El Motorola Razr 70 Plus se presenta como una alternativa madura en el segmento de los plegables tipo concha, ofreciendo un diseño de bolsillo con una pantalla de alta calidad. Este modelo intermedio busca competir en la gama alta con su panel exterior de 4 pulgadas y un procesador Snapdragon 8s Gen 3, manteniendo un precio competitivo. Analizamos a fondo sus aciertos y limitaciones para determinar si su propuesta de valor realmente compensa el ahorro frente a otros modelos premium.
Los teléfonos plegables de tipo concha han evolucionado de ser un experimento a una opción consolidada para usuarios que buscan un diseño compacto sin sacrificar una pantalla generosa. Motorola ha fortalecido su línea 'flip' con una nueva generación que incluye tres variantes. El modelo intermedio, el Motorola Razr 70 Plus, ha sido probado exhaustivamente durante varias semanas.
Este plegable tiene el ambicioso objetivo de brindar una experiencia de gama alta por un precio inicial cercano a los 1.200 euros, compitiendo con dispositivos como el Galaxy Z Flip7. Para lograrlo, incorpora la característica más atractiva de su hermano 'Ultra': un panel exterior de 4 pulgadas, que ha resultado ser muy satisfactorio y capaz de ejecutar cualquier aplicación. Internamente, ajusta su precio al integrar un eficiente Snapdragon 8s Gen 3 junto a 12 GB de RAM. Sobre el papel, podría ser la elección más sensata de la familia, pero es crucial determinar si el ahorro justifica las posibles diferencias con el modelo superior.
La experiencia con el Motorola Razr 70 Plus comienza al abrir su embalaje, que desprende la fragancia característica de la marca e incluye una funda perfectamente ajustada. El dispositivo ofrece una excelente sensación al tacto. Con 189 gramos de peso —apenas un gramo menos que el Z Flip7— y un grosor muy bien logrado, se percibe ligero y cómodo. Gran parte de este mérito recae en su trasera de cuero vegano tejido (en el color Mountain View en el caso probado), que se une a unos bordes de aluminio mate ligeramente curvados, muy agradables al tacto. El acabado textil de la parte trasera mejora el agarre en comparación con superficies de cristal y es resistente a las huellas, aunque puede acumular un poco de grasa de los dedos en las zonas de mayor roce, dándole un aspecto brillante.
Al desplegarlo, se aprecia la principal característica de los Razr: su formato 22:9. Es un teléfono excepcionalmente alargado, lo que a menudo requiere estirar la mano o cambiar el agarre para alcanzar la parte superior de la pantalla. Este aspecto también afecta la ubicación de los botones laterales: el botón de encendido, que integra el lector de huellas, cae de forma natural, pero está situado un poco alto. El verdadero inconveniente es que los botones de volumen se encuentran justo encima, en una posición casi inalcanzable con una sola mano, incluso para dedos largos. En el borde inferior, el puerto USB-C está convenientemente ubicado. La pantalla interna de 6,9 pulgadas está rodeada por marcos que, aunque más gruesos que los de un teléfono no plegable, consiguen una simetría casi perfecta, con un marco inferior y superior algo generosos. El orificio para la cámara frontal es discreto y el plástico protector de la pantalla flexible está bien integrado, sin bordes ásperos.
En cuanto al pliegue, Motorola ha logrado una buena solución: a simple vista, apenas se percibe como una leve sombra o un cambio en el reflejo. Sin embargo, se sigue notando al deslizar el dedo, aunque con el tiempo se vuelve menos perceptible. Una grata sorpresa ha sido el tratamiento oleofóbico de ambos paneles; aunque las huellas terminan marcándose con el uso (especialmente en la pantalla exterior debido a su acabado), resisten la suciedad mucho mejor de lo esperado. La bisagra, un componente crítico en este formato, también transmite solidez. No se aprecian crujidos ni sensación de fragilidad. Ofrece una ligera resistencia al desplegar el móvil, lo justo para requerir ambas manos. Al cerrarlo, queda completamente plano, sin dejar ningún espacio visible.
