Descubierta una Nueva Especie de Conejo en la Península Ibérica: Implicaciones para la Conservación

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Un reciente y exhaustivo estudio ha revelado que la Península Ibérica alberga dos especies distintas de conejos, contrariamente a la creencia popular de que solo existía el conejo europeo. Este hallazgo, basado en múltiples pruebas genéticas y ecológicas, eleva el linaje del suroeste ibérico a la categoría de especie independiente, ahora denominada conejo ibérico. Esta reclasificación tiene profundas implicaciones para los esfuerzos de conservación de especies clave como el lince ibérico.

El conejo, un habitante común de nuestros montes, ha sido históricamente un pilar fundamental de los ecosistemas ibéricos. De él dependen especies emblemáticas de nuestra fauna como el lince ibérico o el águila imperial. Hasta ahora, se asumía que los conejos de la península pertenecían a una única especie, el conejo europeo.

Sin embargo, la ciencia ha modificado nuestra comprensión taxonómica. Un nuevo y detallado estudio, publicado en la revista Biological Conservation y dirigido por investigadores del IESA-CSIC, ha confirmado lo que la genética sugería desde hace tiempo: en la península ibérica coexisten dos especies distintas de conejos.

Este debate no es completamente nuevo, ya que trabajos anteriores habían documentado diferencias entre los conejos del este y norte peninsular y los del suroeste, que también se extienden por el norte de África. Previamente, estas diferencias se resolvían dividiendo a los conejos en dos subespecies: Oryctolagus cuniculus cuniculus y Oryctolagus cuniculus algirus. Ahora, la ciencia ha refutado esta clasificación con una gran cantidad de pruebas de diferentes ámbitos que van más allá del ADN.

Los investigadores han sintetizado pruebas definitivas en genética, morfología, ecología, reproducción, parasitología e incluso en el microbioma de estos animales. La conclusión es que las diferencias son tan profundas que el linaje del suroeste ibérico debe ser elevado a la categoría de especie independiente, pasando a denominarse oficialmente conejo ibérico.

Por su parte, el linaje del este y norte de la península, y sus poblaciones introducidas por el resto del mundo, como en Australia, mantendrá el nombre clásico de conejo europeo.

Ante este estudio, surge la pregunta: ¿Cómo es posible que dos animales tan parecidos a simple vista sean especies distintas? La respuesta reside en el hielo, ya que las diferencias genéticas entre ambos linajes se estiman en unos dos millones de años.

Durante las eras glaciares del Pleistoceno, las poblaciones originales de conejos quedaron aisladas en diferentes "refugios climáticos" del sur de Europa. Un grupo quedó confinado en la zona del valle del Ebro, mientras que el otro sobrevivió en las inmediaciones del golfo de Cádiz. Este aislamiento geográfico sostenido durante milenios forzó caminos evolutivos distintos. Hoy en día, las pruebas apuntan incluso a una especiación incipiente, con estudios que reportan incompatibilidades cromosómicas cuando ambos linajes se cruzan en las zonas donde actualmente coinciden.

Este cambio de estatus no es un mero capricho académico o un tecnicismo de laboratorio, ya que tiene consecuencias significativas. Al reconocerse como una especie única, exclusiva de la península ibérica (y parte del norte de África), cambian por completo las reglas del juego para la conservación.

Por ejemplo, las áreas donde habita el amenazado lince ibérico coinciden geográficamente, en su mayoría, con el área de distribución de esta nueva especie en declive. Es por ello que salvar al conejo ibérico es, literalmente, salvar al lince.