Japón enfrenta un recrudecimiento del karōshi, las enfermedades y muertes por exceso de trabajo, con cifras récord de indemnizaciones reconocidas por el Gobierno. Los datos del Ministerio de Salud revelan una tendencia preocupante que subraya la dificultad del país para abordar este arraigado problema social. La situación ha generado una alarma creciente ante la persistencia de esta lacra laboral.
El karōshi, que engloba enfermedades e incluso fallecimientos derivados del exceso de trabajo, está experimentando un repunte en Japón. Los datos recientes del Ministerio de Salud indican que el año pasado el Gobierno reconoció un número sin precedentes de 1.310 afectados con derecho a indemnizaciones. Si se consideran todas las solicitudes, la cifra asciende a 6.212, lo que también representa un récord. Aunque los registros estatales son solo un indicio de un problema más amplio, sugieren que Japón está lejos de encontrar una solución, lo que genera una gran preocupación.
Los datos del Ministerio de Salud demuestran que Japón está muy lejos de resolver uno de sus retos sociales más complejos: las enfermedades o muertes por karōshi, causadas por la sobrecarga laboral. El último informe oficial revela que el número de empleados que recibieron compensaciones gubernamentales por esta razón alcanzó un máximo histórico durante el año fiscal 2025. Esto es alarmante por sí mismo, pero lo verdaderamente inquietante es la tendencia. Como señala The Japan Times, es el cuarto año consecutivo que se bate este récord, y el flujo de solicitudes (independientemente de si son aprobadas) también se mantiene en niveles históricos.
El informe del Ministerio de Salud detalla que en Japón, cientos de personas son reconocidas por el Gobierno para recibir compensaciones debido a la excesiva carga laboral. Específicamente, durante el año fiscal 2025, se registró un récord de 1.310 casos. Aunque son solo cinco más que en 2024, lo significativo es el crecimiento constante de esta cifra en los últimos años. De hecho, no es la primera vez que se encienden las alarmas; a finales de 2024, Nippon ya alertaba sobre el aumento de casos documentados. Además, el informe ministerial revela otra cifra impactante: aunque se indemnizaron 1.310 personas, el número de solicitudes fue mucho mayor. Durante el mismo período, se recibieron 6.212 solicitudes, otro récord que supera en 1.402 las de 2024. Es probable que no todas cumplan los requisitos de Salud, pero la prensa nipona no aclara si la diferencia entre indemnizados y solicitantes se debe a esa disparidad o a una cuestión meramente administrativa.
La gran mayoría de las personas indemnizadas (1.086) presentaban trastornos mentales relacionados con el trabajo, incluyendo episodios de depresión. Las 224 restantes sufrieron accidentes cerebrovasculares e infartos, todos atribuibles a su actividad profesional. En 145 casos, el desenlace fue trágico, resultando en muertes o suicidios, aunque esta cifra es 14 menos que en 2024. Entre las solicitudes recibidas por el Ministerio de Salud, la mayoría (4.958 de un total de 6.212) también se relacionan con problemas psicológicos. No solo son los más comunes, sino que su incidencia está en claro aumento: el Gobierno registró 1.178 casos más que durante el año fiscal 2024. El informe también indica que muchos casos de karōshi están vinculados a problemas con los superiores, acoso laboral y cambios drásticos que afectan la carga y calidad del trabajo asignado al afectado.
El sector de actividad es un factor relevante. Quienes corren mayor riesgo son los profesionales de áreas donde la regulación de las horas extras está menos desarrollada. The Japan Times menciona específicamente a conductores de autobuses y camiones, médicos y operarios de la construcción, oficios que han visto mejoras graduales en su marco legal, pero que en algunos casos aún presentan excepciones. Por ejemplo, un chófer puede trabajar hasta 960 horas extra al año, una carga laboral que también supera el 15% de los médicos que trabajan en hospitales de Japón. En 2016, este porcentaje era del 39,2%, pero aun así, el dato es preocupante y existen ciertos perfiles especializados en los que las horas extras se disparan.
Esta situación es preocupante porque las enfermedades y muertes relacionadas con el karōshi no son un fenómeno nuevo. La cultura de trabajo extenuante está profundamente arraigada en Japón, y se intensificó particularmente después de la Segunda Guerra Mundial. Aunque durante un tiempo contribuyó al avance del país, en los años 60 comenzó a cobrar su precio: infartos, accidentes cerebrovasculares e incluso suicidios por estrés, conocidos como karojisatsu. En los últimos años, también ha habido casos muy mediáticos, como el de una joven que se quitó la vida en 2015 después de dormir solo 10 horas a la semana debido a su sobrecarga laboral y acumular alrededor de 100 horas extras al mes.
Ante este panorama, Japón ha comenzado a regular aspectos como las horas extra y el número máximo de jornadas consecutivas permitidas. Sin embargo, los resultados recientemente publicados por el Ministerio de Salud demuestran que el problema está lejos de solucionarse. En el país, algunos temen el posible impacto del gobierno de la conservadora Sanae Takaichi, quien no duda en convocar reuniones de equipo a las tres de la madrugada y se enorgullece de no dormir más de cuatro horas.