La sauna, considerada una necesidad en los países nórdicos, ha ganado popularidad en España por sus supuestas propiedades curativas. La ciencia, a través de diversos estudios, respalda ahora los beneficios de la termoterapia en el cerebro, sugiriendo un impacto significativo en la reducción del riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y la mejora de síntomas depresivos.
En los países nórdicos, la sauna se considera más que un lujo, una necesidad para el bienestar diario, atribuyéndosele diversas propiedades curativas. Estos espacios han ganado terreno en España, siendo un servicio común en gimnasios y balnearios.
El saber popular sugiere que pasar unos minutos en la sauna con calor húmedo es beneficioso, y la ciencia avala el impacto de la termoterapia en el cerebro.
Un estudio finlandés, el KIHD de la Universidad de Finlandia Oriental, es la referencia principal cuando se habla de los beneficios neurológicos de la sauna. Este estudio siguió a 2.300 hombres finlandeses de mediana edad durante 20 años para observar el efecto real de la sauna en su salud.
Los resultados indicaron que aquellos que utilizaban la sauna entre 4 y 7 veces por semana presentaban un riesgo de desarrollar demencia un 66% menor que quienes solo la usaban una vez a la semana. Específicamente, en el caso de la enfermedad de Alzheimer, el riesgo se redujo en un 65%.
Estos hallazgos no son una coincidencia estadística, ya que los investigadores ajustaron los resultados considerando factores de riesgo como el tabaquismo y el IMC. Además, revisiones posteriores han ampliado estos descubrimientos, señalando que los beneficios del calentamiento corporal pasivo son independientes de otros factores de riesgo y no exclusivos del sexo masculino.
El impacto de la sauna no se limita a las enfermedades neurodegenerativas; también hay evidencia de que los baños de calor mejoran los síntomas depresivos. Aunque la evidencia aquí es más heterogénea, basada en estudios observacionales y ensayos más pequeños, la neurobiología ofrece una explicación. El calor activa ciertas proteínas en el organismo que reparan otras proteínas dañadas y protegen las células del estrés. Además, la alternancia entre calor intenso y enfriamiento entrena las respuestas de "lucha o huida" y "descanso y digestión". Recientemente, se ha descubierto que la depresión tiene un componente inflamatorio importante, y el aumento de la temperatura corporal reduce paradójicamente estos marcadores inflamatorios a largo plazo.
Lo que estos estudios sugieren es que el uso frecuente de la sauna ralentiza el envejecimiento cerebral, aunque no es una causalidad absoluta. No se puede afirmar categóricamente que el calor en sí mismo sea el único factor que "frena" la demencia.
La razón es que ir a la sauna 4 o 5 veces por semana suele estar asociado a un estilo de vida particular, que puede incluir varias sesiones de ejercicio en un gimnasio. Además, tener el tiempo y los recursos para hacerlo a menudo se vincula con vidas con menores niveles de estrés, mayor interacción social y mejores hábitos que pueden influir significativamente en el Alzheimer.