Propuesta para un Sistema de Alerta Temprana con Boyas y Bocinas en la Costa de Santo Domingo

Nacionales
La costa de Santo Domingo podría ser el lugar piloto en República Dominicana para un novedoso sistema de alerta temprana. Este plan contempla la implementación de boyas inteligentes en el mar y bocinas en tierra para fortalecer la prevención y respuesta ante fenómenos naturales como ciclones, terremotos y tsunamis. La iniciativa busca proteger a la población en una de las zonas urbanas y costeras más importantes del país, incluso frente a fallas en las comunicaciones.

La puesta en marcha de una red integrada de boyas avanzadas en el océano y sistemas de sonido de advertencia en tierra podría establecer la costa de Santo Domingo como el área de prueba inicial en República Dominicana. El objetivo es mejorar la capacidad de respuesta y prevención frente a ciclones, huracanes, sismos, tsunamis y otras manifestaciones de la naturaleza. La propuesta sugiere comenzar con un segmento de varios kilómetros que se extendería desde la franja costera de Boca Chica, en Santo Domingo Este, a lo largo de todo el Malecón de Santo Domingo, hasta alcanzar Haina y San Cristóbal. Esto permitiría visualizar las consecuencias de un evento catastrófico durante momentos de alta congestión vehicular. Esta etapa inicial facilitaría la evaluación del rendimiento de los sensores marinos, las redes de comunicación y las señales acústicas terrestres en una de las regiones urbanas y costeras más relevantes del país.

El Sistema Nacional de Alerta Temprana Multiamenaza (SAT-M) de la República Dominicana tiene la misión de seguir potenciando sus facultades para afrontar con mayor eficacia posibles desastres que puedan causar pérdidas humanas y daños significativos a la infraestructura. Citando al presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, quien enfatizó la importancia de la anticipación: “El momento óptimo para construir un refugio no es cuando la tormenta comienza, sino cuando el cielo está despejado”. Por ello, los expertos consideran esencial avanzar hacia un sistema nacional de señalización y comunicación de emergencia que incorpore boyas, sensores y bocinas de alerta temprana, capaz de guiar a la población incluso durante interrupciones eléctricas generalizadas o fallos masivos en las telecomunicaciones.

BOYAS INTELIGENTES PARA DETECTAR AMENAZAS DESDE EL MAR

El proyecto, que el Gobierno podría analizar a través del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), tomaría como referencia tecnologías internacionales empleadas para la detección y reacción ante tsunamis, terremotos y otros fenómenos naturales. Entre estos modelos se encuentra la tecnología DART (Evaluación y Reporte de Tsunamis en el Océano Profundo), desarrollada por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). Las boyas, colocadas en puntos estratégicos del mar, permitirían obtener datos sobre posibles anomalías relacionadas con eventos como terremotos submarinos, tsunamis, marejadas y otras situaciones que representen un riesgo para las comunidades costeras. Esta información sería procesada por centros de monitoreo y, posteriormente, transmitida a los sistemas de alerta pública mediante bocinas, torres inteligentes, mensajes digitales y otros medios de comunicación.

LA PREVENCIÓN ANTE DESASTRES HISTÓRICOS

La necesidad de fortalecer la cultura preventiva se ha hecho evidente durante fenómenos naturales que han causado grandes estragos en República Dominicana. Uno de los incidentes recientes ocurrió con las lluvias extraordinarias que afectaron al Gran Santo Domingo, cuando en pocas horas se registraron acumulaciones superiores a los 300 milímetros, provocando inundaciones y daños severos. Situaciones similares sucedieron durante los eventos del 4 de noviembre de 2022 y el 18 de noviembre de 2023, jornadas en las que diversos sectores resaltaron la necesidad de mejorar los mecanismos de prevención y comunicación oportuna ante emergencias. A estos acontecimientos se suma lo ocurrido en La Mesopotamia, en San Juan de la Maguana, durante el paso del huracán Georges, donde se reportó la muerte de varias personas. Otro caso recordado es el desbordamiento del río Blanco, conocido en Haití como río Soliette, ocurrido en la madrugada del 24 de mayo de 2004. Una crecida súbita causada por lluvias intensas destruyó el barrio Las 40 y otras áreas del municipio de Jimaní, provincia Independencia. La tragedia dejó más de 400 fallecidos, cientos de desaparecidos y numerosas viviendas destruidas. Posteriormente, parte de los sobrevivientes fueron reubicados en Villa Solidaridad.

BOCINAS INTELIGENTES PARA AVISAR A LA POBLACIÓN

El sistema de bocinas, torres inteligentes y alertas masivas se basaría en modelos aplicados en Japón, especialmente el sistema J-Alert y los protocolos robustecidos después del terremoto y tsunami de 2011. En una fase inicial, los municipios costeros de República Dominicana y el Distrito Nacional podrían disponer de estos aparatos para emitir avisos rápidos a la ciudadanía. Posteriormente, la red tendría la capacidad de expandirse hacia otras provincias con mayor exposición a fenómenos naturales. El país enfrenta amenazas constantes asociadas a vaguadas, tormentas, ciclones, huracanes, lluvias extremas y actividad sísmica. Además, las comunidades situadas cerca de ríos, arroyos, cañadas y presas presentan una mayor vulnerabilidad durante las emergencias.

