El anfiteatro de La Romana se transformó en un espacio de recuerdos y emociones el sábado por la noche, cuando Isabel Pantoja celebró medio siglo de carrera artística. La cantante española ofreció un concierto que se sintió como una conversación íntima con su público, reviviendo su historia a través de sus canciones más emblemáticas. El evento, cargado de nostalgia y sentimiento, unió a generaciones de seguidores.
El sábado por la noche, el conocido anfiteatro de La Romana dejó su rol de simple escenario turístico para convertirse en un gran lugar de recuerdos, emociones y vivencias hechas canción. Allí, ante miles de personas, la artista española festejó sus 50 años de trayectoria con un concierto que se sintió más como una charla cercana entre una mujer marcada por la vida y un público que creció escuchando sus interpretaciones. A las 9:15 PM, un cuarto de hora luego de lo previsto, apareció en el escenario con la sobria elegancia que la ha caracterizado por décadas. En ese instante sonaron los primeros acordes de “Del olvido no me acuerdo”, dando inicio a una noche donde el ayer fue el principal protagonista.
Desde el principio quedó claro que Isabel Pantoja no solo venía a interpretar sus éxitos. Venía a traer de vuelta su historia. A remover sentimientos. A aceptar de nuevo canciones que por años le causaron mucho dolor. El anfiteatro se transformó rápidamente en un coro colectivo. “Buenos días tristeza”, “No discutamos”, “Hazme tuya una vez más”, “Nada”, “Dímelo” y “Hasta que se apague el sol” fueron cantadas a la vez por un público que parecía conocer cada frase desde el recuerdo emotivo y no solo por la música. Se vieron lágrimas discretas entre algunas parejas. Mujeres cantando con los ojos cerrados. Hijas abrazadas a sus madres. Hombres mayores moviendo suavemente los labios mientras miraban el escenario como quien regresa a otra etapa de su vida. Pantoja logró algo complejo: unir a varias generaciones. Jóvenes que crecieron escuchándola en las casas de sus abuelos compartían las canciones con quienes llevan décadas siguiéndola.
En varios momentos de la noche, la artista interrumpió el concierto para hablar con sinceridad sobre el significado de la música en su vida. Agradeció el afecto recibido en República Dominicana y declaró sentirse muy feliz por presentarse por primera vez en Chavón. “Han sido para mí el descanso más bonito y más feliz que he tenido en casi toda mi vida”, dijo emocionada.
Uno de los momentos más íntimos llegó con el “Popurrí canciones que me gustan”, una selección que confesó haber grabado durante la pandemia y que dedicó a su difunto esposo, el torero Francisco Rivera Pérez, conocido como Paquirri. Fue entonces cuando el concierto dejó de ser multitud para mostrar vulnerabilidad. La voz de Isabel ya no sonaba únicamente potente: sonaba humana. Con “Marinero de luces”, “Pensando en ti” y “Era mi vida él”, todo el anfiteatro pareció contener la respiración. Durante años, confesó, evitó cantar esas canciones por el peso emocional que significaban. Pero decidió volver a incluirlas en su repertorio para América. Y la reacción fue inmediata: grandes ovaciones, personas de pie, lágrimas visibles en muchas filas del anfiteatro.
La espiritualidad también tuvo un lugar en la noche. “Virgen del Rocío” llenó el escenario de solemnidad y luego dedicó palabras especiales a Virgin of Altagracia, un gesto que el público dominicano respondió con una cálida ovación.
Acompañada por una banda de músicos, pianista y la Orquesta Filarmónica de Santo Domingo bajo la dirección de Carlos Checa y el maestro Amaury Sánchez, Pantoja mantuvo el escenario durante más de dos horas solo con la fuerza de su voz y su presencia. No necesitó grandes efectos visuales. El espectáculo apostó más por la elegancia clásica que por el exceso tecnológico. Y quizá ahí estuvo parte de su fuerza: todo se centraba en la interpretación.
En uno de los momentos más aplaudidos de la noche, defendió la música en vivo con una frase que provocó vítores del público. “Aquí no hay nada grabado, ni la tos”, dijo entre risas y aplausos.
Cuando parecía que la noche llegaba a su fin, Isabel Pantoja aún tenía un último gesto para el público dominicano. Regresó al escenario para interpretar “Así fue” en versión bachata, acompañada por Amaury Sánchez. Entonces ocurrió algo inusual: la diva española comenzó a dar pequeños pasos al ritmo dominicano mientras el público se levantaba de sus asientos para cantar y bailar. La ovación final fue extensa. De esas que parecen resistirse a terminar porque el público entiende que el momento ya no volverá a repetirse igual. Y así, entre bachata, copla, confesiones y recuerdos, Isabel Pantoja cerró una noche donde no solo celebró 50 años de carrera. También confirmó algo que el público dominicano le hizo sentir durante toda la noche: que todavía hay canciones capaces de sobrevivir al tiempo porque siguen encontrando refugio en las emociones más profundas de la gente.