La ciudad de Ceuta, aunque recuperando la normalidad, aún procesa los eventos recientes que vieron a miles de migrantes marroquíes cruzar su frontera. Mientras la mayoría ha regresado, la comunidad debate las causas y responsabilidades de esta afluencia. Esta situación ha reavivado la discusión sobre la migración en Europa, con diversas opiniones sobre quién debe asumir la culpa.
Ceuta, el fin de semana, ya no manifestaba el estado de alerta máxima, pero los sucesos de los últimos días permanecían grabados en la conciencia colectiva. La mayoría de los aproximadamente 60.000 migrantes que accedieron a nado, escalando y luego irrumpiendo en el pequeño enclave español en el norte de África durante la semana, habían retornado a pie a Marruecos para el domingo, mientras otros intentaban integrarse y permanecer.
Los navíos de la Guardia Civil española continúan la búsqueda de cuerpos de migrantes en las aguas adyacentes al sector de playa urbana que miles de individuos atravesaron hace jornadas. Los comercios de Ceuta reabrieron, y la habitual concurrencia de residentes y turistas en la urbe de 84.000 habitantes llenaba las terrazas al aire libre, los establecimientos de comida y los cafés. No obstante, la ciudad, que se enorgullece de ser sede de cuatro culturas, seguía gestionando las secuelas del súbito incremento en la frontera, con los habitantes en desacuerdo sobre las causas y la identidad de los responsables.
El arribo multitudinario a la frontera reactiva la polémica migratoria en Europa. Al menos 72 migrantes fallecieron, incluyendo algunos que se ahogaron y otros que perdieron la vida en una avalancha al intentar franquear una barrera de escollera, informaron las autoridades españolas el domingo. La emergencia humanitaria provocada por la inesperada llegada masiva de personas ha reactivado una discusión acerca de la inmigración en Europa y más allá.
“Los jóvenes no son los culpables”, comenta Mohamad Abdelkader Driss, de 44 años, mesero en un restaurante de pescado frito del centro. “Si se abre la frontera, es natural que todos entren, pero los muchachos no tienen la culpa, la culpa recae en los adultos y en quienes tienen el poder”.
Algunos migrantes que regresaron a Marruecos describieron una frontera que, en la práctica, se encontraba abierta y señalaron que las autoridades actuaron con poca intervención mientras observaban a miles de individuos cruzar. Las entradas no autorizadas del jueves y viernes, de entre 50.000 y 60.000 personas —en su mayoría hombres jóvenes—, incrementaron la población de Ceuta en más de la mitad. Abdelkader lamentó lo sucedido, pero afirmó que quienes cruzaron la frontera se comportaron de manera relativamente adecuada. “Pudo haber sido mucho peor”, manifestó.