El número de buques petroleros que atraviesan el estrecho de Ormuz ha repuntado, pero esta ruta sigue siendo extremadamente peligrosa y no se ha reabierto oficialmente. Capitanes describen travesías nocturnas sin luces ni radio, confiando en radares y navegación analógica, mientras drones y misiles sobrevuelan la zona. A pesar de la vigilancia estadounidense y los ataques iraníes, las elevadas tarifas de flete incentivan a algunos operadores a asumir el riesgo.
En los últimos días, se ha observado un incremento en el número de buques petroleros que transitan por el estrecho de Ormuz. Sin embargo, esto no implica una reapertura oficial; por el contrario, cruzar este enclave sigue siendo una acción de alto riesgo, solo apta para aquellos dispuestos a asumirlo a cambio de una considerable remuneración.
De noche, sin luces ni radio y con un solo radar. Un capitán de buque petrolero, que ha preferido mantener el anonimato, ha compartido con Bloomberg su experiencia al atravesar el estrecho de Ormuz, con drones y misiles sobrevolando su embarcación. Desde Filipinas, su país natal, donde se encuentra de vacaciones, este profesional relata que el transporte de petróleo se realiza habitualmente de noche y bajo instrucciones muy estrictas: se prohíbe el uso de radio, teléfono y luces. Solo se permite un radar y sus conocimientos de navegación analógica. «Tengo suerte porque aún recuerdo la navegación tradicional, la de antes», ha explicado a Bloomberg. Tanto él como su tripulación utilizaban los puntos reconocibles de la costa y los faros de la zona como referencia para poder moverse por este paso marítimo.
Bajo vigilancia estadounidense. Estos trayectos, como narra el capitán a Bloomberg, suelen realizarse bajo la vigilancia del ejército estadounidense desde principios de verano. Según fuentes del país americano citadas por Bloomberg, han asistido a miles de buques para transitar por el estrecho de Ormuz bajo una protección coordinada. Una vez fuera de peligro, estas embarcaciones transfieren sus barriles a buques cisterna en alta mar, para distribuirlos al resto del mundo. De hecho, el presidente Donald Trump, según Al Jazeera, ha aprovechado la ocasión para atribuirse repetidamente el mérito del aparente aumento del flujo de petróleo y ha llegado a declarar que es Washington quien controla actualmente el estrecho. No obstante, se han registrado varios ataques o advertencias iraníes en los últimos días, aunque sin víctimas mortales. El más reciente, según este medio, ocurrió el lunes 5 de octubre, cuando un petrolero fue interceptado por la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y obligado a dar la vuelta.
Un punto de estrangulamiento. El estrecho de Ormuz es un enclave estratégico situado entre Irán y Omán, que varía desde los 97 kilómetros de ancho en sus zonas más amplias hasta los 33 kilómetros en las más angostas, según CNN. Este estrechamiento ha permitido a Irán controlar este brazo de mar e interrumpir gran parte del transporte marítimo de la zona, con consecuencias críticas para el mercado mundial de la energía. Las dimensiones de esta vía marítima facilitan a Teherán atacar embarcaciones con gran facilidad, ya que los barcos no disponen de espacio para maniobrar ni tiempo suficiente para escapar de amenazas. Strait of Hormuz live ship tracker by Strait Up Maritime
El riesgo sigue siendo muy rentable. El medio AGBI informa que, en los últimos días, Marisks, una empresa de seguridad marítima que asesora a los principales proveedores del Golfo, ha recomendado a los productores de la zona suspender los tránsitos por el estrecho de Ormuz, debido a la intensificación de los ataques por parte de Irán. Sin embargo, algunos operadores siguen dispuestos a asumir el riesgo, ya que las tarifas de flete están excepcionalmente altas, llegando a alcanzar el millón de dólares al día, una cifra inédita en la historia.