La reforma laboral dominicana debe abordar el envejecimiento poblacional y los desafíos futuros

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La propuesta de reforma del Código de Trabajo en República Dominicana necesita trascender las discusiones actuales para considerar el inminente envejecimiento de la población. Es crucial que esta legislación se anticipe a los cambios demográficos y sus implicaciones en la fuerza laboral, la seguridad social y la productividad, proyectando un futuro sostenible para el país.

La modificación al Código de Trabajo (Ley 16-92), vigente desde 1992 y que aún se debate en el Congreso, no debería limitarse a temas como la compensación por despido, los permisos de paternidad, la mayor protección a la maternidad, el trabajo a distancia o el acoso en el ámbito laboral. También debería tomar en cuenta los cambios demográficos que ya señalan que la República Dominicana se dirige hacia una sociedad con una mayor proporción de personas mayores.

Una investigación de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) presenta un escenario que exige una visión a largo plazo: la cantidad de jóvenes en edad productiva disminuirá, mientras que la población en edad de jubilación y pensión aumentará. En este contexto, la pregunta fundamental es si esta reforma puede diseñar la sociedad que el país tendrá en 2050, cuando las mujeres registren una tasa de natalidad cercana a 1.7 hijos, muy diferente a la de 1950, que era de 7.57 hijos por mujer.

La transformación no es solo demográfica, también altera la proporción entre trabajadores activos y jubilados. Para 2050, muchos países podrían tener apenas dos personas empleadas por cada jubilado, una proporción considerablemente menor a la observada en décadas anteriores. Esta disminución exige desde ahora un debate sobre reformas laborales profundas, técnicas y con un amplio consenso, ya que el modelo económico y productivo de las empresas se transformará progresivamente.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que la cantidad de individuos mayores de 65 años por cada 100 habitantes en edad de trabajar (entre 20 y 64 años) pasará de 33 en 2025 a 52 en 2050. En el año 2000, esta cifra era solo de 22. Por esta razón, la reforma laboral no debería restringirse a actualizar derechos y responsabilidades entre empleados y empleadores. También debería convertirse en una legislación preparada para la República Dominicana de las próximas décadas, fundamentada en la evidencia demográfica, epidemiológica y estadística que ya presentan las instituciones del Estado.

DATOS Y PATRONES

Los indicadores son evidentes: los nacimientos disminuyen, la esperanza de vida se alarga, habrá menos jóvenes disponibles para trabajar, la población adulta mayor crecerá y la presión sobre las pensiones, el sistema de salud y la productividad nacional se incrementará. Ante este panorama, la planificación del empleo futuro debería basarse en datos para evitar decisiones que perjudiquen tanto a las empresas como a los trabajadores, cuya realidad es muy diferente a la de hace décadas, cuando gran parte de la fuerza laboral se concentraba principalmente en las fábricas. Hoy se trata de una generación que se desenvuelve en una economía marcada por la tecnología y la inteligencia artificial.

Las reuniones entre los participantes del sistema productivo deberían identificar cuáles ocupaciones tendrán mayor demanda en el futuro y durante cuánto tiempo un empleado podrá desempeñarlas eficazmente.

RIESGOS EMERGENTES

Uno de los indicadores que esta reforma debería considerar es el elevado número de jóvenes lesionados y fallecidos anualmente en accidentes de tránsito, un fenómeno que incide directamente en la relación entre trabajador, empleador y sistema de seguridad social. En este aspecto, la aplicación de inteligencia artificial podría ser una herramienta importante para reducir los accidentes entre la población joven y mejorar la productividad laboral. Por ello, la reforma laboral debería analizarse en conjunto con una actualización de la Ley 87-01, promulgada el 9 de mayo de 2001, que estableció el Sistema Dominicano de Seguridad Social (SDSS).

Los expertos advierten que el reto no es sencillo, porque no basta con legislar: también es necesario medir los resultados de forma constante. En diversas investigaciones sobre accidentes se documenta que los hombres jóvenes concentran la mayor cantidad de lesionados y fallecidos. Hasta la fecha, los datos consolidados del Ministerio de Salud Pública (MSP), publicados por el Observatorio Permanente de Seguridad del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), muestran que durante 2026 se han registrado 30,826 personas heridas en accidentes de tránsito en el país. Del total, 21,692 corresponden a hombres y 9,134 a mujeres.

Traducido a una dimensión más fácil de entender, significa que siete de cada diez personas lesionadas son hombres. Incluso, al observar la relación entre ambos grupos, surge un dato aún más revelador: por cada mujer lesionada, hay aproximadamente 2.4 hombres heridos en accidentes de tránsito. Los jóvenes de 20 a 29 años representan el grupo más afectado, con 9,981 lesionados, equivalentes al 32.4% del total nacional. En otras palabras, prácticamente uno de cada tres heridos pertenece a ese rango de edad. Les siguen las personas de 30 a 39 años, con 6,383 casos, mientras que el grupo de 10 a 19 años registra 5,047 lesionados.

La tendencia dibuja una curva clara: los accidentes y las lesiones se concentran principalmente en la fase más activa de la vida productiva. Esas estadísticas modifican completamente la discusión o deberían alterar lo que se tiene previsto aprobar en el Congreso, aunque sin fecha establecida. Los accidentes están impactando directamente en el ámbito laboral, y generan un problema para la seguridad social, ejerciendo presión sobre las pensiones por discapacidad, total o parcial, para quienes padezcan una enfermedad o lesión crónica que limite permanentemente su capacidad laboral. Esta prestación tiene carácter vitalicio, siempre que se cumplan los requisitos establecidos.

En el país, el Seguro de Riesgos Laborales representó el 4.83% hasta junio de este año, un monto que puede parecer bajo, pero que en términos de cantidad de personas que no trabajarán por un tiempo o de forma permanente es considerable. Por eso, ya se percibe que no es únicamente un problema de tránsito, también es un problema laboral, porque miles de trabajadores salen temporal o permanentemente del mercado.