Una reciente investigación internacional, con participación del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), sugiere que la restauración parcial del mar de Aral podría prevenir la liberación de 605 megatoneladas adicionales de dióxido de carbono. Este enfoque no solo ofrecería una estrategia para combatir el cambio climático, sino que también generaría ingresos significativos a través de créditos de carbono, abordando uno de los mayores desastres ambientales globales.
Un estudio internacional, en el que ha colaborado el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (Imedea), concluye que la inundación parcial del mar de Aral podría prevenir la emisión de 605 megatoneladas extra de dióxido de carbono (CO₂) y generar miles de millones de dólares por créditos de carbono. La investigación, publicada en la revista Science y encabezada por científicos del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB-CSIC), contó con el apoyo del investigador del Imedea (CSIC-UIB) Joan Pere Casas Ruiz, y plantea que la recuperación parcial del antiguo lago podría ser una herramienta para reducir el cambio climático.
El trabajo analiza las repercusiones de la desecación del mar de Aral, considerado uno de los mayores desastres ambientales del planeta. El lago, que llegó a ser el cuarto más extenso del mundo, comenzó a desaparecer en la década de 1960 después del desvío de los ríos que lo alimentaban para proyectos de riego y, desde entonces, se ha transformado en un vasto desierto salino con importantes efectos ambientales, sociales y económicos.
Los investigadores explican que los grandes lagos continentales cumplen una función esencial en el ciclo global del carbono al almacenar materia orgánica en sus sedimentos por periodos prolongados. Sin embargo, cuando estos ecosistemas se secan, los sedimentos quedan expuestos al aire y el carbono acumulado durante siglos empieza a liberarse a la atmósfera en forma de dióxido de carbono.
El estudio estima que desde 1960 el lecho seco del mar de Aral ya ha emitido 748 megatoneladas de CO₂, pero advierte que aún permanece sepultada una enorme reserva de carbono, cuya liberación podría evitarse si una parte del sistema volviera a inundarse.