América Latina se prepara para un fenómeno El Niño de gran magnitud: desafíos y estrategias

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El fenómeno El Niño, que hace siete meses era una posibilidad lejana, ahora se manifiesta con una alta probabilidad de ser uno de los más intensos desde 1950, según la NOAA. América Latina enfrenta desafíos significativos debido a sus efectos, pero diversas naciones y organizaciones ya están implementando medidas de preparación. Sin embargo, la magnitud del evento sugiere que los esfuerzos actuales podrían ser insuficientes.

Hace siete meses, El Niño era una amenaza distante, una simple previsión. Ahora, el fenómeno no solo está presente, sino que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estima un 81% de probabilidad de que se convierta en uno de los más potentes registrados desde 1950. Si bien el impacto es global, América Latina lo experimenta con una intensidad amplificada. No obstante, la región se está preparando. Un claro ejemplo es la Autoridad del Canal de Panamá, que comenzó a racionar el agua en el Embalse Gatún semanas atrás. Esta medida no es fortuita; históricamente, El Niño reduce drásticamente las precipitaciones en la zona, provocando un severo déficit de agua dulce en los embalses que abastecen el sistema de esclusas de la vía interoceánica. Sin esta agua, el canal se vuelve inoperativo, lo que subraya la importancia crítica de este recurso. El caso del Canal de Panamá ilustra que, si bien América Latina está tomando precauciones, la magnitud del desafío supera las capacidades actuales.

El 9 de julio, la NOAA elevó sus previsiones, indicando que sus modelos proyectan un 81% de posibilidades de que El Niño sea "muy fuerte" entre octubre y diciembre, lo que lo situaría entre los más intensos desde 1950. Además, se estima un 97% de probabilidad de que persista hasta la primavera de 2027. Sin embargo, la señal más preocupante podría ser la anomalía de la temperatura frente a las costas de Perú y Ecuador, que supera en 2,2 grados la del Pacífico occidental. Esta situación evoca los fenómenos de 1982-83 y 1997-98, considerados los peores eventos ENSO recientes, y se distingue del de 2015-16. Las autoridades son conscientes de esta situación.

Nadie permanece inactivo. Perú se encuentra en alerta desde marzo, la Cruz Roja ha estado preparándose desde abril, y Ecuador presentó su plan el 1 de julio. A pesar de estos esfuerzos, se considera que no son suficientes.

El director general del IICA, Muhammad Ibrahim, publicó recientemente una tribuna en la que solicitaba una "estrategia regional proactiva" ante un episodio que se perfila como histórico, precisamente porque el nivel de preparación parece ser claramente inadecuado.

Es importante destacar que no se trata de una crítica, sino de una observación. Incluso con la preparación actual, se llega tarde; las consecuencias, sumadas a una persistente crisis de fertilizantes, serán muy graves. Esto se debe, en parte, a que ni siquiera los eventos más intensos producen un impacto uniforme en todas las regiones; solo indican probabilidades, y aún carecemos de un sistema capaz de prepararnos para todos los escenarios posibles.

Sin embargo, deberíamos desarrollar tal sistema.