ALERTAS SEGÚN EL NIVEL DE PELIGRO

En Japón, la Agencia Meteorológica implementó el Sistema de Alerta de Emergencia el 30 de agosto de 2013, con la finalidad de advertir a la población sobre fenómenos naturales de magnitud excepcional. Estas alertas emplean diversos mecanismos de comunicación, incluyendo niveles de advertencia, colores e intensidad de sonidos para señalar el grado de peligro. La Agencia Meteorológica de Japón (JMA) emite avisos sobre lluvias torrenciales, terremotos, tsunamis, marejadas ciclónicas y otros eventos capaces de generar catástrofes. El sistema fue fortalecido tomando como referencia grandes desastres como el Gran Terremoto del Este de Japón de 2011, cuyo tsunami dejó aproximadamente 18,000 personas muertas o desaparecidas. También considera eventos como la marejada ciclónica de 1959 en la bahía de Ise, causada por el tifón Vera, que provocó más de 5,000 víctimas mortales o desaparecidas. Una alerta de emergencia representa un nivel de riesgo excepcional, asociado a fenómenos de una magnitud poco frecuente. Ante estos escenarios, las autoridades recomiendan seguir las instrucciones oficiales, conocer las rutas de evacuación y adoptar medidas para proteger la vida. Por esta razón, además de instalar tecnología, República Dominicana tendría el desafío de desarrollar campañas permanentes de educación ciudadana para que la población comprenda el funcionamiento de las boyas, bocinas y torres inteligentes, así como el significado de cada señal de emergencia.

TERREMOTO DE 1946 SIGUE SIENDO EL MÁS PODEROSO REGISTRADO EN LA HISTORIA DE LA HISPANIOLA

Aunque el terremoto de Haití de 2010 permanece en la memoria colectiva por su impacto humano devastador, el sismo más potente registrado en la historia de La Hispaniola ocurrió en territorio dominicano hace ocho décadas y alcanzó una magnitud de 8.1, según datos históricos y estudios sismológicos. El terremoto sucedió en 1946 frente a la costa noreste de República Dominicana, entre las áreas de Samaná y Miches. Además de ser el más fuerte registrado instrumentalmente en la isla y uno de los mayores del Caribe, generó un tsunami con olas superiores a los cinco metros y dejó alrededor de 1,790 fallecidos.

TERREMOTO DE 1946 Y SU TSUNAMI MARCARON LA MAYOR TRAGEDIA SÍSMICA REGISTRADA EN REPÚBLICA DOMINICANA

El terremoto del 4 de agosto de 1946 continúa siendo el evento sísmico más fuerte registrado instrumentalmente en la historia de La Hispaniola, con una magnitud calculada de 8.1 y niveles de intensidad entre X y XI en la escala Mercalli Modificada, datos recopilados por el Centro Nacional de Sismología. Sin embargo, más allá de la magnitud del sismo, uno de los episodios más devastadores fue el tsunami generado después de la sacudida, considerado uno de los fenómenos naturales más destructivos ocurridos en territorio dominicano. Las olas, que superaron los nueve pies de altura, arrasaron completamente el poblado de Matanza, en la actual provincia María Trinidad Sánchez. El agua penetró hasta dos kilómetros tierra adentro y destruyó prácticamente toda la comunidad. De unas 300 viviendas de madera existentes en la zona, solo ocho quedaron en pie. Además, las comunidades de Cabrera, Nagua y Sánchez quedaron incomunicadas tras el colapso de varios puentes.

MÁS DE MIL MUERTOS Y DAÑOS EN VARIAS PROVINCIAS

Los informes históricos estiman que más de mil personas perecieron durante la tragedia, aunque las autoridades de la época no lograron recuperar todos los cuerpos debido a las condiciones del desastre y a la continua actividad sísmica registrada tras el evento principal. Hombres, mujeres y animales quedaron atrapados entre los escombros, mientras la población permanecía en estado de temor debido a las constantes réplicas. La región noreste fue la más afectada, aunque los daños se extendieron a distintas zonas del país. En Moca colapsaron el Palacio Municipal, el mercado público, la Casa Consistorial, el Club Rotario, la glorieta del parque Cáceres y las torres de varias iglesias. En Santo Domingo se registraron grietas en edificaciones, incluyendo una vivienda ubicada en la calle Isabel La Católica y parte del muelle de la ciudad. En San Francisco de Macorís sufrieron daños el templo Nuestra Señora de las Mercedes, comercios y otras estructuras, mientras que en Santiago se desplomó un almacén y el canal Presidente Trujillo presentó graves afectaciones.

RÉPLICAS AUMENTARON EL TEMOR

Cuatro días después, el 8 de agosto de 1946, el país volvió a sentir una fuerte réplica de magnitud 7.0 en la misma zona de ruptura del terremoto principal. Los registros indican que durante aproximadamente dos meses se produjeron más de mil movimientos sísmicos posteriores, situación que provocó temor entre la población, que evitaba permanecer dentro de sus viviendas y buscó refugio en iglesias y espacios abiertos. Los estudios históricos y geológicos consideran este terremoto como uno de los eventos naturales más destructivos del último siglo en República Dominicana.