Aunque la parte trasera es atractiva, la pantalla de 4 pulgadas se lleva todo el protagonismo cuando el Razr 70 Plus está cerrado. Visualmente es excelente, pero las dos cámaras traseras, que sobresalen ligeramente, crean un pequeño espacio donde se acumula polvo (especialmente entre ambas lentes), y su limpieza puede ser algo complicada. Además, al usar aplicaciones a pantalla completa, el recorte de las cámaras interfiere con la interfaz y, por ende, con la respuesta táctil. Afortunadamente, Motorola ha implementado una solución (parcial) por software: al mantener pulsada la barra de navegación, se puede reducir el tamaño de la aplicación para que se ajuste por encima de las cámaras, utilizando el espacio inferior para mostrar notificaciones.
La experiencia visual del Razr 70 Plus se basa en dos paneles AMOLED que ofrecen un rendimiento sobresaliente. De fábrica, la calibración —respaldada por la certificación Pantone— es precisa, aunque se ha preferido el perfil de color «Intenso» para realzar los colores vivos y vibrantes que caracterizan a las pantallas AMOLED. Motorola destaca una impresionante tasa de refresco de 165 Hz en ambas pantallas. Sin embargo, la realidad es que la interfaz del sistema operativo funciona a 120 Hz, y los 165 Hz se reservan exclusivamente para juegos compatibles. La diferencia entre 120 y 165 Hz es casi imperceptible para el ojo, a diferencia del salto de 60 a 120 Hz. Aun así, la fluidez del sistema es notable, especialmente al usar la pantalla externa, que sorprende por su calidad inesperada.
En cuanto al brillo, el panel interno alcanza un pico de 3.000 nits y la pantalla externa, 2.400 nits. En la práctica, bajo el intenso sol del sur de Andalucía, la visibilidad perfecta es un desafío. Es suficiente para leer mensajes o encuadrar fotos, pero se disfruta mucho más en condiciones de luz ambiental menos intensa. Un detalle importante en los plegables es la película protectora, que en otros modelos puede afectar los ángulos de visión y generar reflejos. Aquí, Motorola ha logrado una buena integración: no interfiere en absoluto, los ángulos de visión son amplios y no hay reflejos. Además, la función «Water Touch» se probó con éxito, manteniendo la respuesta táctil inalterada tras aplicar gotas de agua, sin toques fantasma.
La costumbre influye mucho, y el lector de huellas fuera de la pantalla, montado en el botón de encendido, requiere un reacostumbramiento. Aunque su ubicación lateral es menos cómoda que los integrados bajo el panel, el funcionamiento del sensor del Motorola Razr 70 Plus es muy bueno, con pocas lecturas fallidas. Reconoce el dedo rápidamente, incluso si no apoya completamente o está húmedo, mostrando la pantalla de inicio casi instantáneamente. Como complemento, el desbloqueo facial vía cámaras es muy útil en un dispositivo plegable, funcionando tanto con la cámara interior desplegada como con la principal trasera al usar la pantalla exterior. Ambas opciones son ágiles de día, pero, al ser un reconocimiento facial 2D, presenta las limitaciones habituales en condiciones de poca luz, donde es necesario recurrir a la huella.
Integrar altavoces competentes en un chasis que apenas supera los 7 milímetros de grosor cuando está desplegado es un reto. A pesar de ello, Motorola ha dotado al Razr 70 Plus de una potencia de sonido considerable. El audio ofrece graves aceptables y una claridad suficiente para escuchar podcasts o ver vídeos en casa. Aunque no es el teléfono más ruidoso en entornos con mucho bullicio, cumple sobradamente para el uso diario. El equilibrio de los canales es sorprendente, con un altavoz superior que rinde notablemente, acercándose a una simetría perfecta cuando el teléfono está sobre una superficie plana.
