Los eclipses solares han transitado de ser temidos o venerados a convertirse en herramientas científicas y, actualmente, en espectáculos naturales que la sociedad disfruta. Aunque la ciencia dispone de nuevas tecnologías para estudiar la corona solar, los eclipses mantienen su valor para ciertas investigaciones y, especialmente, para inspirar vocaciones y ofrecer una experiencia única, como explica el astrónomo David Galadí.
Los eclipses solares han experimentado diversas transformaciones a lo largo de la historia. Inicialmente, fueron considerados objetos de culto o generadores de pánico, dependiendo de la civilización. Posteriormente, al comprenderse mejor su origen, se convirtieron en una herramienta específica, pero sumamente valiosa para los astrónomos, siendo la única vía para estudiar la corona solar. Hoy en día, la mayoría de las personas no temen los eclipses y los científicos disponen de instrumentos alternativos para el estudio coronal. Sin embargo, su carácter especial persiste, entrando en una nueva fase donde la sociedad los disfruta y los científicos observan cómo inspiran el amor por el cosmos en otros, algo que un día los llevó a elegir su profesión.
Sobre este tema y otros, David Galadí, astrónomo, profesor de la Universidad de Córdoba y miembro de la Comisión Científica y de Asesoramiento del Trío de Eclipses, ha compartido su perspectiva.
Durante mucho tiempo, los eclipses solares han sido fundamentales para investigar características del Sol o la Luna que normalmente no son medibles o visibles. Incluso un eclipse solar fue utilizado para corroborar la Teoría de la Relatividad de Einstein. No obstante, los estudios más destacados posiblemente sean los relacionados con la corona solar, la capa más externa de la atmósfera del Sol.
Esta capa está compuesta principalmente por plasma, un gas ionizado cuyos átomos han ganado o perdido electrones, adquiriendo una carga eléctrica. Este gas en movimiento constituye los vientos solares. Además, en la corona se forman las eyecciones de masa coronal, origen de las tormentas geomagnéticas. Por estas razones, el estudio de la corona solar es crucial para los científicos. Sin embargo, existe una dificultad: el centro del Sol es tan brillante y la corona tan tenue que usualmente no puede observarse con instrumentos convencionales. La única excepción es un eclipse solar total.
Cuando la Luna cubre completamente el Sol, su resplandor deja de ocultar la corona solar, que se hace visible de repente en el cielo. Durante décadas, los científicos contaban con solo unos pocos minutos en cada eclipse para estudiarla. Afortunadamente, hoy en día esto ya no es indispensable gracias a los coronógrafos, instrumentos capaces de "eclipsar" artificialmente tanto el Sol como otras estrellas, revelando lo que normalmente permanece oculto. A pesar de ello, aún existen algunas propiedades que solo pueden investigarse durante un eclipse.
Galadí explica: “Los coronógrafos no solo ocultan el disco solar, sino que también deben cubrir, por necesidades de diseño ineludibles, la cromosfera y la parte más baja de la corona solar. Sin embargo, estas regiones sí son bien observables durante un eclipse solar total.” Añade que “el coronógrafo elimina la luz de la fotosfera solar, pero no disminuye el brillo general del cielo, por lo que las partes más externas y tenues de la corona también se pierden con estos instrumentos.”
En consecuencia, hoy conocemos mucho mejor el Sol y la Luna. La teoría de la relatividad general se somete a prueba constantemente con nuevos descubrimientos astronómicos. Y sí, es posible estudiar la corona solar sin la necesidad de un eclipse. No obstante, estos instrumentos impiden verla con la misma nitidez que cuando la Luna eclipsa completamente al Sol. “Aquí tenemos los dos únicos aspectos de heliofísica para los que los eclipses siguen siendo útiles: el estudio de la conexión entre la fotosfera solar y la corona media a través de la cromosfera y la baja corona, y para analizar las regiones coronales más externas.”
Sin embargo, en el futuro, los eclipses solares no serán necesarios ni siquiera para esto, ya que hay dos misiones en curso para resolver el problema. El astrónomo de la Universidad de Córdoba comenta: “La observación de la corona externa desde el espacio, con coronógrafos en satélites artificiales, como el Observatorio Solar y Heliosférico (SOHO) de la Agencia Espacial Europea en colaboración con la NASA, elimina todas las desventajas causadas por la atmósfera terrestre y su brillo.” Además, “contamos con grandes innovaciones tecnológicas como las de la misión Proba-3 (también de la ESA), que ya están permitiendo estudiar la cromosfera y la baja corona desde el espacio, precisamente creando eclipses artificiales.”
¿Significa esto que los científicos dejarán de tener algo que estudiar durante un eclipse solar? Quizás para los astrónomos sí llegue el momento en que puedan simplemente contemplar el cielo y disfrutar. Para otros científicos, como los especializados en comportamiento animal, aunque ya se habían publicado algunos estudios, la verdadera oportunidad comienza ahora. Galadí relata: “En etología animal es interesante estudiar el comportamiento cuando se produce una noche abrupta, desacoplada de otros ritmos circadianos. Los comportamientos de las especies al «apagar» el Sol de golpe solo pueden deberse al cambio de luz ambiental y de temperatura, pero no a otros factores externos o internos.”
El eclipse solar ahora es para la sociedad. Este 12 de agosto de 2026, miles o incluso millones de personas viajarán o buscarán los mejores lugares cerca de sus hogares para observar el eclipse solar. Estos fenómenos astronómicos se han convertido en hitos que trascienden la ciencia. Es el momento para que la sociedad los disfrute.
