El PRM Consolida Seis Años de Control Congresual, Contrastando con la Inestabilidad del PRD

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Desde su llegada al poder en 2020, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha afianzado un dominio significativo en el Congreso Nacional, manteniendo el control de ambas cámaras por seis años consecutivos. Esta continuidad, que se reforzó notablemente tras las elecciones de 2024, marca un contraste con la inestabilidad observada durante los gobiernos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), de donde surgió el PRM, destacando una sólida alineación entre el Ejecutivo y el Legislativo.

La ascensión del Partido Revolucionario Moderno (PRM) al Gobierno en 2020 no solo implicó la salida del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) del Poder Ejecutivo, sino que también generó una nueva distribución de fuerzas en el Congreso Nacional. Allí, el partido en el poder ha mantenido el liderazgo de las principales posiciones en ambas cámaras durante seis años.

Desde el 16 de agosto de 2020, Alfredo Pacheco ha ocupado la presidencia de la Cámara de Diputados. Por otro lado, el Senado ha tenido dos presidentes en este lapso: Eduardo Estrella, quien estuvo entre 2020 y 2023, y Ricardo de los Santos, quien asumió desde 2023. La misma Cámara de Diputados confirma a Pacheco como su presidente, indicando su reelección para el período congresual 2024-2028.

La persistencia en el control adquiere mayor relevancia al examinar la configuración política del Congreso. En los comicios de 2020, el PRM y sus aliados lograron una importante mayoría en ambas cámaras. La Junta Central Electoral registró una amplia representación del PRM y sus coaligados en el Senado y la Cámara de Diputados para dicho período.

Cuatro años después, esa mayoría se incrementó significativamente. Tras las elecciones de 2024, el partido oficialista pasó a controlar 29 de los 32 escaños del Senado y 145 de los 190 puestos de la Cámara de Diputados, estableciendo una de las mayores concentraciones de poder legislativo de las últimas décadas.

Esta estructura también se reflejó en la dirección de las cámaras. Ricardo de los Santos asumió la presidencia del Senado en agosto de 2023, sucediendo a Eduardo Estrella, y posteriormente continuó en el cargo tras la nueva conformación congresual. El archivo histórico de la Biblioteca del Congreso documenta a Estrella para el período 2020-2023 y a De los Santos desde 2023. La Cámara Baja, en tanto, ha mantenido una única figura al frente durante todo este tiempo. Pacheco, quien previamente había presidido la Cámara durante el gobierno de Hipólito Mejía, regresó a la posición en 2020 y ha sido ratificado para períodos consecutivos.

Una estabilidad que contrasta con el PRD

La situación muestra una diferencia llamativa al compararla con los gobiernos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), organización de la cual se desprendió el PRM. Durante la administración de Antonio Guzmán, entre 1978 y 1982, dos diputados ejercieron la presidencia de la Cámara de Diputados: Abraham Bautista Alcántara y Hatuey de Camps. En el Senado, también hubo dos presidentes: Juan Rafael Peralta Pérez y Elvio Rodríguez.

Durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco, entre 1982 y 1986, la Cámara de Diputados mantuvo a Hugo Tolentino Dipp a lo largo de todo el período, mientras que el Senado tuvo a Jacobo Majluta y Noel Suverbi Espinosa en diferentes momentos. Sin embargo, más allá de la alternancia de las autoridades, aquel lapso se caracterizó por intensas fricciones entre el Poder Ejecutivo y el Congreso. La propia historia oficial de la Cámara de Diputados describe el período 1982-1986 como el de “un Congreso opositor a su propio gobierno”, haciendo referencia a los conflictos surgidos entre el Ejecutivo y el Legislativo.

La experiencia del perredeísta Hipólito Mejía, entre 2000 y 2004, también exhibió una dinámica distinta. En esos cuatro años, Andrés Bautista y Jesús Vásquez ocuparon la presidencia del Senado en diferentes ocasiones, mientras la Cámara de Diputados pasó de Rafaela Alburquerque a Alfredo Pacheco. De hecho, la Biblioteca del Congreso registra la sucesión de presidentes del Senado durante esos años: Andrés Bautista entre 2001-2002 y 2004-2005, y Jesús Vásquez durante 2003, además de otros períodos de transición.