Sin embargo, este audio tiene dos pequeños inconvenientes. El primero es que, por encima del 70-75% del volumen, el sonido comienza a distorsionar, adquiere un tono metálico y se percibe una vibración acústica en el cuerpo del teléfono. Aunque no es extremadamente molesto y el usuario casual rara vez lo notará, está presente. El segundo detalle está relacionado con la ergonomía al usar el móvil en horizontal (para juegos o series): al estar el altavoz superior alojado en un bisel mínimo y orientado hacia la pantalla, es fácil tapar su rejilla con la mano y atenuar el sonido. En el software, el dispositivo incluye certificación Dolby Atmos. Dejándolo en modo automático, su activación mejora la riqueza del sonido, y también permite una ecualización detallada. La ausencia de conector jack es compensada por el Bluetooth 5.4, ofreciendo una experiencia estable y una calidad de audio sin reproches con auriculares compatibles.
Un aspecto crucial en la ficha técnica del Motorola Razr 70 Plus es su procesador. En un terminal que supera los mil euros, la inclusión de un Snapdragon 8s Gen 3 (un chip excelente, pero de un escalón inferior al tope de su generación) es una decisión arriesgada. Sin embargo, considerando el contexto de la industria y la crisis de componentes que afecta los costos, no parece una mala elección. En el uso diario con aplicaciones de redes sociales, streaming y navegación web, el rendimiento es muy bueno. Aunque se ha probado con chips más modernos y eficientes en la gama media, estos suelen ser más lentos. La diferencia con procesadores como el Snapdragon 8 Elite o el 8 Elite Gen 5 es mínima y no se percibe una falta de potencia significativa. En resumen, no se ha echado en falta el SoC más potente del mercado. La fluidez al abrir y cerrar aplicaciones es consistente. Además, el terminal cuenta con 12 GB de memoria RAM LPDDR5X, que gestionan las aplicaciones de manera eficiente, permitiendo saltar entre cuatro o cinco apps sin forzar recargas molestas.
Donde sí se ha notado un ligero descenso en el rendimiento es cuando el porcentaje de batería baja y se activa el ahorro de energía. En esos momentos, el sistema pierde agilidad y se perciben caídas en la tasa de refresco de la pantalla al usar aplicaciones más exigentes como Google Maps o YouTube. Fuera de esa situación específica, la experiencia es impecable. Sin embargo, en el ámbito de los juegos, es importante destacar que este no es un móvil gaming. El formato plegable obliga a condensar la placa y el chip en la mitad superior del dispositivo, lo que dificulta la disipación del calor. Al exigirle potencia gráfica sostenida con títulos como Genshin Impact, el throttling aparece después de un tiempo de juego. El calor se concentra notablemente en el módulo de cámaras y la pantalla exterior. No obstante, al usarlo con funda, esto no ha resultado molesto en las manos, aunque la subida de temperatura es evidente. No arruina una partida rápida, pero si se busca jugar durante horas, este formato no es el ideal. Como punto positivo, durante los ciclos de carga, el teléfono apenas se calienta, manteniendo una temperatura moderada.
La integración de una batería decente en un cuerpo que apenas supera los 7 milímetros de grosor cuando está abierto sigue siendo un desafío de ingeniería para los plegables. Motorola ha logrado incorporar una batería de 4.500 mAh, una cifra significativa que representa una mejora respecto a la generación anterior. Esta autonomía es suficiente para completar la jornada. En las pruebas, se ha obtenido una media de entre cinco y seis horas de pantalla activa por ciclo. Para usuarios de perfil bajo (con dos o tres horas de pantalla), puede extenderse a más de un día. Sin embargo, la tranquilidad desaparece con un uso más intensivo: en días con mucho uso de GPS en exteriores o de la cámara, el teléfono tiene dificultades para llegar encendido a la noche. Y el panel externo, aunque da la sensación de consumir menos energía, es una pantalla completa de 4 pulgadas a 120 Hz, no un simple reloj Always On. En definitiva, cumple, pero deberá seguir mejorando esta cifra.
