Con el estreno de 'La Odisea' de Christopher Nolan, surge el debate sobre la precisión histórica de la epopeya de Ulises. Este artículo explora el recorrido del héroe, desde la Guerra de Troya hasta su regreso a Ítaca, analizando las posibles ubicaciones reales de los eventos descritos por Homero y su inesperada relación con la península Ibérica. Se ofrece un mapa dinámico para trazar estas conexiones entre hechos y ficción.
Hoy marca el estreno de 'La Odisea', tres años después del éxito de 'Oppenheimer' de Nolan. Esta nueva producción de Universal Pictures, que utiliza la tecnología IMAX más avanzada, se posiciona como un hito en la carrera de Christopher Nolan, reconocido por obras como 'El Caballero Oscuro', 'Memento' o 'Interstellar', quien siempre ha mantenido su visión personal.
Frente a las críticas sobre la recreación histórica, como el uso de mármol blanco en lugar de policromía clásica o la estilización de los personajes, surge la pregunta: ¿es posible una reconstrucción precisa? Nosotros hemos intentado ofrecer una perspectiva más fiel históricamente mediante un mapa interactivo que traza el viaje de Ulises punto por punto, conectando hechos y ficciones. Recorramos juntos esta gran epopeya del Mediterráneo, dejando el debate editorial a expertos como Vinzenz Brinkmann, Barry Strauss o Robin Lane Fox.
Cuando Homero escribió la Odisea, probablemente entre los años 750 y 700 a. C., el mapa del Mediterráneo era mucho más limitado que el actual. Más allá de sus confines se extendían monstruos, dioses caprichosos, islas imposibles y un océano indomable. Dos mil setecientos años después, la pregunta persiste: ¿por dónde viajó realmente Ulises? Y, ¿llegó alguna vez a lo que hoy es España? La respuesta corta es no. La respuesta larga es mucho más intrigante.
Contamos con la historiografía de Estrabón, Heródoto, Avieno, Píndaro, Apolonio de Rodas, Diodoro Sículo y Plinio el Viejo. Sus referencias explican cómo Gibraltar, Tartessos y el sur de Hispania se incorporaron al imaginario homérico, a pesar de que Homero nunca los mencionó. Esta parte, a menudo pasada por alto, merece una revisión profunda. Viajemos al momento crucial.
Todo comenzó con una guerra que (quizás) sí ocurrió. La Odisea se inicia una vez finalizada la Guerra de Troya. Ulises —u Odiseo, según la preferencia— intenta regresar a Ítaca tras una década de combate. Esta es una cronología histórica aproximada para contextualizar los eventos:
- c. 1250-1180 a. C.: posible Guerra de Troya.
- c. 1170 a. C.: viaje de Odiseo.
- c. 750-700 a. C.: Homero escribe la Odisea.
- siglos VII-VI a. C.: los griegos llegan a Iberia.
Los arqueólogos actuales sugieren la existencia de un conflicto real. Las excavaciones en Hisarlik, Turquía, han confirmado la existencia de Troya y que una de sus ciudades fue destruida alrededor del 1200-1180 a. C., al final de la Edad del Bronce. Es difícil saber si figuras como Aquiles, Héctor o Ulises existieron, pero el escenario histórico es compatible con una gran guerra entre reinos del Egeo. Si esta guerra inspiró el poema, el viaje de Ulises habría ocurrido hacia el 1170 a. C. Sin embargo, el relato que conocemos fue escrito unos cuatro siglos después, cuando muchos de esos recuerdos ya se habían fusionado con leyendas.
Diez años de travesía por el Mediterráneo. Como recordará cualquier lector, el viaje de Ulises comienza en las ruinas de Troya: “Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya”, reza el primer verso del Canto I. Troya VIIa, violentamente destruida hacia 1180 a. C., es la principal candidata a haber inspirado el conflicto, según el alemán Heinrich Schliemann, quien la buscó en 1871. Desde allí, Ulises navega hasta Ismaro, la ciudad de los cicones, en la actual costa de Tracia.
