Lo que inicialmente se interpretó como un terremoto en Nepal resultó ser una devastadora avalancha de hielo y roca. Este evento ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del Himalaya, donde 47 lagos glaciares son considerados potencialmente peligrosos. La mayoría de estos lagos se encuentran fuera de las fronteras nepalíes, planteando un desafío internacional para la prevención de futuras catástrofes.
La catástrofe que azotó Nepal no fue un terremoto, sino el desprendimiento de una vasta masa de hielo y roca de un glaciar a unos 5.000 metros de altitud. Esta masa cayó más de un kilómetro, transformándose en una avalancha que desencadenó una crecida devastadora. Este suceso ha enfocado la atención en un problema mayor en el Himalaya: la existencia de 47 lagos glaciares clasificados como potencialmente peligrosos, más de la mitad de los cuales se encuentran fuera de las fronteras de Nepal.
Las primeras señales sísmicas llevaron a pensar en un terremoto, pero análisis posteriores indicaron un origen diferente. Una sección de glaciar de aproximadamente 600 metros de ancho se desprendió a más de 5.000 metros y cayó casi 1.200 metros hacia el fondo del valle. Daniel Shugar, geólogo de la Universidad de Calgary, quien estudió las imágenes satelitales, describió el lugar del impacto como si "hubiera explotado una bomba": la enorme energía potencial de esa masa pulverizó el hielo, convirtiéndolo, junto con rocas y agua, en una corriente extremadamente violenta.
La magnitud del evento fue tal que confundió a los geólogos. Los sensores registraron alrededor de las 8:40 de la mañana el movimiento repentino de una enorme masa montaña abajo, seguido inmediatamente por una señal correspondiente a una inundación. El Servicio Geológico de Estados Unidos inicialmente registró un terremoto de magnitud 4,4, pero posteriormente determinó que no fue un seísmo. Fue el propio movimiento de tierras el que produjo la señal sísmica, cuya fuerza llegó a equivaler a una magnitud 5,2.
Los científicos señalan que se trató de una avalancha de hielo y roca que, al descender por el valle, se transformó en una corriente de agua y escombros. No obstante, advierten que la extraordinaria cantidad de agua observada sugiere que aún podría haber otros factores por descubrir.
La violencia de la catástrofe fue difícil de anticipar, ya que no se habían registrado precipitaciones en la zona afectada. Esto significó que las poblaciones río abajo no tuvieron el aviso natural que suele acompañar a una inundación. Se cree que la avalancha bloqueó el Lhende Khola, un afluente del Bhote Koshi, hasta que la acumulación liberó una enorme oleada aguas abajo que alcanzó Timure, Rasuwagadhi y, posteriormente, el sistema del Trishuli. En uno de los momentos más críticos, las mediciones hidrológicas indicaron que el nivel del Trishuli aumentó hasta nueve metros en apenas treinta minutos. Esta riada descomunal causó al menos 165 muertos, cientos de desaparecidos y arrasó al menos 19 puentes, además de carreteras, centrales hidroeléctricas e instalaciones públicas.
Los lagos glaciares se forman cuando el agua del deshielo se acumula junto a un glaciar o en las depresiones que este deja al retroceder. Muchos están contenidos por morrenas, acumulaciones naturales de rocas, sedimentos y hielo transportadas por el glaciar, que actúan como presas. Sin embargo, estas morrenas pueden ser mucho más vulnerables que una estructura artificial.
El peligro surge cuando el nivel del agua aumenta o cuando una avalancha de hielo o roca cae sobre el lago. La ola resultante puede desbordar o romper la barrera de la morrena, liberando repentinamente enormes cantidades de agua y escombros valle abajo. Este fenómeno se conoce como GLOF (glacial lake outburst flood) y puede propagarse por decenas o incluso cientos de kilómetros.
El desastre del Bhote Koshi no se ha atribuido al colapso de uno de esos lagos, lo cual es una distinción importante. Sin embargo, ha demostrado lo que puede ocurrir cuando una enorme masa almacenada en las alturas del Himalaya se libera repentinamente sobre sus estrechos corredores fluviales. Que semejante masa de hielo pueda caer prácticamente en vertical un kilómetro lo hace aún más temible. De hecho, un inventario elaborado por ICIMOD y el PNUD ha identificado 47 lagos glaciares potencialmente peligrosos en las cuencas del Koshi, Gandaki y Karnali. Estos lagos se clasifican según factores como la estabilidad de sus presas naturales, la actividad de los glaciares que los alimentan y las características del terreno. La concentración es extraordinaria: 42 de los 47 están en la cuenca del Koshi, mientras que tres corresponden a la del Gandaki y dos a la del Karnali.
Aquí surge un problema que convierte una amenaza geológica en un desafío internacional: solo 21 de esos 47 lagos están dentro de Nepal. Otros 25 se encuentran en la Región Autónoma del Tíbet, bajo control chino, y uno en India. Esto significa que más de la mitad de los lagos potencialmente peligrosos para estas cuencas están fuera del territorio nepalí.
Muchos de estos lagos se encuentran en cabeceras de ríos que posteriormente descienden hacia Nepal por valles abruptos. Así, una ruptura en territorio chino podría enviar una crecida hacia poblaciones, carreteras, pasos fronterizos y centrales hidroeléctricas nepalíes antes de que las autoridades del país puedan reaccionar.
Las autoridades nepalíes y el PNUD han señalado cuatro lagos (Thulagi, Lower Barun, Lumding Tsho y Hongu 2) como prioritarios para actuaciones que incluyen reducir artificialmente sus niveles de agua y mejorar los sistemas de vigilancia y alerta temprana, después de haber realizado intervenciones similares en Tsho Rolpa e Imja Tsho. Sin embargo, reducir el riesgo de los 26 lagos situados fuera del país exige otra herramienta: el intercambio de datos y la cooperación transfronteriza, especialmente con China, para detectar con suficiente antelación cualquier cambio peligroso aguas arriba. La tragedia del Bhote Koshi ha demostrado por qué esos minutos importan: en el Himalaya no hace falta un terremoto ni una tormenta para desencadenar una catástrofe; basta con que una enorme masa de hielo almacenada a cinco kilómetros de altura deje de estar donde llevaba décadas.