Donde destaca es en su velocidad de carga: con carga rápida de hasta 45 W, supera con creces la alternativa de Samsung en su Galaxy Z Flip 7. En el cargador, ha tardado aproximadamente 55 minutos en pasar de 0 a 100%. Un breve impulso de 10 o 15 minutos antes de salir de casa proporciona autonomía suficiente para varias horas. Es importante señalar que el cargador no está incluido en la caja, una práctica cada vez más común. La buena noticia es que, al usar el estándar Power Delivery, se puede emplear el cargador de un portátil para obtener esos tiempos de carga rápida. Además, cuenta con carga inalámbrica de 15 W, que, aunque no es especialmente rápida, es un añadido esperado en este rango de precios. La única pega es la ausencia de Qi2, lo que limita el uso con accesorios como soportes para coche o baterías tipo MagSafe. Otro detalle es que, al cargar el móvil plegado, el calor se concentra en un área más pequeña y se hace más perceptible. Aunque no es alarmante ni afecta el rendimiento, es recomendable evitar cargarlo cubierto sobre superficies que retengan el calor.
La firma se mantiene fiel a su filosofía de contención con Hello UI, basada en Android 16. Para usuarios acostumbrados a Pixel, esta capa resulta familiar y cómoda. Sin embargo, visualmente, requiere una revisión; comparada con la cohesión lograda por Google en sus últimas versiones, el entorno de Motorola se percibe algo desordenado. Además, a pesar de ser una capa muy ligera, no se siente tan pulida como la ROM de Google: se han experimentado pequeños tirones y algunas animaciones que se atascan aleatoriamente, independientemente de la tarea. El resto del tiempo, la rapidez es evidente, lo que sugiere una cuestión de optimización de software más que de hardware.
Donde Motorola sigue siendo imbatible es en sus funcionalidades adicionales. Los gestos icónicos de la marca adquieren aún más sentido en un formato plegable, ya que la menor superficie de agarre facilita su ejecución con el dispositivo cerrado. Gestos como el doble giro de muñeca para activar la cámara o la doble pulsación del botón de encendido para abrir Google Wallet se han vuelto indispensables y se echarán de menos. Además, no hay una excesiva cantidad de bloatware, aunque el Razr 70 Plus incluye aplicaciones preinstaladas de terceros como Perplexity, Amazon Music o Adobe Scan. Aunque se pueden desinstalar, en un dispositivo de este precio, la experiencia inicial debería ser más limpia, dejando solo lo esencial. Se entendería una sugerencia posterior para esas aplicaciones consideradas parte de la experiencia.
En cuanto a las actualizaciones, la compañía garantiza tres años de actualizaciones de Android y cinco años de parches de seguridad. Si bien los cinco años de seguridad son adecuados, quedarse en solo tres versiones de Android parece un poco limitado. En un dispositivo de más de mil euros, se espera un soporte más prolongado. Conforme a las tendencias de 2026, Motorola enfatiza la inteligencia artificial con su hub Moto AI y la integración directa con Gemini. El terminal viene con herramientas de IA preinstaladas como Perplexity. Sin embargo, la experiencia no ha sido tan revolucionaria como el marketing sugiere. El asistente de Moto AI, que se apoya en la nube de Perplexity, funciona decentemente para resolver consultas, aunque la voz de la IA resulta poco natural. El problema surge al intentar probar las capacidades de IA local del teléfono: la sección de ajustes de Moto AI para gestionar y descargar estos modelos no funciona. Se desconoce si es un problema específico de la unidad probada, pero sin duda, habría sido una característica importante a revisar.
