Los vehículos nuevos vendidos en Europa son cada vez más grandes, un fenómeno conocido como 'carspreading'. Un informe reciente de Transport & Environment (T&E) y Clean Cities advierte sobre las graves consecuencias de esta tendencia en la seguridad vial, especialmente para peatones y ciclistas, y en la disponibilidad de plazas de aparcamiento en las ciudades europeas. La investigación proyecta un futuro preocupante si no se implementan políticas para contener este crecimiento.
Los coches nuevos que se comercializan en Europa exhiben un incremento constante en sus dimensiones, siendo cada año más largos, altos y anchos. Este fenómeno, denominado 'carspreading', plantea serias implicaciones tanto para la seguridad vial como para el espacio de aparcamiento disponible en las urbes, según un reciente informe elaborado por las organizaciones ecologistas Transport & Environment (T&E) y Clean Cities.
El estudio, presentado por T&E y Clean Cities, examinó la evolución del tamaño de los vehículos nuevos vendidos en Europa desde el año 2000 hasta la actualidad. Además, proyectó dos escenarios posibles hasta 2040: uno que mantiene el ritmo de crecimiento actual y otro de 'redimensionamiento adecuado', donde políticas específicas revierten el tamaño medio de los vehículos a los niveles de 2015. Los autores del informe subrayan que la diferencia entre ambos escenarios es preocupante.
Los datos revelan que la longitud promedio de un coche nuevo aumenta 1,2 centímetros anualmente, mientras que su altura y anchura crecen 0,5 centímetros cada una por año. La altura del capó, un factor crítico que incide directamente en la seguridad de peatones y ciclistas en caso de colisión, también experimenta un ascenso similar. Si la tendencia persiste, el informe estima que la altura media de los capós en el parque automovilístico europeo alcanzará los 86,2 centímetros en 2040. Esto ocurre a pesar de que, como destaca el mismo estudio, las familias son cada vez más reducidas y los vehículos transportan, en promedio, a menos personas.
El tamaño de los vehículos tiene un efecto directo en la probabilidad de sobrevivir a un atropello. Un capó más alto incrementa el riesgo de que el impacto se produzca en el torso o la cabeza de la víctima, en lugar de en las piernas. Según las cifras del estudio, un aumento de 10 centímetros en la altura del capó eleva un 27% el riesgo de muerte para peatones, ciclistas y motoristas, y hasta un 81% en el caso de los niños. De mantenerse la tendencia actual, el informe proyecta que para 2040 podrían fallecer en las carreteras europeas un 40% más de niños peatones en comparación con un escenario en el que el tamaño de los coches se contuviera.
Comparando ambos escenarios, T&E y Clean Cities calculan que la diferencia en el número de muertes de usuarios vulnerables de la vía (peatones, ciclistas, motociclistas y usuarios de ciclomotor) podría alcanzar las 400 muertes adicionales al año en 2040 en la Unión Europea y el Reino Unido. Si se suman los años intermedios, entre 2026 y 2040, esta diferencia acumulada ascendería a 2.500 adultos y 79 niños fallecidos más, según el informe.
Otro impacto significativo del 'carspreading' es la reducción de plazas de aparcamiento en la calle. El estudio pronostica que las ciudades europeas podrían perder entre el 8,5% y el 14% de su capacidad de aparcamiento en superficie para 2040 si el crecimiento del tamaño de los coches continúa sin control. Londres y Berlín podrían perder alrededor de 100.000 plazas cada una, mientras que Roma se acercaría a las 95.000. En Madrid, la pérdida podría ascender a 41.000 plazas, según los cálculos del informe.
Isabell Büschel, directora de T&E en España, explica que "muchos fabricantes de automóviles han priorizado los vehículos más grandes y rentables sobre los modelos más pequeños", lo que ha llevado a que "nuestras carreteras estén cada vez más dominadas por enormes todoterrenos que representan un peligro físico para el resto de usuarios". Desde el Reino Unido, Anna Krajinska, directora de T&E en ese país, describe la situación como un "fallo de mercado". Añade que "el resultado es un doble perjuicio: los ayuntamientos se ven obligados a rediseñar las calles en torno a vehículos más grandes, sacrificando capacidad de aparcamiento, espacio público y seguridad."
Sin embargo, no todos comparten la misma perspectiva. Edmund King, presidente de la asociación británica de automovilistas AA, comentó a la BBC que, dependiendo del diseño, algunos coches grandes pueden ser más seguros tanto para los ocupantes como para los peatones, por lo que considera "demasiado simplista asumir que los coches más grandes son siempre más peligrosos". Por su parte, Mike Hawes, responsable de la patronal británica de fabricantes SMMT, argumentó que son los propios consumidores quienes, con sus preferencias de compra, influyen en el diseño de los vehículos.
T&E y Clean Cities instan a los reguladores europeos a implementar diversas medidas para contener esta tendencia: establecer un límite de 85 centímetros de altura de capó y 192 centímetros de anchura para los coches nuevos, aplicable a las homologaciones a partir de 2033 y a todas las ventas desde 2036. También proponen reformas fiscales que penalicen la adquisición de vehículos de gran tamaño, una actualización de los protocolos de Euro NCAP para evaluar la visibilidad de los niños pequeños desde el asiento del conductor, y cambios en las tarifas municipales de aparcamiento en función del tamaño y peso del vehículo.
En este sentido, Carmen Duce, coordinadora de la campaña Clean Cities en España, destaca experiencias como la de París, que "ya está considerando tarifas diferenciadas para el aparcamiento", como el tipo de medidas que, a su juicio, "hay que tomar urgentemente para garantizar una redistribución más justa del espacio público".
El informe coincide con el momento en que la Unión Europea mantiene su estrategia de 'Visión Cero', que busca eliminar las muertes en carretera para 2050. La discrepancia entre este objetivo y la actual tendencia de crecimiento del tamaño de los vehículos es, según T&E y Clean Cities, cada vez más pronunciada. Lucien Mathieu, analista de T&E, plantea una pregunta clave que reguladores y fabricantes deberán abordar en los próximos años: "¿Dónde paramos?".