Una ola de calor histórica ha transformado la percepción del aire acondicionado en Europa, convirtiéndolo en un artículo de primera necesidad. A pesar de los esfuerzos de Bruselas por reducir la dependencia comercial de China, la urgencia por combatir las altas temperaturas ha disparado la demanda de aparatos fabricados en el país asiático, evidenciando una desconexión entre las políticas comerciales y las necesidades inmediatas de los ciudadanos europeos.
Bruselas ha intentado durante meses contener el flujo de productos chinos hacia el continente. Recientemente se discutió la implementación de un impuesto especial sobre artículos de bajo valor vendidos en plataformas como AliExpress, Temu o Shein. La Unión Europea atribuye a China un déficit comercial creciente y ha amenazado con imponer nuevas restricciones. Sin embargo, el calor se ha vuelto incontrolable, con un verano particularmente letal para millones de europeos. La población ha recurrido a hacer filas, viajar por ciudades y actualizar sitios web en busca de aparatos de aire acondicionado, la mayoría de los cuales son fabricados en China. La política comercial europea no ha logrado disminuir la dependencia de China, mientras que las altas temperaturas lo han conseguido en pocas semanas.
Una ola de calor sin precedentes ha afectado a numerosos países europeos, incluyendo Francia, Alemania, Países Bajos, Reino Unido, Bélgica, Polonia y la República Checa, donde el aire acondicionado tradicionalmente no se consideraba una necesidad. Con las temperaturas disparadas y un aumento significativo en las muertes relacionadas con el calor, la demanda de estos aparatos se ha disparado. El inconveniente es que la oferta no ha podido seguir el ritmo, y muchas tiendas se han quedado sin existencias.
Aunque en España el uso de aire acondicionado en los hogares es más común (especialmente fuera del norte), en el resto de Europa no lo es tanto. De hecho, según datos de la Agencia Internacional de la Energía, solo alrededor del 20% de los hogares europeos tienen aire acondicionado, en comparación con casi el 90% en Estados Unidos. Durante décadas, el continente consideró estos aparatos ruidosos, poco estéticos para las fachadas históricas y, sobre todo, innecesarios, ya que los veranos extremos eran eventos aislados. Esta misma perspectiva llevó a la construcción de edificios diseñados para retener el calor en invierno. Cuando las olas de calor dejaron de ser una excepción, Europa se encontró sin la infraestructura, la cultura de instalación y una industria propia capaz de satisfacer esta demanda. Ninguna de las cinco marcas de aire acondicionado más vendidas en el continente es europea, según datos de Euromonitor International.
Según cifras de aduanas chinas, las exportaciones de aparatos de aire acondicionado desde China a Francia aumentaron un 57% en mayo con respecto al año anterior, mientras que a España subieron un 41%, incluso antes de los días más calurosos de junio. El South China Morning Post, citando estimaciones de mayo, reportó un incremento interanual del 186% en Francia, 69,6% en Alemania y 139,1% en Países Bajos. The Telegraph también informó que las exportaciones chinas de aires acondicionados a la Unión Europea crecieron un 43% en el primer semestre del año, alcanzando los 3.800 millones de dólares, con aumentos de entre el 20% y el 97% en las ventas de ventiladores, dependiendo del mercado. Midea, uno de los principales fabricantes, afirmó a la agencia estatal china Xinhua que enviaría 100 contenedores de su modelo PortaSplit a Europa en un solo mes, y que sus pedidos ya habían superado las 200.000 unidades este año, el doble que en 2025.
Esta situación se produce en un momento inoportuno para la narrativa comercial europea. Bruselas y Pekín están en negociaciones para reducir un déficit comercial que alcanzó los 360.000 millones de euros el año pasado y que en el primer trimestre de este año ya sumaba 98.000 millones, el nivel más alto desde 2022, según datos de Eurostat. El propio comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, reconoció que la tendencia “no es sostenible”. Analistas como Ding Chun, del Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Fudan, señalaron que existe una creciente desconexión entre el discurso político de Bruselas, enfocado en la protección industrial, y las necesidades reales de los ciudadanos, quienes simplemente “buscan sobrevivir al calor al mejor precio posible”.
La Unión Europea ha fijado octubre como plazo para lograr avances “tangibles” en la relación comercial con China. Sin embargo, el problema del aire acondicionado no desaparecerá con el verano, ya que la propia Comisión Europea calculaba en 2024 que para 2030 podrían instalarse hasta 70 millones de nuevos aparatos en el continente, cubriendo aproximadamente el 35% de los hogares. Esto implica que, además de fabricantes chinos, Europa necesitará una red de instaladores y una regulación adaptada a una realidad que hasta hace poco no consideraba.