El PRM y una mayoría que se hizo más grande

La diferencia no reside únicamente en la permanencia de los presidentes de las cámaras. El PRM logró algo crucial para la gobernabilidad: su mayoría congresual no se debilitó después de asumir el poder, sino que se expandió tras las elecciones de 2024. En 2020, la organización consiguió suficientes legisladores para respaldar la agenda del recién instaurado gobierno de Luis Abinader. En 2024, la victoria electoral amplió aún más esa capacidad.

Con 29 senadores y 145 diputados entre el PRM y sus aliados, el oficialismo redujo considerablemente el margen de acción de las principales fuerzas opositoras y obtuvo una capacidad legislativa que facilita la aprobación de sus iniciativas más importantes. Esto marca una diferencia sustancial con algunos períodos de gobierno del PRD, en los que las disputas internas y los cambios en las direcciones congresuales terminaron afectando la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Seis años, tres presidencias y dos personas

La situación de estos seis años puede resumirse en tres períodos de presidencia congresual, ocupados por solo dos individuos. Alfredo Pacheco ha dirigido la Cámara de Diputados durante todo el período 2020-2026. Eduardo Estrella lideró el Senado durante los primeros tres años, y Ricardo de los Santos lo ha presidido durante los tres siguientes. La estabilidad es aún más significativa porque Pacheco y De los Santos continúan al frente de sus respectivas cámaras en el período 2024-2028.

Esta continuidad no implica necesariamente que todas las decisiones hayan sido uniformes ni que no hayan existido diferencias dentro del propio oficialismo. No obstante, sí revela una característica política del PRM: su habilidad para mantener una línea de dirección congresual relativamente constante durante dos períodos presidenciales consecutivos.

¿Más estabilidad significa mejor Congreso?

Aquí surge la parte más relevante del análisis. La estabilidad política puede facilitar la gobernabilidad, agilizar la aprobación de leyes y permitir que un partido mantenga una agenda legislativa coherente. Sin embargo, también incrementa la responsabilidad de quienes ejercen esa mayoría. Con un Congreso ampliamente dominado por el oficialismo, el debate ya no se centra únicamente en si el Gobierno puede aprobar sus iniciativas. La pregunta pasa a ser la calidad de esas leyes, el nivel de consenso que alcanzan y los resultados que producen una vez entran en vigor.

Durante los seis años de administración del PRM, el Congreso ha aprobado reformas de gran impacto, incluyendo modificaciones institucionales, leyes económicas y sociales, y el nuevo Código Penal, además de presupuestos, préstamos y acuerdos internacionales. Por ello, la consistencia del PRM no debería medirse solo por el tiempo que sus líderes han permanecido al frente de las cámaras, sino por la capacidad del Congreso para responder a las demandas ciudadanas y ejercer su función constitucional de legislar y fiscalizar.

Un escenario diferente al del viejo PRD

La comparación con el PRD tiene, además, un componente histórico particular: el PRM surgió en 2014 de una escisión del antiguo Partido Revolucionario Dominicano y posteriormente llevó al poder a una nueva generación de dirigentes. Sin embargo, mientras varios gobiernos perredeístas enfrentaron cambios en las presidencias congresuales y fuertes disputas internas, el PRM ha construido una relación mucho más estable entre su dirección partidaria, el Poder Ejecutivo y los bufetes directivos de ambas cámaras.

Esto no significa que el actual Congreso esté exento de controversias. Pero sí existe una diferencia en la estructura de poder: el PRM ha logrado mantener alineados durante seis años los principales centros de decisión política del Estado y, después de 2024, amplió aún más esa ventaja. La pregunta que queda abierta es qué hará el partido con ese poder. Porque seis años de estabilidad congresual representan una ventaja para cualquier Gobierno, pero también eliminan gran parte de las excusas relacionadas con la falta de mayoría.

Con el Ejecutivo y el Legislativo bajo una misma fuerza política, el resultado de las leyes aprobadas, las reformas pendientes y la fiscalización ejercida sobre el Gobierno pasan a ser, en buena medida, responsabilidad directa del oficialismo. El PRM ha demostrado consistencia para conservar el control del Congreso. El desafío ahora es demostrar que esa estabilidad puede traducirse en un Poder Legislativo más eficiente, más institucional y capaz de producir resultados que trasciendan al partido que hoy domina sus dos cámaras.