Cambios en la Dirección de la Policía Nacional: Cinco Líderes bajo la Administración Abinader

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Desde que Luis Abinader asumió la presidencia en 2020, la Policía Nacional ha experimentado una notable rotación en su dirección general, con cinco oficiales diferentes al mando. Esta sucesión no solo evidencia la frecuencia de los cambios, sino también la evolución de las prioridades institucionales, abarcando desde la reforma y reorganización hasta un enfoque en inteligencia, tecnología y control territorial. Cada líder ha contribuido a la transformación de la entidad, enfrentando diversos desafíos y buscando consolidar una reforma policial duradera.

Desde el inicio de la gestión de Luis Abinader en agosto de 2020, la Policía Nacional ha visto a cinco directores generales diferentes: Edward Ramón Sánchez González, Eduardo Alberto Then, Ramón Antonio Guzmán Peralta, Andrés Modesto Cruz Cruz y, más recientemente, Ernesto Rafael Rodríguez García. Esta serie de nombramientos ofrece una perspectiva no solo sobre la frecuencia con la que el Poder Ejecutivo ha modificado la cúpula de la institución, sino también sobre cómo han cambiado las prioridades policiales a lo largo de estos seis años. Se ha pasado del impulso de la reforma y la reestructuración interna, a la implementación del patrullaje sectorizado y la capacitación, hasta una fase que prioriza la inteligencia, la tecnología, la vigilancia territorial y la evaluación de resultados.

El primer oficial en asumir fue Edward Ramón Sánchez González, nombrado por el presidente Abinader mediante el Decreto 326-20, el 16 de agosto de 2020. El general de brigada fue ascendido a mayor general y se le encomendó la dirección de la Policía Nacional desde el comienzo de la nueva administración.

Sánchez González llegó a una institución que debía gestionar el contexto de la pandemia de COVID-19 y, simultáneamente, cumplir con la promesa presidencial de una profunda reestructuración del cuerpo policial. Al tomar posesión, el Gobierno presentó su llegada como el inicio de una nueva etapa en el proceso de modernización policial, con un fuerte énfasis en la mejora de las condiciones de los agentes, la logística y la interacción de la institución con la sociedad.

Durante su mandato, se implementaron modificaciones significativas en las estructuras internas de la Policía. Por ejemplo, en octubre de 2020, se realizaron rotaciones de directores centrales y encargados departamentales, incluyendo cambios en Recursos Humanos y en la Dirección Central de Investigación (Dicrim), con el objetivo de fortalecer la respuesta contra los delitos comunes y la delincuencia organizada. Un aspecto clave de esa primera etapa fue también el acercamiento de la institución a las comunidades. Sánchez González llevó a diversas provincias las llamadas “Directrices de nuestra transformación”, con las que buscaba comunicar los objetivos institucionales y escuchar las necesidades de los agentes policiales.

En cuanto a la estadística de delitos, durante 2021, la Policía reportó una disminución de los crímenes clasificados como “ratería”. Entre enero y agosto de ese año, la institución informó una reducción del promedio mensual en comparación con 2019, incluyendo atracos, arrebatos, hurtos y robos con fractura. Sin embargo, la primera gestión de Abinader al frente de la Policía fue relativamente breve. En octubre de 2021, poco más de un año después de su nombramiento, Sánchez González fue relevado por Eduardo Alberto Then.

Eduardo Alberto Then, el segundo director, llegó con una extensa trayectoria policial y experiencia en diversas direcciones regionales del país. Abinader lo designó mediante el Decreto 656-21, del 17 de octubre de 2021. La administración de Then estuvo muy ligada al proceso de reforma, profesionalización y transformación de la Policía Nacional. Una de sus primeras iniciativas fue la implementación del patrullaje por cuadrantes, un modelo que buscaba dividir geográficamente las áreas de responsabilidad policial y asignar agentes específicos para optimizar la prevención, supervisión y rendición de cuentas.

