Japón y Vietnam exploran la cooperación en tecnología de defensa, enfocándose en embarcaciones rápidas de desembarco

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Japón, históricamente cauteloso en asuntos militares, está impulsando una nueva forma de cooperación en defensa con Vietnam. Ambos países han acordado iniciar conversaciones para desarrollar y producir conjuntamente embarcaciones rápidas de desembarco, un movimiento estratégico que subraya la creciente importancia de la movilidad naval en el Indo-Pacífico y la evolución de la política de defensa japonesa. Esta iniciativa se enmarca en un contexto de tensiones marítimas en el Mar de China Oriental y Meridional.

Japón ha mantenido durante décadas una postura militar extremadamente prudente, no por falta de capacidad tecnológica o industrial, sino debido al peso de su historia reciente y las restricciones políticas que han definido su defensa desde la posguerra. Por ello, cualquier acción de Tokio en este ámbito es significativa y revela la dirección que está tomando el país asiático.

El reciente anuncio del Ministerio de Defensa japonés surge tras una reunión entre el ministro de Defensa Shinjiro Koizumi y el general Phan Van Giang, viceprimer ministro y ministro de Defensa Nacional de Vietnam. Ambas partes acordaron iniciar diálogos para concretar nuevas formas de colaboración en equipamiento y tecnología de defensa. Un aspecto particularmente destacado es la potencial colaboración en el desarrollo y producción de embarcaciones rápidas de desembarco.

La elección de Vietnam como socio no es fortuita. Este país, cuya historia reciente estuvo marcada por la guerra con Estados Unidos, ha fortalecido su relación con Washington a una asociación estratégica integral desde la normalización diplomática de 1995, pero simultáneamente evita alinearse con bloques militares. Esta combinación es precisamente lo que hace atractivo su papel para Japón: Hanói busca reforzar sus capacidades, diversificar sus socios y salvaguardar sus intereses marítimos sin caer en una alianza formal. En este delicado equilibrio, Tokio se presenta como un socio valioso, tecnológicamente avanzado y políticamente menos conflictivo que otros actores.

Esta postura se traduce de manera concreta en la doctrina de defensa vietnamita, conocida como los “cuatro noes”. Hanói declara que no participa en alianzas militares, no se alinea con un país contra otro, no permite bases militares extranjeras ni que otros países utilicen su territorio contra terceros, y no recurre al uso o la amenaza de la fuerza en sus relaciones internacionales. Es una estructura diseñada para cooperar sin ser absorbido por ninguna potencia.

Aunque el comunicado japonés no menciona explícitamente a China, sitúa la conversación en dos áreas geográficas muy específicas: el Mar de China Oriental y el Mar de China Meridional. Para Tokio, el primero es una de sus principales preocupaciones de seguridad; para Hanói, el segundo es el epicentro de algunas de sus mayores tensiones marítimas. Por esta razón, ambos ministros enfatizaron la libertad de navegación y sobrevuelo, así como el respeto al derecho internacional y a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

La expresión “embarcaciones rápidas de desembarco” podría parecer secundaria en comparación con submarinos, cazas o grandes buques de guerra, pero su función es muy específica: transportar tropas, vehículos, equipos o suministros a costas, islas o zonas de difícil acceso. En un entorno marítimo fragmentado, caracterizado por archipiélagos, arrecifes y territorios donde la distancia se mide a menudo por la capacidad de llegar primero, esta movilidad posee un valor estratégico. No se trata de un arma espectacular, sino de una herramienta práctica esencial para operar en geografías complejas.

La posible cooperación con Vietnam se integra en una transformación más amplia: Japón busca que su base industrial de defensa tenga un mayor peso tanto a nivel nacional como internacional. Esto se ha reflejado en la reforma de sus reglas de transferencia de equipamiento militar, revisadas nuevamente en abril de 2026 para fomentar una mayor cooperación defensiva con aliados y países afines, así como en proyectos de investigación avanzados, como el cañón de riel electromagnético. El punto clave es que Tokio está dejando de considerar su industria militar como un asunto meramente doméstico.

Lo notable es que ninguno de los dos países necesita presentar este acuerdo como una ruptura para que tenga relevancia. Japón no abandona de forma abrupta su cautela histórica, y Vietnam no se compromete con una alianza militar formal. Lo que se observa es una fórmula mucho más discreta: cooperación industrial, tecnología defensiva y capacidades navales en una región donde cada movimiento, por pequeño que sea, se interpreta estratégicamente. Por ello, unas embarcaciones de desembarco, que sobre el papel pueden parecer insignificantes, revelan mucho sobre la dirección que está tomando el Indo-Pacífico.