Una investigación reciente ha revelado que varias princesas del Antiguo Egipto, hace aproximadamente 3,700 años, emplearon arcos y otras armas en su vida diaria, desmintiendo la creencia de que estos objetos hallados en sus tumbas eran meramente simbólicos. El estudio, basado en el análisis de restos óseos, encontró evidencia de uso real de armas, apoyado por marcas detectadas en los huesos de las princesas debido a la práctica constante del tiro con arco.
Un estudio de restos óseos descubiertos en Dahshur refuta la idea de que las armas encontradas en sepulcros de mujeres de la realeza eran únicamente insignias de poder. Un grupo de científicos de Egipto y el Reino Unido ha determinado que varias princesas del Antiguo Egipto manejaron arcos y otras herramientas bélicas en vida, hace aproximadamente 3,700 años, desmintiendo la noción de que estos artículos poseían exclusivamente un valor ceremonial. La investigación, publicada en la revista Frontiers in Environmental Archaeology, concluye que las armas halladas en las tumbas de las princesas muestran indicios de un empleo genuino, confirmados por marcas dejadas en sus huesos debido a la práctica frecuente de la arquería.
Los restos permanecieron desatendidos por más de un siglo. La investigación se fundamentó en los huesos del faraón Hor y de cinco princesas: Ita, Khenmet, Itaweret, Noub-Hotep y Sathathormeryt, descubiertos entre 1894 y 1895 en el complejo piramidal de Dahshur, al sur de El Cairo. Después de las excavaciones, los esqueletos fueron trasladados al Museo Egipcio de El Cairo, donde estuvieron guardados por más de cien años sin ser examinados con técnicas modernas. Solo el rey Hor y la princesa Noub-Hotep habían sido estudiados parcialmente en el siglo XIX, mientras que los restos de las demás princesas quedaron prácticamente olvidados.
Los huesos revelaron entrenamiento con armas. Los investigadores reexaminaron los restos mediante análisis osteológicos, radiografías y estudios químicos de los materiales usados durante el embalsamamiento. Las señales detectadas en los brazos, antebrazos y manos de Khenmet, Itaweret y Noub-Hotep son compatibles con movimientos repetitivos característicos del tiro con arco. Según los autores, las adaptaciones óseas observadas, incluyendo asimetrías, mayor desarrollo muscular y modificaciones en los metacarpos, sugieren que las princesas utilizaron estas armas de forma habitual y no solo como parte de ritos funerarios. Este descubrimiento aporta nuevas pruebas al debate arqueológico sobre el papel que desempeñaron las mujeres de la realeza en el Antiguo Egipto.
También revelaron enfermedades y parentescos. El estudio identificó además diversos problemas de salud entre los miembros de la familia real. El faraón Hor mostró signos de desnutrición o infecciones durante la infancia, mientras que la princesa Khenmet presentó pérdida de densidad ósea en la edad adulta. Los científicos también encontraron fracturas completamente sanadas, lo que indica que la medicina egipcia ya era capaz de tratar con éxito lesiones complejas. Asimismo, detectaron varias anomalías congénitas compartidas, como espina bífida, vértebras fusionadas y alteraciones en algunas articulaciones, indicios que sugieren matrimonios entre miembros de la misma familia.
Embalsamamiento de élite. Los análisis químicos revelaron que casi todos los cuerpos fueron embalsamados usando una mezcla de incienso y resina de Juniperus oxycedrus, un tipo de enebro, siguiendo un procedimiento reservado para integrantes de la realeza. Los investigadores consideran que estos hallazgos permiten reconstruir con mayor exactitud la vida diaria, el estado de salud y las relaciones familiares de la élite del Imperio Medio.
Quieren reconstruir la historia completa de la familia real. La autora principal del estudio, Zeinab Hashesh, explicó que el propósito del equipo va mucho más allá de identificar a los miembros de la realeza. “Nuestro anhelo es reconstruir sus historias de vida completas: sus familias, su salud e incluso sus roles políticos”, afirmó. El equipo también planea llevar a cabo análisis de ADN antiguo e isótopos estables para conocer con mayor detalle el origen, la alimentación y los lazos familiares de estos personajes históricos, una vez obtengan la aprobación de las autoridades egipcias.
Expertos destacan el valor del hallazgo. El médico e historiador Eduardo Scarlato, director del Museo del Hospital de Clínicas “José de San Martín” de la Universidad de Buenos Aires, señaló que investigaciones como esta demuestran el potencial de la bioarqueología para reconstruir la vida de personas que vivieron hace miles de años. Según explicó, el análisis de los huesos, tejidos y objetos funerarios permite conocer aspectos relacionados con la alimentación, enfermedades, lesiones, tratamientos médicos e incluso las actividades físicas que realizaban en vida.