

Todo esto sirve para ilustrar que, en algún momento, alguien experimentó con el encalado y verificó su eficacia. El paisaje, por tanto, no es un producto del azar, sino el resultado de pruebas que eventualmente arrojan buenos resultados. Hace una década, una idea similar surgió en Los Ángeles: pintar el asfalto de blanco para mitigar el calor. Sin embargo, hasta el momento, esta iniciativa no se ha extendido ampliamente.

Mis amigos suelen sonreír con suficiencia cuando les explico que en mi pueblo de Extremadura, a 42ºC, se siente menos calor que en Madrid con temperaturas ligeramente inferiores. Yo, a mi vez, sonrío con suficiencia cuando consigo dormir por la noche. Y es que no estoy completamente equivocado. Lo que ocurre es el conocido efecto "isla de calor", un fenómeno que explica por qué la temperatura en el centro de una ciudad es más alta que en sus alrededores. El asfalto, debido a su capacidad para retener calor, es uno de los principales factores. Algunos estudios indican que la temperatura media en Valencia es 4,1ºC superior a la de las afueras, llegando a registrar diferencias de hasta 11ºC en algunas ciudades.

En otros estudios, la temperatura se elevó hasta 12ºC. La alta densidad de población, que incrementa el uso de aires acondicionados y vehículos, los edificios elevados y el asfalto que retiene el calor, explican por qué, basándose puramente en la temperatura del termómetro, es más difícil dormir en una gran ciudad que en el campo.

Una solución que se ha estado probando en Los Ángeles durante una década es pintar el asfalto de blanco. La elección de esta ciudad no es casual, ya que posee todos los elementos para ser una de las mayores islas de calor del planeta: calor sofocante, alta densidad de población, un centro urbano con edificios muy altos y una gran cantidad de coches, que requieren extensas calles.

Por esta razón, se inició el proyecto CoolSeal, con el objetivo de reducir la temperatura del asfalto y, consecuentemente, del ambiente en 3ºC en un plazo de tres años, de los cuales ya ha transcurrido la mitad. Para ello, se aplicó y se sigue aplicando un revestimiento especial en las calles, originalmente utilizado para camuflar pistas de aterrizaje ante sensores infrarrojos. En su momento, el Ayuntamiento explicó que "el área cubierta por CoolSeal está 5 grados más fría que las áreas de asfalto negro del mismo aparcamiento". Este mismo sistema también se ha empleado en tejados para reducir el calor acumulado en las azoteas.

Cuando se abordó este tema hace casi una década, se señalaron grandes desafíos, principalmente el coste. Según un informe de CBS un año después, repintar una milla (1.609 metros) implicaba un gasto de 40.000 dólares (aproximadamente 53.170 dólares en 2026). Las calles de la ciudad suman unas 23.000 millas, lo que significaría un gasto cercano a los 1.300 millones de dólares para pintar todo el asfalto de la ciudad.

El sistema, según The Conversation, es eficaz, pero puede serlo en exceso. El artículo sugiere que no es conveniente implementar este pavimento en todas las calles, ya que en las vías estrechas con edificios altos, el sol apenas llega al asfalto, haciendo que la inversión sea poco rentable. Además, el problema puede ser mayor: reflejar la luz solar implica que ese calor se redirige a otras zonas. Cuando estas zonas son edificios residenciales, la temperatura en ellos aumenta y las ventajas se pierden. Por ejemplo, se observa que la temperatura en el asfalto es más baja, pero no así en las aceras debido al efecto del recubrimiento claro. Mientras que algunas personas notaron la diferencia, otras no fueron conscientes de la reducción de temperatura.

En Urbanomy se defiende una postura similar. Se puso el foco en Lyon (Francia), donde una prueba parecida fue desechada debido a la enorme inversión requerida y las ventajas poco significativas. Se argumentó que las reformas deben ser integrales y que plantar árboles en las calles es más beneficioso que implementar este "asfalto frío". Cory Dakota Setter en Medium expresó una opinión similar. Además, en The Conversation se explicó que la producción de este producto genera más emisiones de efecto invernadero que el asfalto convencional.

Por lo tanto, los resultados en cuanto a eficacia han sido limitados. No es casualidad que se sigan buscando nuevos tipos de asfalto para reducir la temperatura en nuestras ciudades, ya que, nos guste o no, siguen siendo islas de calor insoportables durante el verano.