Cuba ha experimentado interrupciones eléctricas masivas y prolongadas, afectando gravemente el suministro de agua y gas, lo que ha exacerbado el malestar ciudadano. La situación energética se agrava por la limitada producción interna y las restricciones de importación de crudo. Mientras el país busca restablecer sus servicios, el descontento social crece ante las dificultades cotidianas.
La Habana, la capital cubana, comenzó el mes de agosto con una serie de cortes de energía que dejaron a la mayor parte del territorio nacional sin electricidad por tres días consecutivos. Aunque la nación se recupera paulatinamente de esta situación, los apagones se vuelven más recurrentes, alimentando un creciente descontento entre la población.
La actual crisis de energía en Cuba se atribuye a una combinación de factores internos y externos. Por un lado, la capacidad de generación eléctrica del país es insuficiente. Por otro lado, las sanciones impuestas por Estados Unidos desde enero impiden a la isla adquirir petróleo y sus derivados en el mercado internacional, a pesar de que Cuba necesita importar aproximadamente la mitad de su consumo energético.
Este martes, la empresa estatal Unión Eléctrica (UNE) informó que continúan los esfuerzos para reestablecer el Sistema Eléctrico Nacional, que ya se encontraba operativo desde Pinar del Río, en el oeste, hasta Holguín, en el oriente de Cuba. La UNE indicó a través de sus canales de comunicación que se está trabajando para incorporar las provincias de Santiago de Cuba, Guantánamo y Granma, ubicadas en el extremo oriental de la isla.
Los efectos de casi tres jornadas completas sin electricidad son palpables, como describe Yaremis Pérez, una madre de 30 años con una bebé de siete meses y un niño de cuatro años. Ella relata que ha tenido que dormir en el pasillo de su vivienda con sus hijos. Esta joven, residente del barrio de Marianao en La Habana, confirma que, además de la falta de luz, también carecen de agua y gas para cocinar. Pérez, con resignación, se preguntaba: “¿Pero qué vamos a hacer?”, y añadió que “no se puede decir nada, hay que quedarse callado”, aludiendo a la imposibilidad de los cubanos de expresar libremente sus padecimientos diarios. Mientras aguardaba en una fila bancaria para intentar “retirar dinero, para comprar algo”, Pérez lamentaba que “todo está mal” en el país caribeño.
Las largas esperas en las entidades bancarias estatales también se han vuelto una imagen habitual. Los prolongados cortes de electricidad en Cuba complican las transacciones a través de plataformas digitales y han limitado aún más el acceso a dinero en efectivo. Esta problemática afecta directamente a Rafael González, otro residente de La Habana de 66 años, quien expresaba sus quejas a las afueras de un banco en Marianao sobre estas dificultades y la tensa situación energética. Él comentó que “desde el jueves (de la semana pasada) estoy aquí”, y señaló que “cuando no es la conexión, son solo 5.000 pesos” lo que puede retirar de sus cuentas, una cantidad que equivale a 41 dólares en el mercado informal, pero apenas 7 dólares al cambio oficial.
El Banco Central de Cuba eliminó en julio los límites para pagos y cobros en efectivo que estaban vigentes desde agosto de 2023, los cuales restringían a 5.000 pesos por operación. Esta medida había sido parte de la llamada “bancarización”, adoptada en un esfuerzo por controlar el mercado no oficial y la escasez de billetes. Sin embargo, cada día los bancos de La Habana amanecen llenos de personas, especialmente personas mayores, que no logran obtener dinero en efectivo.