Este modelo empezó a aplicarse en zonas del Distrito Nacional con herramientas tecnológicas como cámaras corporales, radios, teléfonos móviles, motocicletas y vehículos asignados a cada cuadrante. El objetivo declarado era incrementar la presencia policial y el contacto directo con los ciudadanos. La estrategia se extendió posteriormente a otras demarcaciones. En agosto de 2023, por ejemplo, la Policía anunció la puesta en marcha del patrullaje por cuadrantes en 50 sectores de San Francisco de Macorís, con 66 nuevos agentes y unidades patrulleras.

Then también lideró una fase en la que el Gobierno intensificó el componente educativo de la reforma policial. En 2022, se crearon comisiones para trabajar en la transformación y modernización del sistema educativo de la institución, al tiempo que se reforzaban los programas de capacitación y profesionalización. El balance institucional presentado por la propia Policía atribuyó a su gestión avances en áreas como la equidad de género, el bienestar de los agentes, la salud, la educación y la profesionalización. Entre los datos citados por la institución figuran la incorporación de beneficios sociales para miembros policiales, mejoras en servicios médicos y la ampliación de la oferta educativa.

En materia de seguridad ciudadana, la Policía también reportó durante 2023 jornadas sin muertes por delincuencia y una tendencia a la reducción de ciertos indicadores delictivos. La institución vinculó estos resultados a la prevención y a la modernización técnica y profesional que impulsaba el Gobierno. Then permaneció en el cargo hasta noviembre de 2023, cuando Abinader volvió a modificar la dirección policial. El Decreto 557-23 designó a Ramón Antonio Guzmán Peralta como nuevo director general, ascendiendo al entonces general al rango de mayor general. Eduardo Then fue colocado en honrosa situación de retiro y nombrado asesor del presidente. La llegada de Guzmán Peralta inauguró la tercera etapa de la Policía durante la administración de Abinader y coincidió con una fase de mayor consolidación del proceso de transformación institucional.

Ramón Antonio Guzmán Peralta. Desde los primeros días de su gestión, la Policía comenzó a destacar el uso de herramientas tecnológicas y sistemas de información para apoyar la prevención y la investigación. Entre ellas se encontraba Tadeo, una plataforma de gestión y control integral delictivo empleada para analizar información relacionada con las operaciones policiales. La gestión de Guzmán Peralta también se caracterizó por una mayor coordinación entre la Policía, las Fuerzas Armadas, la Dirección Nacional de Control de Drogas y el Ministerio Público dentro del esquema de seguridad ciudadana.

El informe de 2024 presentado por la institución fue particularmente relevante. La Policía reportó una reducción histórica de la tasa de muertes violentas por cada 100,000 habitantes y de los robos, además de una disminución de casi 20,000 casos delictivos en comparación con 2023. La propia institución atribuyó estos resultados al trabajo conjunto de las entidades que componen la Fuerza de Tarea Conjunta. Guzmán Peralta también profundizó los cambios en la estructura interna. En 2025, dispuso modificaciones en direcciones operativas y administrativas con el argumento de fortalecer la eficiencia institucional y optimizar la seguridad ciudadana. Otro componente de su gestión fue el fortalecimiento de los mecanismos de evaluación y transparencia. En marzo de 2025, la Policía comenzó a aplicar el Indicador de Evaluación de Desempeño Institucional (EDI) para medir resultados y mejorar la gestión pública, bajo el liderazgo de Guzmán Peralta.

Guzmán Peralta permaneció poco más de dos años al frente de la Policía. En febrero de 2026, Abinader volvió a modificar la dirección. El Decreto 111-26 designó a Andrés Modesto Cruz Cruz como director general y ascendió al general al rango de mayor general. Guzmán Peralta pasó a retiro y fue designado asesor del presidente en materia policial. Cruz Cruz asumió el 18 de febrero de 2026, después de haber ocupado previamente la Inspectoría General de la Policía. Esa experiencia en el área de supervisión y control interno definió parte del perfil con el que llegó a la dirección.

