La jubilación, a menudo vista como un anhelado descanso, es una etapa que muchas personas deciden prolongar, manteniendo su actividad laboral. Historias de individuos de avanzada edad que continúan trabajando se viralizan, revelando una realidad multifactorial en la que influyen aspectos económicos, la necesidad de mantenerse activo y un profundo vínculo vocacional. Este fenómeno, cada vez más común, invita a reflexionar sobre la percepción del retiro y su impacto en la identidad personal.
Leo, de 79 años, continúa trabajando en la tienda de frutos secos que fundó con su esposo hace 51 años. Amadeo, un "tabernero" de 96 años, es posiblemente el hostelero en activo más longevo de España; después de una vida dedicada al trabajo, se enorgullece de su gremio y describe su labor como un "juego" que lo nutre espiritualmente.
Estas narrativas han ganado popularidad en el perfil de redes sociales de @comilonestv, que ha estado compartiendo relatos de personas que, tras una vida laboral, siguen activas después de la edad de jubilación. Los comentarios a estos videos expresan asombro y admiración, evidenciando que estos casos representan una realidad considerable en España, con numerosos usuarios compartiendo experiencias similares en sus comunidades.
El momento de la jubilación se concibe comúnmente como un objetivo deseado tras décadas de esfuerzo: una fase asociada con mayor libertad, tiempo personal y la oportunidad de retomar o descubrir nuevas aficiones. Sin embargo, para un segmento de la población, el retiro no implica una desconexión total de su profesión. Mientras algunos se desvinculan por completo, otros eligen mantener una conexión o incluso seguir trabajando más allá de la edad establecida.
El peso económico
El cambio de recibir un salario a percibir una pensión a menudo conlleva una reestructuración económica en muchos hogares. El aspecto financiero surge, por lo tanto, como una de las posibles razones para aquellos que optan por seguir trabajando al llegar la oportunidad de jubilarse.
Esta tendencia ha experimentado un notable incremento en la última década en Estados Unidos, donde estudios indican un crecimiento en el número de trabajadores de 65 años o más que permanecen en el mercado laboral. De hecho, algunas estadísticas revelan que en 2024, más del 22% de los adultos mayores de 65 años continuaban empleados, ya sea a tiempo completo o parcial.
Mientras tanto, en España, la última Encuesta de Población Activa (EPA) de 2025 ha registrado máximos históricos en el empleo entre los mayores de 65 años, pasando del 5% al 14% en los últimos diez años. Detrás de este aumento hay múltiples factores, pero el económico es un motivo recurrente para quienes deciden extender su vida laboral.
Antonio, un médico de 67 años que sigue ejerciendo en el sector privado tras jubilarse del sistema público —y que prefiere mantener su identidad en reserva—, afirma que "el tema económico suele influir mucho" en esta determinación. Explica que esto es especialmente cierto porque muchas personas llegan a la jubilación con hijos que aún dependen económicamente. "Es muy raro que a los 65 años la gente tenga a sus hijos ya establecidos, emancipados y con todos los gastos cubiertos", comenta.
Asegura que la situación ha evolucionado significativamente en comparación con generaciones anteriores: "Antes, cuando los padres se jubilaban, los hijos ya estaban emancipados. Ahora no". El retraso en la emancipación y el aumento del coste de vida implican que muchas familias sigan enfrentando importantes cargas económicas incluso después de alcanzar la edad de retiro, lo que, según Antonio, explica por qué en el sector sanitario es "tan común" mantener la actividad: "Es muy raro el que a los 65 años dice: 'Me llevo los zuecos y el fonendo para siempre'".
Sin embargo, reducir este fenómeno exclusivamente a una cuestión económica sería simplificarlo en exceso para Gema Pérez Rojo, catedrática de la Universidad CEU San Pablo y psicóloga colegiada por el Colegio Oficial de Psicología de Madrid. Aunque el dinero es un factor importante, y en algunos casos determinante, la psicóloga considera que es una decisión multifactorial y "rara vez es solo por dinero".
Una decisión con diferentes “aristas”
Las razones para continuar trabajando después de la edad de jubilación rara vez se limitan a un solo motivo. Para Antonio, de hecho, son varias: menciona los ingresos económicos, pero también la necesidad de mantenerse activo y evitar el aburrimiento —"¿Qué hago yo en mi casa 24 horas sin ninguna actividad profesional?"—, seguir sintiéndose útil, conservar una rutina, continuar ejerciendo una profesión que describe como vocacional o "esperar" a su pareja, que aún no tiene edad para jubilarse.
