Alcalá de la Selva, un municipio turolense de 382 habitantes, se ha transformado en un «refugio climático» que acoge a más de 6.000 personas en verano. Este crecimiento desproporcionado tensiona su infraestructura hídrica y no se refleja en los censos, lo que genera una brecha en la financiación pública. La situación, impulsada por su atractivo turístico y el cambio climático, evidencia un modelo insostenible que afecta a los servicios esenciales del pueblo.
«Hay personas que vienen porque están agobiadas con tanto calor». Así lo afirma José Edo, concejal de Cultura y Patrimonio de Alcalá de la Selva, refiriéndose a su propio pueblo. No se trata de turistas de fin de semana, sino de individuos que adquieren una vivienda en este municipio de 382 residentes porque ya no soportan los veranos en sus lugares de origen. Alcalá se ha convertido, según uno de sus gobernantes, en un refugio climático. Sin embargo, este «refugio» cuenta con una red de suministro de agua diseñada para 500 personas, no para los más de 6.000 que recibe cada temporada estival. Una tubería está al borde del colapso en un lugar donde es imposible registrar un crecimiento demográfico real, ya que nadie se empadrona ni se producen cambios censales significativos. Lo que sí ofrece el municipio es una estación de esquí a diez minutos, a ocho kilómetros de distancia, y un excepcional campo de golf a 1.475 metros de altitud, ambos fácilmente accesibles en coche para gran parte de la Comunidad Valenciana. Reconocer a alguien por la calle durante estas fechas se ha vuelto una tarea complicada.
Los datos no concuerdan. Alcalá de la Selva, que carece de selva pero disfruta de un clima fresco gracias a su altitud (1404 m sobre el nivel del mar) y su ubicación entre dos montes en la sierra de Gúdar, junto al río Alcalá, forma parte de Teruel. Es uno de los numerosos pueblos aragoneses con casas blancas y de piedra que experimentan un aumento de población cada verano. No obstante, pocos crecen tanto como este. Se ha pasado de 350 a 6.500 personas hace un par de años, según reconoce el Ayuntamiento, sin incluir campings ni albergues cercanos. Esto representa multiplicar la población por diecisiete, un incremento superior al 1.600%.
El turismo genera ingresos, ¿verdad? No exactamente: la financiación autonómica y estatal se calcula únicamente en función de los habitantes empadronados. El Ayuntamiento recauda el IBI y las tasas de agua y basura de sus residentes, pero ni la Diputación ni el Estado asignan fondos adicionales para los servicios que consume un crecimiento tan notable. Además, el municipio depende de Teruel para todo y su expansión urbanística está limitada por su ubicación en un monte rocoso.
Un pueblo concebido para no tener vecinos. El propio plan urbanístico municipal lo reconoce abiertamente: «Apenas hay necesidad de primera vivienda», según el documento que Alcalá presentó al concurso europeo Europan en 2011, cuando la localidad tenía 513 habitantes censados y ya registraba picos de hasta 5.000. Desde las elecciones municipales de 2023, gobierna María Amparo Atienza Chisbert, del PAR (Partido Aragonés). Ella admite un problema de modelo que los está asfixiando. El alcalde de Cosuenda (Zaragoza) y el de Canfranc (Huesca) describían exactamente la misma situación de saturación, a pesar de pertenecer a gobiernos de diferente signo político.
El campo de golf El Castillejo, de propiedad municipal y con 9 hoyos, inaugurado en 2003, es el de mayor altitud de España y ofrece vistas impresionantes. La estación de esquí de Valdelinares, la más cercana, con 14 pistas, abrió en 1970. Ninguna de estas instalaciones está pensada para los 382 vecinos de invierno. Junto al centro histórico, desde los años 80 y 90, surgieron urbanizaciones dispersas de uso estacional: chalets que se limpian y abren en Semana Santa, en agosto y durante los puentes de nieve. El resto del año permanecen cerrados a cal y canto.
Este verano, además, habrá un eclipse. Para añadir un toque irónico, es relevante recordar que la Comarca de Gúdar-Javalambre, donde se encuentra Alcalá, ha sido designada como uno de los siete puntos oficiales de Aragón para observar el eclipse solar total del 12 de agosto. La zona se prepara para recibir al primer eclipse total visible en la península en más de un siglo. Aragón anticipa la llegada de unos cuatro millones de visitantes solo por este fenómeno. Las reservas en alojamientos rurales de la zona ya superan el 90% para los días del eclipse, y algunas casas rurales prevén facturar en agosto de 2026 hasta cuatro veces más que en un agosto normal.
Cuando todo termine, regresará el frío, las calles vacías, la tienda y la farmacia de turno ya no necesitarán duplicar existencias, y habrá que soportar la calma hasta el siguiente puente. El municipio posee su propia historia —cayó en manos de los anarquistas «Los Vengadores» de la Columna de Hierro, para que meses después el general Varela tomara el pueblo bajo el mandato franquista— y hoy en día es una de las muchas víctimas de un deseo autocumplido en torno al turismo de la España vaciada.
El contexto nacional. Según estimaciones, España concluirá 2026 con aproximadamente 100 millones de turistas, un récord histórico, y solo entre junio y septiembre se esperan 43 millones de llegadas internacionales. Las reservas de vivienda turística tipo Airbnb se han duplicado desde 2018, mientras que las pernoctaciones hoteleras solo aumentaron un 8% en el mismo periodo. Es cierto que, desde mayo de 2026, toda vivienda turística anunciada en plataformas requiere un número de registro único, el NRUA, exigido por normativa europea, pero esto no ha frenado el crecimiento. Aunque en muchas regiones el alquiler vacacional está «perdiendo su atractivo», el propio Banco de España advirtió que este tipo de alojamiento desplaza el mercado del alquiler tradicional, como es el caso de Alcalá de la Selva, una versión en miniatura de un país que construye para quienes lo visitan tres semanas al año, y que factura limpieza, agua y carreteras a quienes residen los trescientos cuarenta y cinco días restantes. Es fácil suponer que ciudades como Málaga enfrentan situaciones más graves, con casi un 30% del mercado en alquiler. Sin embargo, proporcionalmente, Alcalá de la Selva se encuentra congestionada por cifras más alarmantes.