La reciente controversia sobre la participación dominicana en la Serie del Caribe Kids 2026 ha generado un intenso debate en el país. Inicialmente atribuida a la falta de apoyo gubernamental, la situación reveló complejidades organizativas por parte de LIDOM. Este escenario ha puesto en tela de juicio el modelo actual de gestión del béisbol menor y la necesidad urgente de una entidad que proteja adecuadamente a los niños atletas.
Cuando la Liga de Béisbol Profesional de la República Dominicana (LIDOM) comunicó que un equipo de niños no asistiría a la Serie del Caribe Kids 2026, a causa del alto precio de los pasajes aéreos y la dificultad para encontrar trayectos adecuados hacia Nayarit, México, la población expresó su consternación, desilusión e indignación. Algunas voces señalaron al Gobierno como responsable por la carencia de soporte a una delegación de niños, considerados el futuro del béisbol nacional, para participar en dicho evento. No obstante, al aclararse que la actividad es organizada y promovida por LIDOM, se destapó una discusión profunda acerca del rol que debe asumir una entidad acostumbrada a trabajar con profesionales, pero que en esta ocasión se involucra en una competencia con menores de edad, un ámbito distinto a su operación habitual. La situación plantea una cuestión: ¿debe una representación mundial de béisbol juvenil seguir dependiendo de instituciones privadas o requiere una autoridad deportiva única que planifique y regule estos acontecimientos? Regular, en este contexto, no significa entrometerse en la autonomía que poseen las ligas para organizar torneos, sino establecer normas claras cuando se trabaja con niños. La salvaguarda de la niñez y la adolescencia prevalece sobre decisiones individuales, incluso con la autorización de los padres. Con una estrategia a largo plazo, miles de niños tendrían mayores posibilidades de ser seleccionados para participar en eventos de esta índole, que no son meros encuentros recreativos entre equipos o ligas, sino competencias que representan al país. Adicionalmente, un esquema estructurado permitiría crear una base de datos de jugadores en todo el territorio nacional, disponibles para conformar delegaciones en torneos internacionales por rangos de edad.
RESPONSABILIDAD INSTITUCIONAL Y PROTECCIÓN DE LOS MENORES
Tanto la Federación Dominicana de Béisbol Inc. (Fedom) como el Comisionado Nacional de Béisbol deben abordar este asunto con seriedad y transparencia, ya que no se trata solo de la organización de eventos deportivos, sino de las implicaciones legales y administrativas que conlleva realizar viajes internacionales con menores de edad en representación del país. A diferencia de los adultos, los niños y adolescentes están bajo un régimen de amparo y supervisión que limita su capacidad para tomar decisiones por sí mismos. Aunque puedan manifestar su voluntad, las responsabilidades recaen sobre los adultos y las instituciones implicadas. También es imperativo evitar la divulgación de circunstancias que puedan afectar emocionalmente a los menores, quienes desarrollan una gran ilusión por representar a su nación y participar en eventos internacionales, sin comprender los costos, las inversiones y los procedimientos que existen detrás de esas oportunidades. Esto abarca la responsabilidad de gestionar apropiadamente sus nombres, habilidades e imágenes, evitando que sean utilizados exclusivamente con fines comerciales.
UN LLAMADO A REVISAR EL MODELO DEPORTIVO
A largo plazo, situaciones como esta podrían generar pérdida de confianza, enfrentamientos entre organizaciones, impactar el crecimiento de futuras generaciones y crear una percepción desfavorable sobre la organización deportiva del país. Un debate abierto y sin intereses económicos podría impulsar una revisión de las competiciones nacionales e internacionales en categorías juveniles, con la participación del Ministerio de Deportes, el Comisionado Nacional de Béisbol y Fedom, para evitar vacíos institucionales. Resulta sorprendente que la principal fuente de talento beisbolístico estuviera cerca de no enviar una selección infantil debido a problemas logísticos. El incidente dejó una pregunta fundamental: ¿quién dirige realmente el béisbol dominicano y quién debe asegurar que las próximas generaciones representen al país sin depender de soluciones improvisadas? La conversación no solo se centra en un torneo, sino en el esquema que debe regir la formación, protección y proyección del talento infantil dominicano.