Rosa María Álvarez Barral, psicóloga en activo en Venezuela, tampoco cree que exista un "perfil concreto" de persona que opte por seguir trabajando más allá de los 65 años. A su juicio, se trata de una decisión en la que se entrelazan factores motivacionales, sociales y económicos.
"El trabajo hace que uno se sienta importante, valioso, distraído y que siga teniendo desafíos interesantes", explica. Además, sostiene que la profesión puede convertirse en una parte fundamental de la identidad personal y proporcionar reconocimiento social, especialmente en individuos con trayectorias extensas o prestigio dentro de su ámbito.
"La jubilación se presenta a menudo como la meta dorada de la existencia, pero psicológicamente es un terreno complejo. No es solo un cambio de horario; es una metamorfosis de la propia identidad". Así describe la catedrática Pérez Rojo cómo la llegada de la jubilación puede ser "para unos un puerto de paz y para otros un abismo existencial".
Durante la vida laboral, la profesión es parte de nuestra presentación. Tras décadas dedicadas a un puesto, Pérez Rojo, quien también forma parte del grupo de investigación Envejecimiento (BUENAVEJEZ), advierte cómo el "autoconcepto se fusiona con el rol". De este modo, "al jubilarse no solo se deja un empleo, se deja una identidad". La psicóloga Álvarez Barral se refiere a una "simbiosis" o "matrimonio": una "sensación de que tu identidad está ligada a tu profesión".
Este es el caso de Nacho Valbuena, un periodista que, a pesar de haberse jubilado hace tres años, sigue colaborando activamente con medios de comunicación. Para él, la vocación ha sido fundamental y la edad no ha representado un obstáculo, ya que asegura no poder vivir sin ejercer el periodismo: "No pienso en la edad, tendré 90 años y seguiré con esta profesión (...) Se lleva muy dentro".
El tipo de empleo es, de hecho, un factor determinante al abordar la transición hacia la jubilación. Aquellos que han desempeñado "trabajos con alta carga de estrés físico o mental o puestos monótonos" suelen percibir el retiro como "una auténtica liberación y un rescate de su salud". Sin embargo, según Pérez Rojo, quienes han ocupado puestos de alta responsabilidad, prestigio o fuerte vocación, "tienden a vivirlo como una pérdida afectiva y de estatus".
De oficio a hobby
Epifanía Martín —o Epi, como prefiere que la llamen— se jubiló hace cuatro años y, después de una vida dedicada a la confección, ha transformado su oficio en su pasatiempo. "No es que no quiera desvincularme de mi profesión, es que mi profesión también forma parte de la vida cotidiana (...) Muchas veces tienes que coser". Aun así, reconoce que le "encanta" y que le ayuda a relajarse cuando está "un poco más intranquila o preocupada".
Ha reemplazado el horario fijo de su trabajo por el de las clases de costura que Epi imparte en la asociación de vecinos de su barrio, donde enseña a otras mujeres "una profesión que se está perdiendo". Aunque pueda parecerlo, subraya que ni esas clases ni lo que cose ahora "tiene nada que ver" con sus años en activo: "Ya no hago trajes como solía hacer, ahora hago cosas pequeñitas que me apetecen. Disfruto mucho más de mi profesión. Aunque me encantaba mi trabajo, no echo nada de menos trabajar".
Epi señala que es "bastante común" mantenerse activo entre "modistas y costureras": "La gente que cose o ha cosido en su profesión, sigue haciéndolo. Además, suele ser habitual tener cosas que hacer como arreglar un bajo o ayudar a alguien con algún arreglo (...) Desde luego que se hace, hasta que te lo permitan las manos, tu tiempo o tu salud".
Mantenerse vinculado a la profesión suele ser habitual en algunos sectores. Según Nacho Valbuena, el periodismo es otro ejemplo, al igual que oficios como la carpintería y la herrería, o las profesiones artísticas. Según Pérez Rojo, "el jubilado que mantiene la actividad como afición experimenta 'motivación intrínseca'". Es decir, conserva la estimulación cognitiva, la destreza manual y la satisfacción del logro, pero elimina el "estresor del rendimiento obligatorio": "Es la transición perfecta: quedarse con el disfrute del ocio y desechar la presión del empleo".
En resumen, alcanzar la edad de jubilación no siempre implica el deseo de detenerse por completo. Para algunas personas, dejar de trabajar también significa abandonar una rutina, una identidad y una forma de sentirse útiles. Mientras unos optan por romper tajantemente con su vida laboral, otros prefieren transformar esa relación con el trabajo: reducir el ritmo, mantener una actividad parcial o convertir el oficio en una dedicación más flexible y menos exigente.
Porque, más allá de lo económico, la jubilación también exige redefinir qué hacer con el tiempo, con la vocación y con una parte importante de lo que se ha sido durante décadas.