Desde la presentación de una nueva imagen para la Policía Nacional en octubre de 2024, el debate sobre la verdadera profundidad de su reforma ha sido constante. A pesar de la inversión en recursos y los cambios propuestos en el Congreso, la transformación en la actuación de los agentes aún no es sustancial. Este análisis explora experiencias de otros países que han enfrentado desafíos similares, ofreciendo perspectivas valiosas para la modernización de la institución.
Por Raúl Germán Bautista.- Desde el catorce de octubre de dos mil veinticuatro, cuando el gobierno mostró la nueva identidad visual de la Policía Nacional durante “LA Semanal”, numerosos eventos han evidenciado el alcance de este proceso de reforma en la entidad. En dicha presentación, se exhibieron uniformes actualizados para los oficiales, se anunciaron incrementos salariales, un aumento en el presupuesto, la adquisición de cámaras, vehículos utilitarios, motocicletas, radares y software, entre otros recursos. No obstante, todo parece indicar que estos esfuerzos gubernamentales, junto con las modificaciones planteadas en el proyecto de ley que se discute en el Congreso Nacional, todavía no han generado un cambio profundo en el comportamiento de los agentes.
Entre los ejemplos internacionales que pueden examinarse se encuentran Georgia, nación que desmanteló su fuerza policial para restaurar la confianza entre dos mil cuatro y dos mil seis; Ucrania, que estableció una nueva institución policial tras abandonar el modelo soviético a partir de dos mil quince; Escocia, que unificó ocho cuerpos policiales y redujo las oportunidades para la corrupción; Colombia, que profesionalizó su policía sin detener el fortalecimiento de los mecanismos de supervisión entre dos mil veintiuno y dos mil veintidós; y Chile, que reformó una institución ampliamente cuestionada sin perder su capacidad operativa desde dos mil diecinueve. Las palabras disolución, corrupción, abusos, transgresiones a los derechos humanos, tecnificación, educación, homicidios y desconfianza pública estuvieron entre los principales factores que impulsaron estas reformas.
Muchos de estos indicadores tampoco son ajenos a la forma de actuar de la Policía Nacional de la República Dominicana que, en diversas situaciones, opera más como un organismo de represión estatal que como una institución encargada de identificar adecuadamente a los ciudadanos, distinguir a quienes representan una amenaza real y discernir cuándo emplear toda la fuerza del Estado o cuándo establecer el orden respetando la vida y la integridad física de las personas. En una era donde los derechos ciudadanos son una exigencia constante, la percepción de la Policía Nacional, según analistas y especialistas en la materia, entra en conflicto con las aspiraciones inherentes a una sociedad democrática.
LA REFORMA VA MUCHO MÁS ALLÁ DE UNA NUEVA LEY
Lo que debe hacerse va más allá de la aprobación de una posible legislación que contemple aspectos como una nueva estructura de carrera policial, el fortalecimiento de la profesionalización, la prohibición de que los agentes presten servicios de seguridad privados, un nuevo régimen disciplinario, mayor énfasis en la investigación científica, la transformación administrativa y operativa, así como nuevos mecanismos de supervisión y rendición de cuentas. La salud mental, la comprensión de los procesos democráticos, el respeto a los derechos humanos, las sanciones penales por asesinatos injustificados, la educación en valores, la urbanidad, la moral y la ética deben tener tanto peso como la preparación para enfrentar a los delincuentes, una labor que por sí sola ya resulta compleja y delicada.
Los expertos en temas legislativos saben que un proyecto de esta magnitud no se analiza ni se aprueba en un solo mes. También requiere la participación de numerosos sectores, incluida la propia sociedad, que en muchas ocasiones termina siendo víctima de la institución que debería protegerla. La gran incógnita es si realmente se está diseñando la Policía Nacional que necesitará la República Dominicana para el año dos mil cincuenta, capaz de combatir eficazmente la delincuencia y, al mismo tiempo, salvaguardar a los ciudadanos honestos e indefensos. Como han señalado quienes lideran el proceso de reforma, el nuevo modelo debe basarse en un perfil profesional con una sólida formación humana. Su enfoque también debe ir de la mano con el análisis de los perfiles criminales, mediante el fortalecimiento de la Policía Científica, evitando actuaciones que desencadenen crisis por la muerte injustificada de personas inocentes.