Por otro lado, la función «Pay Attention» (diseñada para transcribir notas de voz en directo) cumple su cometido, pero su precisión no es su punto fuerte: en grabaciones individuales, llegó a confundir la transcripción como si hubiera dos interlocutores distintos. En definitiva, son herramientas que necesitan una integración más orgánica y precisa; al final, ha resultado más rápido recurrir a Google Keep o a la aplicación de grabación de voz.
Analizando el historial reciente de Motorola, se observa que con el Razr 60 Ultra, la marca ya optó por prescindir del teleobjetivo, y en este Razr 70 Plus, la situación se repite. En un momento complejo para la industria, apostar por un sensor principal y un ultra gran angular podría tener cierta lógica. Sin embargo, en un teléfono de cuatro cifras, se espera al menos un buen teleobjetivo, por lo que se considera un sacrificio demasiado grande. Los sensores de este plegable son: una cámara principal de 50 megapíxeles (Samsung ISOCELL GN8) con un tamaño de 1/1.95”, apertura f/1.7, enfoque PDAF multidireccional y estabilización óptica (OIS); un ultra gran angular de 50 megapíxeles (Samsung ISOCELL JNS) con un tamaño de 1/2.76”, apertura f/2.0, campo de visión equivalente a 12 mm y enfoque automático (PDAF) para función macro; y una cámara frontal (interna) de 32 megapíxeles (Omnivision OV32B) con tamaño de 1/3" y apertura f/2.4.
Antes de evaluar los resultados, es importante mencionar la aplicación de la cámara de Motorola, que resultará familiar a cualquier usuario (con navegación por pestañas personalizables) e incluye detalles muy apreciables. Destaca en la parte superior el botón para alternar el perfil de color entre «Natural» o «Intenso», indicando a la IA cómo debe procesar la toma final. En este caso, se ha preferido siempre el modo Natural para evitar una saturación excesiva. La experiencia al disparar es fluida, sin retardo del obturador, lo que demuestra la eficiencia del hardware. Además, incluye decisiones de diseño inteligentes, como mostrar los aumentos del modo retrato en milímetros de distancia focal, o un interesante modo «Foto en grupo» que procesa y mezcla varias ráfagas para asegurar que nadie salga con los ojos cerrados. Para los más entusiastas, el modo «Pro» permite disparar en RAW y controlar manualmente el balance de blancos, ISO, enfoque, obturación y exposición.
Durante el día, el sensor principal de 50 megapíxeles ofrece resultados correctos. La nitidez es buena, aunque no es una cámara que extraiga una gran cantidad de detalle. Curiosamente, a pesar de usar el perfil de color «Natural», el procesado de Motorola tiende a la saturación: los verdes de las hojas son muy intensos, los cielos muestran un azul vibrante y, en los retratos, los labios suelen adquirir un tono rojizo. Es una cámara «disfrutona», ideal para subir fotos directamente a redes sociales, pero no la más fiel a la realidad. El HDR cumple su función, aunque las zonas de sombra presentan más dificultades y el procesado no logra exponerlas a la perfección. Sin un teleobjetivo dedicado, se depende del zoom digital. Al seleccionar el 2x en la interfaz, el móvil realiza un recorte sobre el centro del sensor que permite acercarse a la escena durante el día, aunque ya se evidencia una ligera pérdida de detalle. ¿Cumple? Sí. Sin embargo, se desaconseja ir más allá del 3x, ya que a partir de ahí la imagen comienza a difuminarse y el procesado intenta compensar generando un efecto acuarela con trazos a veces exagerados.
Cuando la luz disminuye, la cámara principal se defiende bastante bien. Tiende a sobreexponer ligeramente las luces más intensas (como farolas o letreros), pero el resto de la escena mantiene un buen nivel de nitidez y un ruido muy contenido. Un aspecto positivo es que Motorola no comete el error de suavizar artificialmente las texturas, siempre que haya algo de luz artificial en la toma; sin embargo, en condiciones de oscuridad más profunda, sus limitaciones se hacen más evidentes.