Después, encuentra a los lotófagos, cuyo fruto induce al olvido del hogar; la isla del cíclope Polifemo; el reino de Eolo, guardián de los vientos; los lestrigones, gigantes antropófagos; la isla de Circe; el descenso al Hades; el paso junto a las sirenas; el estrecho vigilado por Escila y Caribdis; la isla del Sol, donde sus hombres sacrifican el ganado sagrado de Helios; la isla de Calipso, donde permanece siete años cautivo; la tierra de los feacios y, finalmente, Ítaca, la pequeña isla del mar Jónico que algunos autores insisten en no asociar con la Ítaca de la obra. ¿Quizás era Leúcade, Cefalonia, Duliquio o Corfú? La verdad es que la ruta de Odiseo se estima entre 3.800 (desde 40º Este, Troya, hasta 6º Oeste, el Hades de Gibraltar) y 4.650 kilómetros, en una extensión de más de cinco millones de km², perfectamente navegable en un mar mucho más amplio. Claro, existen propuestas de localizaciones que incluyen Irlanda, el Mar Negro o las Azores. O que la ninfa Calipso mantuvo a Ulises siete años encerrado en la isla Perejil. Lo que está claro, porque lo dice el libro, es que la travesía dura diez años, veinte si contamos desde la partida hasta el regreso: cuando vuelve, su hijo Telémaco es ya adulto y apenas conserva recuerdos de su padre.
El recorrido de Ulises se resume así:
- Troya
- Ismaro (cicones)
- País de los lotófagos
- Cíclopes
- Eolo
- Lestrigones
- Circe
- Hades
- Sirenas
- Escila y Caribdis
- Trinacia
- Ogigia
- Esqueria
- Ítaca
Muchos de estos lugares pueden relacionarse con escenarios reales. Las sirenas suelen ubicarse frente a la costa de Campania. Escila y Caribdis evocan el estrecho de Mesina, entre Sicilia y Calabria. La isla de Circe se ha identificado con el monte Circeo, al sur de Roma. Otros episodios permanecen abiertos porque Homero nunca ofrece coordenadas precisas, y quien lee un punto específico en su mapa narrativo a menudo está influenciado por un sesgo de proximidad. Su Mediterráneo, más que un atlas, es un espacio de juego.
Gibraltar era el verdadero fin del mundo. Incluso España forma parte de este escenario. Cuando Homero escribió la Odisea, los griegos conocían el extremo occidental del Mediterráneo, pero poco más. Sin embargo, entre los siglos VII y VI a. C., comenzaron a navegar más allá y fundaron colonias como Emporion (la actual Empúries), comerciando con fenicios y descubriendo un territorio extraordinariamente rico en metales: Tartessos. En Tartessos abundaban la plata, el cobre y el estaño, lo cual es comprensible si se situaba entre las desembocaduras del Guadalquivir y el Guadiana, sirviendo como filtro natural y centro económico.
Pero ningún lugar simboliza mejor esa transformación mítico-histórica que el estrecho de Gibraltar (Gadir). Allí, el Mediterráneo desaparecía y comenzaba un océano inmenso, marcando el final del mundo conocido. La separación de ambos continentes, África y Europa, eran las Columnas de Hércules. El Peñón de Gibraltar y la montaña de Jebel Musa, en la costa marroquí, se consideraron en su momento los pilares de una bóveda idéntica. Esa puerta que separaba el mundo civilizado del exterior ignoto es la primera conexión entre la 'Odisea' y la península Ibérica. Y más allá: el Jardín de las Hespérides, donde los árboles de manzanas doradas eran custodiados por un dragón, se sitúa en la costa atlántica del norte de África o incluso en las Islas Afortunadas, identificadas siglos después con Canarias.
El viaje de Ulises que aún no ha terminado. Visto desde el siglo XXI, Ulises parece navegar con un GPS averiado. Estaba completamente perdido, cruzando el mar sin rumbo fijo, como un capitán ebrio. La culpa no era suya, por supuesto: después de cegar al cíclope Polifemo, Poseidón convertía cada intento de regresar a Ítaca en una nueva derrota. Tormentas, corrientes, vientos y naufragios obligaron al héroe a recorrer miles de kilómetros de más. La Odisea es la épica definitiva del infortunio. Esperamos que este mapa ayude a ilustrarlo.
Parece que Nolan ha optado por una mirada épica, por una reconceptualización autoral que prefiere hablar del pecado original y la subjetividad dentro de un cosmos de espadas y sandalias, en lugar de buscar la máxima precisión histórica posible. O la comedia, que siempre es bienvenida. Hace dos mil años, los navegantes griegos ya sabían cómo escribir grandes historias de regreso. Nolan purga y expurga gran parte del texto original para concentrar la fuerza en la poesía visual.