David Galadí lo tiene claro: “Los eclipses totales de Sol ya no son ciencia, o casi han dejado de serlo, pero siguen constituyendo grandísimos espectáculos naturales con un potencial enorme para sorprender a las personas.” Esto puede manifestarse en múltiples niveles. “Tienen poder como fuente de inspiración artística, recurso turístico, fuente inagotable de aplicaciones didácticas o divulgativas, y capacidad de despertar vocaciones.” De hecho, él mismo se identifica con esto último. “Los grandes sucesos astronómicos marcan a la gente; yo mismo soy un producto de la fiebre astronómica del cometa Halley en los años ochenta.”
En España, se presenta una gran oportunidad, ya que no es un solo eclipse. El próximo año habrá otro eclipse solar total y en 2028 un eclipse anular, brindando nuevas ocasiones para disfrutarlos en diferentes regiones del país. “Aunque el Trío Ibérico de Eclipses no es de escala planetaria, sino más local, tengo la ilusión de que sirva para atraer hacia la ciencia en general y la astronomía en particular a mucha gente joven que quizá termine por ser conocida como la «generación del trío de eclipses».”
¿Podría generar decepción? Es cierto que algunas personas consideran que la expectación generada podría llevar a una decepción. Sin embargo, esta no es la opinión de quienes ya han presenciado un eclipse y viajan por el mundo para verlos repetidamente.
Para Galadí, la clave reside en saber gestionar la frustración y, fundamentalmente, entender lo que se va a observar. “Hay varios factores que pueden decepcionar a personas que no hayan tenido antes un interés especial por la astronomía,” señala. “Ante todo, la brevedad del suceso: dentro de la banda de totalidad, el eclipse de 2026 no durará ni dos minutos, y el de 2027 solo alcanzará cuatro en el mismo estrecho de Gibraltar.” Las fases parciales se prolongan durante una hora antes y después, pero son mucho menos impactantes que la totalidad. “Desde zonas donde el eclipse no sea total, la población debe saber que el espectáculo será curioso, pero menos espectacular que la breve totalidad,” añade el experto. “Y, por supuesto, hay que advertir de que podría hacer mal tiempo, ¡hay que concienciarse para resistir la frustración si llega a pasar eso!”
De hecho, el eclipse solar de este año es bastante sensible en ese sentido. “En el eclipse de este año, al ocurrir con el Sol tan bajo, es más probable que las brumas del horizonte impidan verlo.” Esto no implica que debamos ir sin ilusión en busca del eclipse solar, pero sí que debemos comprender que es un fenómeno natural, no una película proyectada en el cine. Esto puede convertirlo en una fuente de frustración, pero también lo hace aún más especial.
Entonces, ¿qué debemos hacer para observar el eclipse solar? Ya hemos visto que debemos hacerlo considerando que, quizás, no todo sea como nos hubiera gustado. Aun así, lo más probable es que sea un espectáculo único, que vale la pena ver con nuestros propios ojos (siempre con gafas homologadas durante la parcialidad) y no a través del visor de una cámara. “La totalidad solo dura un minuto y pico este año, menos de cuatro el que viene,” recuerda Galadí. “Es tan espectacular que habrá personas que quieran grabarlo con el móvil, pero sería un error, porque grabar o fotografiar un eclipse es muy difícil, cualquier cosa que hagamos con un móvil quedará muy mal y nos perderemos el espectáculo.” Es una ocasión especial y única, y lo mejor es vivirla en directo. “Dejemos las fotos y vídeos para especialistas, que sin duda obtendrán registros impresionantes de estos fenómenos.” Después, todos podremos disfrutarlos.
Y la última pregunta: ¿vale la pena desplazarse? No todos tenemos la fortuna de vivir dentro de la franja de totalidad del eclipse solar. Por ello, muchos nos hemos planteado la gran pregunta: ¿vale la pena organizar un viaje para ver el eclipse total, en lugar de la parcialidad que se verá en el resto de España? Para Galadí, la respuesta es un rotundo sí.
“Por supuesto, hay que planificarlo bien y nunca hay que intentar desplazarse el mismo día del eclipse, porque los atascos serán monumentales,” advierte. “Pero la experiencia de un eclipse parcial, aunque sea muy profundo, y la de uno total, son completamente distintas, son productos diferentes.”
El experto lo explica con un ejemplo que, como almeriense, le resulta muy útil. “Para el eclipse de 2027, Almería capital queda fuera de la banda de totalidad por muy poco, así que tiene sentido intentar verlo desde algún lugar cercano pero dentro de la banda de totalidad, como podrían ser el cabo de Gata o el Campo de Dalías.” Sin embargo, “para residentes en Málaga capital, donde el eclipse de 2027 será total, yo no recomendaría intentar moverse.” Es cierto que pueden ganar minutos de totalidad viajando hacia el sur, pero “los problemas de tráfico y aglomeraciones pueden ser tan grandes que conviene más quedarse en la ciudad y disfrutar del tiempo de totalidad que nos toque allí.”
En definitiva, la percepción de los eclipses ha cambiado mucho a lo largo de la historia, pero siguen siendo tan mágicos y especiales como la primera vez que un ser humano vio el Sol ocultándose en pleno día. Vale la pena disfrutarlos, pero siempre con protección, gestión de la frustración y, en definitiva, conocimiento. Que se note lo que hemos evolucionado en todos estos años.