Andrés Modesto Cruz Cruz. Su gestión, aunque breve, se centró en la proximidad policial, los derechos humanos, la prevención, la inteligencia y la eficiencia investigativa. En el balance de su primer mes, la Policía resaltó la ampliación de la cobertura operativa, la capacitación del personal y el fortalecimiento del modelo de seguridad ciudadana. A los 100 días, la institución presentó resultados más concretos. La Dirección Central de Inteligencia (Dintel) reportó 2,674 operativos focalizados, 647 allanamientos y 248 órdenes de arresto entre el 18 de febrero y el 27 de mayo de 2026. También informó la incautación de armas de fuego, municiones y sustancias narcóticas. La gestión de Cruz, por lo tanto, puso un énfasis particular en la inteligencia y las operaciones dirigidas, sin abandonar el discurso de transformación institucional. Pero su paso por la dirección fue aún más corto que el de sus predecesores. En agosto de 2026, Abinader volvió a cambiar la jefatura policial y designó a Ernesto Rafael Rodríguez García, ascendiéndolo a mayor general mediante el Decreto 558-26.

Ernesto Rafael Rodríguez García representa un perfil diferente, aunque profundamente conectado con la estructura interna de la institución. Se trata de un oficial con más de tres décadas de servicio, experiencia en prevención, direcciones regionales, tránsito e Inspectoría General. Su llegada también tiene un componente de continuidad: antes de ser nombrado director general, Rodríguez García había sido designado por Abinader como inspector general de la Policía mediante el Decreto 133-26, en febrero de este mismo año. Incluso antes de eso, había dirigido la DIGESETT. En septiembre de 2020 fue relevado de esa posición por Ramón Antonio Guzmán Peralta, quien posteriormente también llegaría a ser director general de la Policía.

El recorrido de los cinco directores permite observar, entonces, una característica particular de la administración de Abinader: la Policía ha sido dirigida exclusivamente por oficiales provenientes de sus propias filas, pero con perfiles y prioridades diversas. Sánchez González lideró el inicio de la nueva administración y la reorganización inicial de la institución; Then estuvo estrechamente asociado al despliegue del patrullaje por cuadrantes y la profesionalización; Guzmán Peralta profundizó la utilización de herramientas tecnológicas, la articulación de la Fuerza de Tarea Conjunta y la medición de resultados; Cruz puso énfasis en inteligencia, proximidad y operaciones focalizadas; y Rodríguez García llega con experiencia en prevención, tránsito y control interno.

La sucesión también muestra una frecuencia considerable en los cambios de mando. En seis años, cinco oficiales han ocupado la dirección general, lo que implica un promedio de poco más de un año por gestión, aunque con diferencias importantes: Sánchez González permaneció aproximadamente 14 meses; Then, unos 25 meses; Guzmán Peralta, poco más de 27 meses; y Cruz Cruz, alrededor de seis meses. El dato plantea una interrogante inevitable: ¿qué tan sostenible puede ser una reforma institucional cuando la conducción cambia con tanta frecuencia?

La reforma policial impulsada por Abinader ha superado los cambios de directores y se ha mantenido como una política de Estado dentro de la administración. De hecho, durante la gestión de Then se crearon estructuras para la transformación educativa; con Guzmán se incorporaron nuevas herramientas de gestión y evaluación; y con Cruz continuaron los esfuerzos de modernización y proximidad. Ahora, Rodríguez García recibe una institución distinta a la que encontró Sánchez González en agosto de 2020. Hay nuevas herramientas tecnológicas, modelos de patrullaje, mecanismos de evaluación, programas de formación y una estructura de reforma mucho más desarrollada. Pero también recibe los mismos desafíos fundamentales: mantener la reducción de los indicadores delictivos, mejorar la confianza ciudadana, profesionalizar a los agentes, fortalecer el control interno y garantizar que la modernización de la Policía se traduzca en una mejor respuesta cotidiana ante los problemas de seguridad.

Así, la historia de la Policía bajo Abinader no puede resumirse solamente en cinco nombres. Es también la historia de una institución que ha cambiado de dirección cuatro veces antes de llegar a Rodríguez García, pero que ha mantenido una línea de transformación que ahora deberá demostrar si puede consolidarse más allá de quienes ocupen temporalmente su despacho. Cinco directores, seis años y una misma pregunta pendiente: cuánto de lo avanzado podrá convertirse en una reforma permanente y cuánto dependerá del oficial que tenga el mando.