El salto al sensor ultra gran angular (equivalente a un 12 mm) es aceptable en cuanto a nitidez y la apertura de la lente no se queda muy atrás respecto a la principal. No obstante, muestra una de las debilidades de Motorola: la falta de consistencia. Al comparar una foto tomada con la cámara principal y otra con el ultra gran angular, la colorimetría, la exposición y el tratamiento del contraste difieren considerablemente. Como se ha mencionado, a nivel de detalle rinde bien durante el día, pero la amplitud de su lente (equivalente a un 11,5 mm) provoca una deformación evidente en las esquinas de las fotos. Por la noche, esa brecha con el sensor principal se acentúa y sufre más. A pesar de ello, resuelve decentemente cada apartado, incluyendo un buen tratamiento del detalle, sin un enfoque excesivo en el afilado. Gracias a su autoenfoque, esta cámara también funciona como macro, permitiendo acercarse hasta unos tres centímetros del objeto. El enfoque es rápido y capturar texturas en alta resolución aporta mucha información a la imagen, pero, sinceramente, es una función correcta que no se consideraría un punto relevante para la compra.
Si hay un aspecto donde este móvil destaca por su formato, es al usarlo plegado. Tener el móvil cerrado y utilizar su panel externo de cuatro pulgadas como visor para tomar selfies con las cámaras traseras es una gran ventaja. No solo porque se puede apoyar en cualquier superficie o el agarre es muy ergonómico, sino porque aprovecha la calidad de estas cámaras y, de paso, gana en luminosidad (f/1.7 y f/2.0). Esto convierte a la cámara interior de 32 MP (apertura f/2.4) en un elemento prácticamente secundario, relegado a videollamadas puntuales con el Razr 70 Plus desplegado. En cuanto al vídeo, este Motorola graba a un buen nivel, aunque no rivaliza con las mejores cámaras del mercado. La estabilización funciona correctamente, la colorimetría se mantiene viva y el enfoque no presenta saltos al moverse por la escena. Lo curioso e ingenioso es la experiencia de plegarlo 90 grados para activar un modo de cámara de vídeo clásica. Más allá de la nostalgia que evoca la idea, sujetarlo de esta forma resulta muy cómodo y ayuda a mantener la estabilidad. Es posible que sea difícil volver a grabar vídeo sujetando un móvil de forma horizontal con ambas manos.
El Motorola Razr 70 Plus representa el punto medio de la gama de modelos, lo que plantea la pregunta: ¿es el más equilibrado y, por lo tanto, el más recomendable? La respuesta es compleja. Por un lado, la marca ha acertado al «democratizar» esa gran pantalla exterior y al cuidar su acabado de cuero vegano, que le otorga una gran personalidad; se agradece la distancia del metal y el cristal. Es un teléfono atractivo, muy cómodo en el bolsillo y ofrece una experiencia divertida y ergonómica, potenciada por un software limpio y la versatilidad de su formato tipo concha para tomar fotos o grabar vídeos.
El problema surge al dejar de lado la estética y analizar fríamente lo que ofrece versus su costo. Implica un desembolso considerable y presenta puntos cuestionables: incorpora un chip con dos años de antigüedad, su autonomía se agota rápidamente con un uso exigente y la ausencia de un teleobjetivo óptico es una desventaja. El formato aún sirve de excusa para estos plegables, pero sí, hay que hacer varias concesiones para disfrutarlo. Todo se reduce a una cuestión de prioridades. Si se busca un móvil diferente, compacto y se valora la comodidad de una excelente pantalla externa, este modelo cumplirá las expectativas. Sin embargo, si en la rutina pesan más una autonomía que no limite, la longevidad del sistema a largo plazo y la máxima exigencia en fotografía o vídeo, un gama alta convencional sigue siendo una apuesta menos arriesgada.