LAS REALIDADES INTERNACIONALES
1. GEORGIA, EL PAÍS QUE DESMANTELÓ SU POLICÍA PARA RECONSTRUIR LA CONFIANZA (2004-2006)
Después de la Revolución de las Rosas en dos mil tres, Georgia enfrentaba una de las fuerzas policiales más corrompidas del antiguo bloque soviético. Los sobornos eran habituales, el crimen organizado había penetrado numerosas instituciones y la confianza ciudadana en los cuerpos policiales era prácticamente nula. El nuevo gobierno tomó una decisión sin precedentes. En lugar de reformar gradualmente la institución, optó por desmantelar gran parte de la estructura existente. Cerca de dieciséis mil agentes fueron destituidos, se redujo el tamaño del Ministerio del Interior, se eliminaron unidades consideradas ineficientes y se creó una nueva Policía de Patrullaje mediante procesos de selección más rigurosos. Paralelamente, aumentaron los salarios, se modernizó el equipamiento, se construyeron nuevas estaciones policiales y se fortalecieron los sistemas internos de supervisión. Los resultados fueron rápidos. La corrupción diaria disminuyó drásticamente y la confianza ciudadana creció considerablemente. Diversos estudios consideran esta transformación como uno de los casos más exitosos de reforma policial de las últimas décadas.
2. UCRANIA, CONSTRUIR UNA NUEVA POLICÍA DESPUÉS DEL MODELO SOVIÉTICO (DESDE 2015)
Tras la Revolución de la Dignidad y el cambio político ocurrido en dos mil catorce, Ucrania comenzó una profunda transformación de su sistema policial. El objetivo era romper con la antigua militsiya soviética, ampliamente cuestionada por corrupción, abuso de poder y falta de credibilidad. En dos mil quince nació la Policía Nacional de Ucrania. El proceso incluyó concursos públicos para reclutar nuevos agentes, evaluaciones del personal existente, modernización de la formación académica, incorporación de mujeres, mayor transparencia administrativa y un enfoque orientado al servicio ciudadano. Durante los primeros años, la reforma mejoró la percepción pública y proyectó una imagen renovada de la institución. Sin embargo, con el paso del tiempo surgieron dificultades importantes. Persistieron redes de corrupción, algunos procesos disciplinarios perdieron efectividad y las presiones políticas dificultaron consolidar plenamente el nuevo modelo policial.
3. ESCOCIA, UNA SOLA POLICÍA PARA TODO EL PAÍS (2013)
A diferencia de otras reformas motivadas por crisis de corrupción, Escocia buscó mejorar la eficiencia institucional. En dos mil trece fusionó sus ocho cuerpos policiales regionales en una única organización nacional, Police Scotland. La unificación permitió centralizar la administración, compartir recursos especializados, coordinar investigaciones complejas y optimizar el uso del presupuesto público. También facilitó la creación de unidades especializadas en ciberdelincuencia, crimen organizado y análisis criminal. Los resultados fueron positivos en términos de capacidad operativa y reducción de duplicidades. No obstante, la centralización también generó críticas. Diversos sectores señalaron que algunas comunidades percibían una menor cercanía con la policía local y reclamaron mayores mecanismos de supervisión y rendición de cuentas.
4. COLOMBIA, PROFESIONALIZAR LA POLICÍA SIN DETENER EL PROCESO DE SUPERVISIÓN (2021-2022)
Las protestas sociales registradas en Colombia entre dos mil diecinueve y dos mil veintiuno abrieron un intenso debate sobre el funcionamiento de la Policía Nacional, especialmente por las denuncias relacionadas con el uso excesivo de la fuerza y la necesidad de fortalecer la protección de los derechos humanos. Como respuesta, el gobierno impulsó una reforma orientada a profesionalizar la carrera policial. Se modificó el estatuto de carrera, se crearon nuevas oportunidades de ascenso basadas en el mérito, se reforzó la capacitación y se actualizaron diversos procedimientos internos. Además, se promovieron cambios para fortalecer la transparencia institucional y mejorar los mecanismos disciplinarios.
5. CHILE, REFORMAR UNA INSTITUCIÓN CUESTIONADA SIN PERDER CAPACIDAD OPERATIVA (DESDE 2019)
Las manifestaciones sociales de dos mil diecinueve colocaron a Carabineros de Chile en el centro del debate nacional. Las denuncias por uso desproporcionado de la fuerza impulsaron una agenda de modernización orientada a fortalecer la legitimidad institucional. Entre las principales medidas figuraron la revisión de los protocolos de actuación, la actualización de los programas de formación, el fortalecimiento de la enseñanza en derechos humanos, la modernización tecnológica y el incremento de los mecanismos internos de control y transparencia. La reforma permitió introducir mejoras en los procedimientos policiales y reforzar la capacitación de los agentes. Sin embargo, especialistas coinciden en que recuperar plenamente la confianza ciudadana requiere un proceso mucho más prolongado que la simple aprobación de nuevas normas o protocolos.