La Raspberry Pi, reconocida por su accesibilidad, enfrenta un desafío significativo debido al encarecimiento de componentes como la memoria RAM, lo que ha elevado considerablemente sus precios. Esta situación ha propiciado el auge del chip ESP32, una alternativa más económica y versátil, especialmente para proyectos de internet de las cosas. La diferencia de coste está llevando a los entusiastas a reevaluar sus necesidades de hardware y optar por soluciones más ajustadas.
Durante años, Raspberry Pi fue sinónimo de informática accesible. Sus placas todo en uno permitían ensamblar un ordenador por menos de 60 euros, básico pero funcional para la mayoría de las situaciones, incluida la programación. Sin embargo, con las iteraciones sucesivas de la familia, un factor está afectando a Raspberry: el encarecimiento de componentes como la memoria RAM. Esto ha permitido que un chip más modesto, el ESP32, gane terreno.
Adquirir una Raspberry Pi se ha alejado de la compra impulsiva. Los precios de las placas actuales se han multiplicado en poco más de un año. Basta con revisar el catálogo para comprobar cómo se ha desvirtuado por completo su principal ventaja: una Raspberry Pi 5 de 8 GB supera los 180 euros, y la de 16 GB asciende a más de 300 euros. Con ese precio, se podría adquirir un ordenador de segunda mano más que decente, o incluso uno nuevo.
Eben Upton, CEO de Raspberry Pi, explicó claramente en el blog oficial de la compañía que la LPDDR4 utilizada en la Pi 4 y la Pi 5 cuesta siete veces más que hace un año. El responsable es bien conocido: la inteligencia artificial y la voracidad de sus centros de datos. El resultado son tres subidas de precio para la Raspberry Pi 5 de 16 GB en poco más de cuatro meses: 25 dólares en diciembre de 2025, 60 más en febrero de 2026 y otros 100 en abril. Los costes de la memoria RAM han obligado a Raspberry a asumirlos en sus placas. La empresa ha intentado reducir el impacto potenciando las placas con menor capacidad de RAM, las de 1 y 2 GB, que son suficientes para desarrollos caseros ajustados, aunque la competencia está ejerciendo una fuerte presión en este segmento económico.
El ESP32 es un System on a Chip o SoC fabricado por Espressif, un procesador que incluye CPU, SRAM, WiFi y Bluetooth, además de otras funciones que permiten expandir las capacidades del chip. Se distribuye en placas ya preparadas para desarrollo casero e incluso en módulos terminados con pantalla táctil, entrada de almacenamiento y conectores de expansión. La mayoría de las placas con el SoC ya montado se venden por debajo de los diez dólares. Dado que el ESP32 no utiliza memoria LPDDR, no depende del mercado que disparó los precios de Raspberry y de la mayoría de los dispositivos con ese tipo de RAM, como los móviles. No es que las placas con ESP32 sean más baratas por su mayor economía en diseño y componentes, sino que permanecen al margen de esta crisis, aunque no son inmunes, ya que algunas sí montan memoria externa.
El ESP32 no sustituye a Raspberry Pi, ya que su orientación es diferente: mientras Raspberry aspira a convertirse en un equipo informático completo, el ESP32 se enfoca en el entorno básico del internet de las cosas. No obstante, lo de 'básico' es un concepto, porque las posibilidades del ESP32 son inmensas; lo que, unido a su bajo precio, lo está convirtiendo en una verdadera mina para los 'makers'.
Durante una década, la respuesta por defecto a la pregunta "quiero montar algo genial" era una Raspberry Pi, incluso si la idea era tan básica como encender una bombilla con un sensor de movimiento. Sobredimensionar resultaba económico, pero ahora ya no: cuando la placa se dispara de precio, la pregunta deja de ser cuál comprar y pasa a ser cuánta máquina se necesita realmente. La respuesta honesta ante una pregunta de capacidad es que necesitamos mucha menos de la que veníamos utilizando. La Raspberry Pi sigue siendo imbatible cuando se necesita un sistema operativo Linux completo. El problema para Raspberry es que casi nunca es necesario, como demuestran los desarrollos sobre ESP32.