Una ola de calor sin precedentes está impactando gravemente la producción de queso parmesano en Italia, afectando a las vacas lecheras y disparando los costos operativos. Las altas temperaturas reducen la producción de leche y dificultan el cultivo de pasto necesario para la denominación de origen, poniendo en riesgo una industria millonaria y un ícono culinario.
El inicio del verano ha traído consigo una intensa ola de calor que ha afectado a toda Europa, y los expertos advierten sobre la llegada de otra aún más severa. Estas temperaturas extremas no solo repercuten en los seres humanos, sino que también causan estragos en los animales y, en particular, en una industria crucial para Italia: la del queso parmesano.
Según reportes, el calor extremo está comprometiendo la producción del queso italiano más reconocido. Las temperaturas máximas, que superan los 40 grados centígrados, provocan que las vacas ingieran menos alimento, permanezcan más tiempo recostadas y, consecuentemente, produzcan menos leche, el componente fundamental de este queso. Se estima una disminución de hasta el 10% en la producción láctea.
Antiguamente, los ganaderos solo necesitaban abrir las ventanas de los establos por las noches para que el ganado soportara mejor el calor. Sin embargo, estas medidas ya no son suficientes. Actualmente, las ventanas permanecen abiertas de forma constante, y algunos productores han implementado ventiladores con nebulizadores de agua para reducir aún más la temperatura ambiente.
La instalación de estos sistemas de ventilación representa un desafío, ya que ha incrementado significativamente la factura eléctrica de las granjas. Asimismo, las empresas dedicadas al almacenamiento de las ruedas de parmesano han visto cómo sus sistemas de climatización han disparado el consumo energético hasta en un 30% para mantener la temperatura de conservación óptima. No obstante, el gasto se extiende más allá de la refrigeración.
Giancarlo Ravanetti, director de una de estas instalaciones, conocida como "El Banco del Parmigiano", supervisa el almacenamiento de medio millón de ruedas de parmesano, valoradas en 300 millones de euros. Ravanetti declaró que, para optimizar la eficiencia energética, han mejorado sus sistemas de refrigeración y calderas, modernizado el aislamiento de los edificios y aumentado la generación de energía renovable.
La situación presenta más complicaciones. El auténtico Parmigiano Reggiano se elabora en cinco provincias de la región Emilia-Romaña. Para obtener la denominación de origen, las vacas deben alimentarse con pasto y heno cultivados en esta área específica. Sin embargo, con el calor y la escasez de lluvias, esta tarea se ha vuelto casi imposible. El presidente del Consorcio Parmigiano Reggiano lamenta que "Si no llueve, no crece la hierba, no se puede producir heno y es imposible obtener la leche necesaria para hacer el queso".
El parmesano no solo es un emblema de la gastronomía italiana, sino que también es un pilar económico para Emilia-Romaña, donde emplea a miles de personas. Se calcula que genera aproximadamente 4.500 millones de euros anuales, de los cuales la mitad provienen de exportaciones, siendo Estados Unidos su principal mercado.
Paolo Ganzerli, director de ventas del grupo alimentario GranTerre, califica la situación de crítica: "Si los fenómenos extremos se vuelven más prolongados e intensos, sin duda tendrán un impacto tanto en la cantidad como en la calidad de la leche, pero sobre todo provocarán un aumento de los costes". Añade con preocupación: "El Parmigiano Reggiano existe desde hace más de 800 años. No queremos ser la última generación en comerlo."